Regreso del Teatro de Bárbula: Una observación sobre la falla de un anclaje improvisado en la avenida que une el Arco con el ex-Psiquiátrico

Fotografía: Fabián Robledo.

Regreso del Teatro de Bárbula: Una observación sobre la falla de un anclaje improvisado en la avenida que une el Arco con el ex-Psiquiátrico

En la bella y fresca parte final de la tarde del 27 de febrero de 2026, regresando del Teatro de Bárbula, Naguanagua, conocido más formalmente como Teatro Alfredo Celis Pérez, y tras disfrutar del muy bien ejecutado Encuentro de Coros ANDIEP 2026, organizado por una asociación de colegios privados del estado Carabobo, tomé de regreso a pie por la ventosa acera de la avenida que une el Arco de Bárbula con el Hospital Carabobo, a través de la derivación que da acceso al antiguo Psiquiátrico de Bárbula (que en los años 80 posiblemente era el Arkham Asylum criollo). El Sol furioso todavía estaba alto, la brisa era agradable y venía con la emoción de haber escuchado a tantos niños y jóvenes cantando con entusiasmo, afinación y técnica, que por momentos llevaba a pensar sobre un futuro promisorio para la nación.

De pronto, cuando bajaba por la avenida principal, algo anormal en la acera me llamó poderosamente la atención. Me detuve, y me acerqué. Lo que vi me dejó pensando el resto del trayecto… y todavía hoy sigo reflexionando.

El poste eléctrico, el cable de acero, el anclaje y el puente del problema señalado del impacto. Fotografía: Fabián Robledo.

Se trataba de un poste liviano de alumbrado público y canalización aérea eléctrica, que presentaba una ligera inclinación cerca de su base. Su soporte tipo “bandera”, conectado a la parte superior del poste, está asegurado con un cable de acero (o "viento" o "guaya") de alta resistencia que, en lugar de contar con un anclaje independiente y empotrado en el suelo (como creo que es la práctica recomendada), fue amarrado con nudo y de manera directa e improvisada a la viga superior de la baranda horizontal de un pequeño puente cercano pintado de amarillo, que permite a la calzada y la acera superar una quebrada bajo su luz. Es evidente que el poste recibió un impacto, presumiblemente de un vehículo, el cual lo abolló y dobló, pero estoicamente resistió la embestida sin colapsar, dejándolo en la condición que se advierte en las imágenes que acompañan a este artículo.

Detalle de la rotura horizontal del pedestal de la columna del puente, advirtiéndose la fijación del cable de acero anudado precariamente a la viga. El pedestal carece de vigas de refuerzo. Fotografía: Fabián Robledo.

El cable no se rompió. Eso habla bien de la calidad del acero. Sin embargo, el pedestal de concreto que sirve de columna a esa baranda sí terminó fragmentado en dos pedazos, con la fractura ocurrida casi en un plano horizontal. Lo más llamativo es que, al observar de cerca la rotura, no se aprecia ninguna cabilla de refuerzo interno en el concreto. Este parece haber trabajado completamente solo, sin la armadura de acero que normalmente le da ductilidad y resistencia a la tracción, del llamado concreto reforzado.

Representación artística de un hipotético impacto vehicular en el poste eléctrico señalado originando el problema observado. Diseño: Fabián Robledo.

No puedo dejar de notar que este tipo de configuración con el viento amarrado a la viga que se soporta en la columna genera solicitaciones importantes e inusuales en el material. Cuando un vehículo golpea accidentalmente el poste, la fuerza horizontal se transmite casi íntegramente al cable y, a través de él, se convierte en un momento de flexión sobre el pedestal. Un elemento de concreto sin refuerzo interior tiene muy poca capacidad para resistir ese tipo de esfuerzo; por eso se fractura de forma limpia y repentina (y seguramente violenta, con la expansión sonora y de material), tal como se observa en las fotografías.

Fotografía: Fabián Robledo.

Además, el amarre del cable (multifilar) se realizó enrollando y anudando el acero directamente sobre la viga amarilla, sin grilletes, sin placas de distribución ni protectores. Esto concentra los esfuerzos en puntos muy localizados y acelera el deterioro.

No pretendo señalar responsables concretos ni generar controversia. Simplemente comparto una observación desde mi perspectiva basada en el sentido común y principios de la física e ingeniería: en obras de este tipo, el anclaje de un soporte bandera debería hacerse posiblemente con un bloque de concreto independiente o con un sistema de anclaje calculado específicamente para soportar impactos eventuales. La baranda horizontal de concreto del puente, pensada para contención de personas y el probable impacto de un vehículo para evitar que este se vaya hacia la quebrada, no está diseñada para absorber esas cargas adicionales. Llama la atención la decisión de aceptar este método de fijación por parte del contratista y del ingeniero residente correspondientes, cuando se hubiera realizado el trabajo de construcción.

Lo positivo es que el cable resistió y el poste sigue en pie. Pero el pedestal roto y la ausencia de armadura visible indican que, en este caso, la ejecución presumiblemente no siguió las prácticas más recomendadas de ingeniería civil. También hay que señalar la afectación perjudicial desde el punto de vista luminotécnico, ya que las luminarias del poste de alumbrado público no están ahora a la altura ni en el ángulo adecuado para producir el suficiente nivel de iluminación en el plano de trabajo, previsto sobre la calzada y acera.

Esquema de la parte superior de la viga de la baranda del puente y el pedestal que experimentó la fractura, advirtiendo el peculiar lazo de fijación del cable de acero que sostiene el poste eléctrico. Dibujo: Fabián Robledo.

Desde mi punto de vista, una solución sencilla y efectiva, qué requeriría el visto bueno de un ingeniero civil, sería instalar un anclaje independiente (un bloque enterrado o un tornillo helicoidal o "coleto" de perfil transversal) para liberar a la baranda de esa tensión. Reconstruir el pedestal con concreto de buena resistencia y con la armadura mínima necesaria (cuatro cabillas longitudinales y estribos) le devolvería su capacidad y ductilidad. Además, colocar una pequeña barrera de protección vial a cierta distancia del poste ayudaría a evitar futuros contactos accidentales.

¿Cuánto tiempo pudiera transcurrir hasta que se corrija el problema señalado? Dibujo: Fabián Robledo.

Mientras el sistema continúa operando en estas condiciones, vale la pena mantener una vigilancia cercana. Un detalle como este, aunque no parezca dramático, nos recuerda que en ingeniería civil los pequeños cuidados marcan la diferencia entre una obra que dura décadas y una que requiere reparaciones tempranas.

Comparto estas fotografías para que otros colegas y amigos ingenieros las vean y opinen. ¿Hay otros postes en una condición similar de precario amarre, en la misma vía, o calzadas y aceras cercanas?

Al final del día, regresé a casa con la satisfacción del evento cultural de canto coral infantil y con una reflexión técnica que, estoy seguro, muchas personas comparten: la seguridad vial y peatonal se construye también en los detalles que no siempre se ven a primera vista.


Fabián Robledo Upegui.

Marzo, 2026.


Comentarios

  1. Cordial saludo. Excelente artículo. Agradable lectura.

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  2. Jesús Daniel Martínez Peréz21 de marzo de 2026 a las 9:04

    Buen día.
    Parece un bomba de tiempo, ese poste lo más probable es que se quiebre, en este caso peor porque viene las lluvias y la tensión de los cables que a veces ayuda a mantenerlos, pues acá esa fuerza va es a favor del desastre. Para el parley, digo que de 6 a 12 meses.
    Y sí, definitivamente sí hay otros casos de soluciones de ese estilo, en cualquier momento cuando vaya caminando por la ciudad y vea un caso parecido le tomo fotos y se las hago llegar.

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