El último testigo: Aterrizajes de infarto, cohetes asesinos y el humor macabro de Eric "Winkle" Brown, el mejor piloto de la historia

El último testigo: Aterrizajes de infarto, cohetes asesinos y el humor macabro de Eric "Winkle" Brown, el mejor piloto de la historia

Fabián Robledo¹

¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve 


Introducción

Hubo un tiempo en que los aviones eran conjeturas de aluminio, mantenidas en el aire únicamente por la fe y la temeridad de sus pilotos. Entre esos elegidos, ninguno se acercó tanto al Sol sin quemarse las alas como el Capitán Eric Melrose "Winkle" Brown. Su historia no es un relato de aviación; es una odisea del siglo XX, protagonizada por un hombre que midió apenas 1.62 metros, una estatura que resultó ser inversamente proporcional a la magnitud de su valor. Con 487 tipos de aeronaves pilotadas —un récord Guinness que probablemente nunca será superado— y 2.407 aterrizajes en cubiertas de portaaviones (Brown, 2014), Brown bailó con la muerte en más de una decena de ocasiones para dibujar el futuro de la aviación. Este artículo relata su épica, desde sus días como testigo en la Alemania nazi hasta su legado como el titán que domó a las bestias de acero de la posguerra.

II. El testigo incómodo: Hitler, Owens y el mito del desaire

Mucho antes de convertirse en leyenda, el joven Eric Brown fue testigo de un capítulo fascinante de la historia. En 1936, su padre, un veterano del Real Cuerpo Aéreo, lo llevó a los Juegos Olímpicos de Berlín. Allí, un atleta afroamericano llamado Jesse Owens acababa de hacer añicos las teorías de superioridad aria del régimen nazi. La historia oficial durante décadas afirmó que Adolf Hitler se negó deliberadamente a darle la mano a Owens. Sin embargo, Brown, con la memoria prodigiosa que más tarde le salvaría la vida en la cabina de un reactor, declaró en múltiples entrevistas haber visto lo contrario. "Vi a Hitler dándole la mano a Jesse Owens", afirmó (BBC, 2016). Según su testimonio, fue el propio Owens quien, ante la indiferencia del canciller en días posteriores, inició la versión del desaire para presionar al establishment deportivo estadounidense (Brown, 2014). Este episodio revela al Brown observador, crítico y sin miedo a contradecir la narrativa establecida: un presagio de su futuro como piloto de pruebas.

III. El crisol del invierno: Del naufragio a la forja de un carácter indestructible

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Brown se unió a la Royal Navy. Su destino fue el HMS Audacity, un portaaviones de escolta. La vida allí era una ruleta rusa. El 21 de diciembre de 1941, un torpedo del submarino alemán U-751 partió al Audacity en dos. El Atlántico Norte en pleno invierno es un purgatorio helado. Brown, equipado con un chaleco salvavidas, flotó en el agua gélida durante horas. De su escuadrón, solo dos sobrevivieron (Daily Mail, 2013). Este trauma, lejos de quebrarlo, forjó un estoicismo de otro mundo. "No pude caminar durante una semana, pero tuve suerte", dijo con la parquedad de quien ha mirado al abismo y le ha ganado la partida. Fue destinado al Real Establecimiento de Aeronaves (RAE) en Farnborough, donde su habilidad para aterrizar aviones a cubiertas móviles era tan necesaria como el oxígeno.

IV. Las bestias emblemáticas y el humor macabro del "Winkle"

La posguerra fue la época dorada de la industria aeronáutica británica, y Brown estaba en el ojo del huracán tecnológico. Voló cazas nazis capturados como el modernísimo Messerschmitt Me 262 Schwalbe a reacción y con alas en flecha, y el terrorífico caza-cohete Me 163 Komet. Sobre este último, Brown desarrolló un humor digno de un poeta maldito. El Komet utilizaba un combustible hipergólico tan volátil que disolvía a los pilotos vivos si se filtraba (la típica ingeniería alemana, que implica para qué hacerlo fácil si se puede hacer difícil). Al recordar su vuelo, bromeaba: "Al despegar, nunca sabía si los mecánicos me saludaban o se despedían para siempre" (Brown, 2014). 

Pero sin duda, el episodio más cómico y absurdo de su carrera ocurrió durante el desarrollo de un sistema para desviar los misiles V-1 alemanes que asediaban a Londres. Brown se estrelló y tuvo que eyectarse por primera y única vez en su vida. Cayó en un estanque dentro de un campo. Al intentar salir del agua, un toro enfurecido le impedía el paso. Cada vez que Brown intentaba emerger, el animal embestía. "La ambulancia y la Guardia Nacional no se acercaban", recordaba riendo. "Les grité que fueran a buscar al granjero. Lo recuerdo alejando al toro mientras decía: 'Vamos, Ferdinand'" (BBC, 2016). Fue su primer y último asiento eyectable, un bautismo de barro y astas.

Otro incidente, menos violento pero igualmente dramático, ocurrió con el moderno y muy rápido hidroavión Saunders-Roe SR.A/1. Este caza experimental de reacción, diseñado para operar desde el agua, resultó ser un excelente submarino. Durante una prueba en el Solent, el aparato se hundió irremediablemente tras un fallo en el sistema de flotación al impactar una roca. Brown nadó para salvar su vida, siendo rescatado por el piloto de pruebas John "Mutt" Summers, su mentor y jefe en la RAE (Brown, 2014). "El SR.A/1 demostró ser excelente para pescar", ironizó después. 

La lista de prototipos peligrosos que voló es extensa y aterradora: el asesino De Havilland DH.108 (en el que pereció Geoffrey de Havilland Jr.), el cohete de despegue vertical Bachem Ba 349 Natter, que se desarmaóba en pedazos, cayendo cada uno en paracaídas al término de su vuelo, el pesado bimotor De Havilland Sea Mosquito, la "maravilla de madera", el revolucionario caza de ala volante Armstrong Whitworth AW.52 (precursora del diseño stealth), el mortal caza nocturno Boulton Paul P.111, y el temido avión cohete Messerschmitt Me 163B Komet del que ya hemos hablado. Brown los voló a todos, y a cada uno le sobrevivió con una combinación de habilidad sobrehumana y una pizca de suerte británica. Él, y la muerte con guadaña jugaban al ajedrez periódicamente, hasta otro encuentro.

V. El primer aterrizaje a reacción y la gloria británica

El 3 de diciembre de 1945, Brown subió a la historia. A bordo de un De Havilland Sea Vampire, realizó el primer despegue y aterrizaje exitoso de un avión a reacción en un portaaviones, el HMS Ocean (Sandglass Patrol, s.f.). La maniobra era una locura: los reactores tenían mala respuesta a baja velocidad y la cubierta medía apenas 150 metros. "Fue como intentar aterrizar un cohete sobre un sello de correos en medio de una tormenta", solía decir. 

Este hito consolidó la supremacía naval británica en la posguerra. Su récord de aterrizajes en portaaviones es tal que un piloto estadounidense que intentó superarlo sufrió un ataque de nervios al llegar a 1.600, muy lejos de los 2.407 de Brown (Daily Mail, 2013).

VI. El legado: Un visionario que salió vivo del cuento

A diferencia de muchos héroes, Brown no se durmió en los laureles. Su fluidez en alemán le permitió interrogar a Hermann Göring y a los diseñadores de la Luftwaffe, extrayendo información vital para la posguerra. Fue el hombre que ayudó a reconstruir la aviación alemana desde cero. Su legado no son solo los aviones que pilotó, sino los estándares de seguridad que estableció. 

El rey Jorge VI, al verlo repetidamente en los palacios de honor para recibir condecoraciones (DSC, AFC, MBE, OBE), bromeó con cansancio: "¿Otra vez usted, Brown?" (RT en Español, 2016). Su respuesta, fiel a su carácter humilde, debió ser una sonrisa y un saludo militar.

Conclusiones: El heroico final de un titán

Eric "Winkle" Brown falleció el 21 de febrero de 2016 a los 97 años (The Telegraph, 2016). Con él se fue la última voz viva de una época donde el valor era un requisito diario. Su fortaleza, forjada en aguas heladas y en cabinas en llamas, su visión crítica como piloto de pruebas y su habilidad excepcional convirtieron a un hombre diminuto en un gigante de la aeronáutica. Desmintió mitos, sobrevivió a toros enfurecidos, se hundió con hidroaviones y aterrizó en cubiertas móviles como si fuera un día cualquiera en la oficina. 

Cuando la historia escriba los nombres de quienes empujaron los límites de lo posible, el nombre de Brown estará grabado con letras de acero en el cielo. Su legado está en cada despegue. Su vida fue, sencillamente, el vuelo más largo y peligroso jamás realizado. 

Y al final, cuando la muerte vino a buscarlo a sus 97 años, seguramente Brown la miró, ajustó sus gafas de piloto y le dijo con una sonrisa: "¿Para esto has tardado? Creí que me alcanzarías en el primer aterrizaje en el Audacity". Y dicho esto, giró los talones y caminó hacia el hangar eterno.


Referencias bibliográficas

BBC. (2016, March 2). “小河螺”埃里克·布朗:英国最传奇的试飞员 [Eric "Winkle" Brown: Britain's most legendary test pilot]. BBC UKChina.

Brown, E. (2014). Wings on my sleeve: The world's greatest test pilot tells his story. Weidenfeld & Nicolson.

Daily Mail. (2013, May 6). Hero who makes Biggles look like a wimp: He's flown more planes than anyone else in history - and took 2,000 Nazis prisoner single-handed. Daily Mail.

RT en Español. (2016, February 21). Muere el piloto británico Eric Brown, autor de varios récords mundiales. RT.

Sandglass Patrol. (s.f.). 3 de diciembre de 1945: primer apontaje de un avión a reacción. Sandglass Patrol.

The Telegraph. (2016, February 21). Captain Eric 'Winkle' Brown - obituary. The Telegraph.


Mayo, 2026.

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