Engranajes de Identidad: Una escultura como símbolo y memoria en la Escuela de Ingeniería Mecánica de la UC
Engranajes de Identidad: Una escultura como símbolo y memoria en la Escuela de Ingeniería Mecánica de la UC
A la memoria del Ing. Humberto Galleguillos U.,Ingeniero Mecánico UC.
Al entrar a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, ubicada al final de la Avenida Universidad, en el Norte del municipio Naguanagua en el estado Carabobo de Venezuela, el primer edificio que se advierte hacia la izquierda antes de la garita de vigilancia, y dentro de las múltiples edificaciones construidas en la facultad durante décadas, es el de la Escuela de Ingeniería Mecánica, noble entidad académica que forma estudiantes para convertirse en ingenieros mecánicos desde 1967.
La entrada a la Escuela de Ingeniería Mecánica presenta un diseño sencillo, funcional y característico de la arquitectura institucional de mediados del siglo XX en Venezuela, con influencias del estilo moderno tropical adaptado a bajo presupuesto.
Se trata de un pórtico techado que actúa como acceso principal, protegido por un tejado a dos aguas de pendiente moderada, cubierto con láminas de zinc de color verde brillante. La estructura se sostiene mediante columnas metálicas de color azul, que le confieren ligereza al conjunto.
El volumen principal del edificio muestra una fachada de doble altura en su zona central, pintada en dos franjas horizontales clásicas: Blanco en la parte superior y azul intenso en la inferior, creando un contraste limpio y corporativo. Sobre el acceso se ubica un entablamento con un pequeño frontón triangular que remata el techo, donde destaca el letrero trapezoidal de hierro negro con letras plateadas que reza “ESCUELA DE INGENIERÍA MECÁNICA”, cuya forma hace alusión al plano inclinado, esa máquina tan importante, empleada en el tema de dinámica en Física I, que obliga a usar las neuronas en los estudiantes para resolver ejercicios que impliquen la no linealidad de la fricción coulombiana, con su solución de suposición y verificación, en el mejor sentido del tanteo sistemático.
En conjunto, la entrada transmite sobriedad, claridad funcional y un marcado carácter universitario popular, con un lenguaje arquitectónico directo, sin ornamentaciones superfluas, pero con una paleta de colores que identifica claramente la institución.
En el lado izquierdo de la fachada, Se observa una escultura singular, totalmente metálica, que adorna la entrada de la escuela desde hace décadas. Su nombre no es público, al carecer de una placa de identificación cercana y robusta, que aguante los lustros, dejando huérfano al espectador de la importante información museológica que incluye el autor, el título de la obra y el año de construcción, sin la cual se vuelve cuesta arriba inferir el target estético del escultor, descifrar el contexto temporal, y más aún interpretar el significado que tal obra pretende obsequiar al estudiante, profesor o visitante. El objetivo de este artículo es precisamente analizar a esa críptica y moderna escultura.
La escultura a la entrada de la Escuela de Ingeniería Mecánica UC
La escultura ubicada en la entrada de la Escuela de Ingeniería Mecánica se presenta como un ensamblaje impactante de componentes industriales reconfigurados en una forma no figurativa, que evoca el espíritu cinético y mecanicista del arte moderno de mediados del siglo XX, al tiempo que actúa como emblema site-specific de la vocación académica y técnica.
Construida a partir de elementos mecánicos reutilizados —engranajes de gran diámetro, cadenas de transmisión, pistones, cojinetes y segmentos de ejes—, la obra se eleva aproximadamente dos metros sobre el suelo, con un eje vertical que parte de una base con pistón y asciende en una disposición sinuosa de piezas interconectadas. Los materiales predominantes son metales ferrosos, probablemente rescatados de maquinaria industrial, unidos mediante soldadura y recubiertos con pinturas de colores intensos: Amarillos vibrantes en los engranajes principales, azules en las secciones helicoidales y blancas en las cadenas, y un pistón que aunque parece gris tiene trazas de una pintura roja que se esfumó hace ya tiempo, debido a las inclemencias del tiempo, y permitiendo inferir que el uso de los colores primarios haría alusión a la bandera de Venezuela. Estos colores generan un contraste cromático que resalta la precisión geométrica de las formas frente a la irregularidad orgánica de su ensamblaje.
Esta paleta no solo remite a los códigos de color industrial habituales en contextos de seguridad e identificación, sino que inyecta una vitalidad lúdica al conjunto, recordando las esculturas cinéticas de Jean Tinguely, particularmente su serie Metamechanics de las décadas de 1950 y 1960, donde el artista empleaba piezas mecánicas desechadas para simbolizar lo en ocasiones absurdo y la fugacidad del progreso tecnológico, criticando la sociedad mecanizada mediante artefactos caprichosos y no funcionales.
Desde el punto de vista estructural, la pieza prescinde deliberadamente de cualquier utilidad práctica en favor de una composición abstracta: Engranajes sprocket amarillos (ruedas dentadas diseñadas para engranar con cadenas) sobresalen en ángulos oblicuos, unidos por cadenas que se ondulan y cuelgan en gestos que sugieren movimiento detenido, mientras que engranajes helicoidales azules y un anillo de cojinete de bolas prominente aportan capas de implicación rotacional sin operación real.
Las formas son robustas y de escala industrial, con dientes afilados que evocan tanto la exactitud del diseño ingenieril como el potencial disruptivo, similar a las esculturas de metal comprimido de César Baldaccini (conocido como César), quien en los años 60 utilizaba partes de automóviles aplastadas para explorar temas de consumo y transformación, convirtiendo simbólicamente los residuos de la modernidad en abstracciones poéticas que invitan a repensar el ciclo vital de los objetos. El pistón en la base, con su superficie acanalada que deja entrever óxido bajo la pintura, ancla la obra de manera literal y metafórica, simbolizando el rol fundacional de la combustión interna en la ingeniería mecánica, aunque su posición estática lo convierte en pedestal contemplativo en lugar de elemento operativo.
Interpretativamente, el diseño no figurativo de la escultura abre múltiples lecturas, siendo la principal una celebración de la ingeniosidad mecánica como práctica artística, donde los guiños a la ingeniería —las cadenas de transmisión que aluden a la transferencia de potencia, los engranajes que implican torque y rotación, el cojinete que sugiere reducción de fricción— trascienden su origen utilitario para evocar una narrativa más amplia sobre la innovación humana.
Situada en el umbral de la Escuela de ingeniería Mecánica, funciona como marcador liminal que acoge a los estudiantes en un espacio donde la precisión técnica se cruza con la abstracción creativa, subrayando quizá que la ingeniería no es solo funcional sino también estética y filosófica. Su integración en un jardín, rodeada de hojas caídas, frondas de palmeras y vegetación tropical, introduce una dialéctica sugerente entre lo mecánico y lo natural: Los metales rígidos y pintados contrastan con la suavidad efímera del follaje, sugiriendo temas de armonía o tensión entre tecnología y ecología. Este contrapunto recuerda los móviles de Alexander Calder, cuyas esculturas equilibradas y activadas por el viento desde los años 30 simbolizaban el delicado equilibrio de fuerzas naturales con formas construidas, aspirando a encarnar un orden cósmico a través de la mecánica abstracta.
Para la formación de los estudiantes de ingeniería mecánica en la UC, la escultura posee un significado educativo profundo: Actúa como recordatorio cotidiano de que su disciplina implica no solo cálculos y diseños, sino también la reimaginación creativa de elementos, fomentando una mentalidad de innovación y sostenibilidad a través del reciclaje evidente de desechos industriales.
En este sentido, puede simbolizar el movimiento perpetuo de la transmisión del conocimiento, con las cadenas y engranajes representando ideas interconectadas que impulsan el progreso intelectual, mientras que su presencia duradera —al menos cuatro décadas o tal vez más— le confiere un aura de legado institucional, vinculando generaciones de alumnos en una herencia compartida de excelencia ingenieril venezolana.
Las dimensiones de apreciación se extienden a la pertenencia cultural, ya que la obra encarna el rol de la universidad en el desarrollo nacional, reflejando el énfasis histórico de la UC en el avance industrial dentro de un paisaje tropical, lo que genera orgullo e identidad entre los estudiantes que ven en ella una fusión de ingenio local con tradiciones modernistas globales. De modo análogo a artistas como John Chamberlain, quien con sus abstracciones de metal retorcido desde los años 50 transmitía energía y violencia, transformando simbólicamente la destrucción en creación, esta escultura podría incentivar a los futuros ingenieros a percibir los desafíos técnicos como oportunidades de reinvención artística, enriqueciendo así su comprensión de las contribuciones multifacéticas de la ingeniería a la sociedad.
Protección de la escultura
La escultura en cuestión, ubicada al aire libre en un entorno tropical como el campus "provisional" de la UC en Bárbula, enfrenta diversas amenazas derivadas de su exposición ambiental y materialidad, que incluyen la corrosión acelerada por la alta humedad relativa —común en regiones tropicales, donde puede superar el 80%—, la oxidación de sus componentes metálicos ferrosos debido a la lluvia frecuente y la contaminación atmosférica por el cercano smog obsequiado por las geriátricas y atiborradas unidades automotoras que transitan por la Avenida Universidad cercana, y donde la noción de convertidor catalítico o el empleo de carbón activado para el escape de una combustión muy incompleta, son artículos de ciencia ficción en el ámbito local. También puede añadirse el deterioro de las pinturas aplicadas por la radiación ultravioleta del generoso Sol intenso, que no hará más que aumentar cada año, en su natural evolución estelar.
Además, la proximidad a vegetación exuberante propicia el crecimiento de musgo, y hongos, que pueden adherirse a las superficies y promover la retención de humedad, exacerbando la degradación biológica, mientras que su posición en una zona de alto tránsito estudiantil incrementa el riesgo de vandalismo accidental o intencional, como rayones o impactos. Otros factores incluyen la acumulación de polvo, hojas caídas y contaminantes urbanos, que podrían acidificar las superficies y erosionar los recubrimientos protectores existentes.
Para mitigar estas amenazas y asegurar la longevidad de la obra, se recomienda implementar un plan de conservación preventiva integral, comenzando con inspecciones regulares por parte de personal calificado, como conservadores de arte o ingenieros especializados, para detectar tempranamente signos de corrosión, fisuras o decoloración en los engranajes, cadenas y pistones.
En este sentido, la escultura sería un laboratorio de patologías en metales, útil para su estudio según varias asignaturas dictadas en la escuela. La limpieza podría realizarse con métodos no abrasivos, utilizando cepillos suaves de cerdas naturales, agua desionizada y detergentes neutros no iónicos para remover suciedad, residuos orgánicos y contaminantes sin dañar las pinturas. En entornos tropicales, es crucial evitar el uso de agua corriente que pueda contener sales o cloro, optando por soluciones que incluyan inhibidores de corrosión.
Posteriormente, podría evaluarse el aplicar recubrimientos protectores adaptados al metal, como cera microcristalina (por ejemplo, Renaissance Wax) para sellar las superficies y repeler la humedad, o pinturas epóxicas antioxidantes en áreas expuestas al óxido, renovando estos tratamientos anualmente o tras eventos climáticos intensos como lluvias torrenciales.
Para contrarrestar el daño biológico, habría que considerar la utilización de biocidas autorizados y de bajo impacto ambiental en las zonas con vegetación cercana, combinado con poda estratégica de plantas adyacentes para mejorar la circulación de aire y reducir la sombra húmeda que favorece el crecimiento de microorganismos.
Adicionalmente, cabe plantearse el considerar la instalación de un refugio temporal o techado parcial durante la temporada de lluvias para minimizar la exposición directa al agua, junto con sistemas de drenaje en la base del pedestal para evitar encharcamientos que aceleren la corrosión del pistón inferior.
En otro orden, es más que pertinente tratar de fomentar la sensibilización comunitaria entre estudiantes, profesores, empleados obreros y visitantes, mediante señalización educativa sobre la importancia de no tocar la obra, y documentar todo el proceso en un registro institucional para evaluar la efectividad de las medidas a largo plazo, ajustándolas según el clima variable de la región.
Conclusión
La escultura metálica que preside la entrada de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Carabobo trasciende su condición material para erigirse en un símbolo multifacético que conjuga la tradición técnica con la expresión artística y la identidad institucional. Su presencia no solo enriquece el paisaje arquitectónico del campus, sino que también invita a estudiantes, docentes y visitantes a reflexionar sobre el diálogo entre innovación, sostenibilidad y memoria colectiva. Así, esta obra se consolida como un legado perdurable que fortalece el vínculo entre la ingeniería y la cultura, reafirmando el compromiso de la UC con la formación integral y el desarrollo nacional.
Fabián Robledo Upegui.
Febrero, 2026.

















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