Cuando el poder deja huella: ordenes documentadas de asesinato y exterminio (1813-1942)

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Cuando el poder deja huella: ordenes documentadas de asesinato y exterminio (1813-1942)

Fabián Robledo¹

¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve 

Resumen

Este artículo analiza casos históricos documentados en los que líderes políticos o militares ordenaron por escrito el asesinato o exterminio de grupos específicos de personas. Se examinan cinco casos que cumplen con el criterio de orden escrita autenticada: el antecedente del Convenio de Cartagena y el Decreto de Guerra a Muerte de Simón Bolívar (1813), la Orden de Exterminio contra los mormones del gobernador Boggs (1838), la nota de Beria aprobada por Stalin para la matanza de Katyn (1940), las Órdenes 270 y 227 de Stalin (1941 y 1942), y la autorización de Hitler para el programa de eutanasia T-4 (1939). Se analizan causas, motivaciones, efectos sobre poblaciones civiles, consecuencias tácticas y estratégicas, y la violación de normas internacionales. El artículo dedica una sección a explicar la exclusión de la "Solución Final" por la ausencia de una orden escrita firmada por Hitler. Se trata de un estudio preliminar y prospectivo que busca contribuir a la reflexión sobre la responsabilidad histórica y los límites del poder.

Palabras clave: órdenes de exterminio, crímenes de guerra, derechos humanos, genocidio, guerra a muerte.

1. Introducción

1.1 Planteamiento del problema

La historia registra numerosos episodios de violencia extrema dirigida contra poblaciones civiles y grupos específicos. Sin embargo, existe una categoría particularmente significativa para el estudio de la responsabilidad histórica: aquellos casos en los que la decisión de asesinar o exterminar a un grupo de personas fue formalizada mediante un documento escrito, firmado o autenticado por la máxima autoridad política o militar. Estos casos son excepcionales, ya que la mayoría de los líderes que han cometido crímenes masivos han evitado deliberadamente dejar un rastro documental que pudiera comprometerlos ante la historia o la justicia (Kershaw, 2005).

El presente estudio se propone examinar los casos documentados que cumplen con este criterio, analizando las causas que llevaron a estas decisiones, sus efectos sobre las poblaciones civiles, y sus consecuencias tácticas, estratégicas y de derechos humanos. Se trata de un estudio preliminar y prospectivo, susceptible de ser ampliado a medida que se descubran nuevos casos que cumplan con estos rigurosos criterios documentales.

1.2 Metodología

La premisa fundamental de esta investigación es que solo se considerarán aquellos casos para los cuales exista un documento escrito, autenticado por la autoridad máxima del régimen correspondiente, que ordene explícitamente el asesinato o exterminio de un grupo específico de personas. Esta delimitación metodológica responde a la necesidad de establecer un criterio objetivo que permita analizar la responsabilidad directa de los líderes en la comisión de estos crímenes.

La estrategia de consulta de fuentes se ha centrado en archivos históricos y bibliotecas digitales, publicaciones académicas arbitradas, documentos primarios digitalizados y fuentes secundarias de reconocido prestigio. La verificación de la autenticidad documental ha sido un paso crítico, priorizando aquellos casos en los que la comunidad académica ha confirmado la validez de los documentos mediante análisis paleográficos y contextuales.

1.3 Limitaciones del estudio

Este estudio presenta limitaciones que deben ser reconocidas. La selección de casos se limita a aquellos para los cuales existe evidencia documental pública y verificable. El análisis de las motivaciones de los líderes se basa en inferencias a partir de fuentes secundarias y primarias, sin acceso directo a los contextos psicológicos o políticos íntimos de los actores. Además, el enfoque en documentos escritos deja fuera casos en los que las órdenes fueron transmitidas verbalmente. Finalmente, este es un estudio preliminar que no pretende ser exhaustivo.

2. El Decreto de Guerra a Muerte y el Convenio de Cartagena

2.1 Contexto

El 15 de junio de 1813, en la ciudad de Trujillo (Venezuela), Simón Bolívar firmó una proclama que declaraba la "guerra a muerte" contra los españoles y canarios que no apoyaran activamente la causa independentista. El texto del decreto establecía: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables" (Bolívar, 1813, como se cita en Archivo del Libertador, tomo 21, fols. 177-178).

Es importante destacar que el Decreto distinguía entre españoles peninsulares y canarios, que debían demostrar activamente su apoyo a la independencia para salvar sus vidas, y los americanos (criollos, mestizos, indígenas y negros), a quienes se les ofrecía el perdón incluso si eran culpables. Esta distinción revela que el Decreto no era una orden de exterminio racial, sino una estrategia política para movilizar a la población americana contra el dominio colonial (Straka, 2016, p. 12).

Sin embargo, Bolívar no fue el pionero de esta medida. El primer documento escrito que ordenaba explícitamente la guerra a muerte contra los españoles en Venezuela fue el Convenio de Cartagena, redactado por el abogado y militar Antonio Nicolás Briceño el 16 de enero de 1813 (Archivo General de la Nación, Caracas, "Causas de Infidencia", fs. 36-37). Este documento declaraba como fin principal de la guerra "exterminar en Venezuela la raza maldita de los españoles de Europa sin exceptuar los isleños de Canarias, todos los españoles son excluidos de esta expedición por buenos patriotas que parezcan, puesto que ninguno de ellos debe quedar con vida no admitiéndose excepción ni motivo alguno" (Briceño, 1813, como se cita en Díaz, 1829, p. 323).

El artículo noveno del Convenio establecía un sistema de recompensas por cabezas de españoles: "El soldado que presente veinte [cabezas] será hecho abanderado en actividad, treinta valdrán el grado de Teniente, cincuenta el de Capitán, etc." (Briceño, 1813, como se cita en Martínez Peria, 2016, p. 8). Briceño se inspiró explícitamente en el modelo de la Revolución Haitiana. La historiadora Martínez Peria (2016, p. 8) señala que Briceño "tomaba explícitamente a Haití como modelo revolucionario", argumentando que la guerra de exterminio contra los franceses había sido la clave del éxito de la rebelión de esclavos.

Cuando Bolívar emprendió la Campaña Admirable, se sumó al plan de Briceño en Cúcuta el 20 de marzo de 1813, aunque introdujo modificaciones significativas al texto original, suavizando algunos de sus términos más radicales (Archivo del Libertador, documento 138; Straka, 2016, p. 15). El documento de Cúcuta, firmado por Bolívar, Manuel del Castillo y el propio Briceño, establecía que las tropas de Briceño se ponían a las órdenes de Bolívar para "la destrucción de los españoles europeos" (Bolívar, Castillo & Briceño, 1813, como se cita en Archivo del Libertador, documento 138).

2.2 Motivaciones de los firmantes

La decisión de Briceño de redactar el Convenio de Cartagena debe entenderse en el contexto de la brutal represión realista tras la caída de la Primera República en 1812. Los jefes realistas, como Domingo de Monteverde, Eusebio Antoñanzas y José Tomás Boves, cometieron ejecuciones masivas de republicanos, incluyendo mujeres, ancianos y niños (Quintero, 2019, p. 45; Guevara Baro, 2007, p. 51). Briceño, testigo de estas atrocidades, buscaba una respuesta radical que igualara la ferocidad del enemigo. Su inspiración en Haití refleja su convicción de que solo una guerra total podía asegurar la independencia (Martínez Peria, 2016, p. 8).

Bolívar, por su parte, se sumó a esta estrategia por razones tácticas (asegurar la lealtad de las tropas de Briceño) y políticas (movilizar a la población criolla en torno a la causa independentista). Bolívar también buscaba responder a las masacres realistas, presentando su decreto como una medida de retribución justa (Lecuna, 1950, p. 238). No actuó movido por una ideología racista, sino por una estrategia militar y política en el contexto de una guerra extremadamente violenta, donde ambos bandos cometieron atrocidades (Quintero, 2019, p. 48).

Es relevante señalar que Bolívar, en sus escritos posteriores, mostró preocupación por los excesos cometidos durante la guerra. En su Carta de Jamaica (1815), reflexionó sobre los horrores de la guerra y la necesidad de establecer un gobierno civilizado (Bolívar, 1815, como se cita en Lecuna, 1950, p. 210). En el Congreso de Angostura (1819), propuso un sistema político basado en el respeto a la ley y la moderación. Esta evolución moral del Libertador es fundamental para comprender la complejidad de su figura y su legado (Straka, 2016, p. 22).

2.3 Análisis de Derechos Humanos

El Decreto representó una violación fundamental de los principios del derecho de gentes que, aunque no codificados formalmente en tratados internacionales en esa época, formaban parte de la tradición jurídica occidental desde los escritos de Francisco de Vitoria y Hugo Grocio. 

Vitoria estableció que la única causa justa para la guerra era una injuria recibida, sentando las bases de un Derecho Internacional al servicio de la humanidad. Grocio, por su parte, sistematizó estas ideas y propuso reglas de conducta en la guerra, estableciendo los primeros límites a la violencia contra civiles. El derecho internacional humanitario moderno, con sus instrumentos codificados, es posterior a estos hechos. Sin embargo, existía una tradición jurídica previa que establecía límites a la conducta en la guerra (Castañeda, 2020; Cuadra, 2017; Espinosa Antón, 2014).

La orden de Bolívar no distinguía entre combatientes y no combatientes, y extendía la pena de muerte a una población por su origen. Esta práctica, aunque no prohibida por tratados escritos en ese momento, contradecía los principios del derecho natural y de gentes que exigían moderación y proporcionalidad en la guerra (Schaetzel, s.f., p. 418). La aplicación del decreto resultó en ejecuciones sumarias que afectaron a civiles, como documentan los historiadores Pacheco Loma (1965) y Guevara Baro (2007).

2.4 Efectos sobre la población civil

La aplicación del decreto resultó en la ejecución sumaria de numerosos españoles y canarios, incluyendo civiles que no participaban en el conflicto. En febrero de 1814, por órdenes de Bolívar, se fusiló a 886 prisioneros españoles en Caracas, incluyendo enfermos (Pacheco Loma, 1965, p. 97; Guevara Baro, 2007, p. 51). Estas ejecuciones, fueron un exterminio sistemático, parte de una guerra civil extremadamente brutal donde ambos bandos cometieron atrocidades (Quintero, 2019, p. 48).

2.5 Consecuencias tácticas y estratégicas

Tácticamente, el decreto logró movilizar a la población criolla y aceleró la caída de las ciudades realistas. Estratégicamente, radicalizó el conflicto e hizo imposible cualquier reconciliación posterior. La guerra a muerte alcanzó su punto máximo en 1814 con la entrada de José Tomás Boves, quien utilizó el discurso de la guerra a muerte para movilizar a las masas populares contra la élite criolla (Lecuna, 1950, p. 240).

El Decreto estuvo vigente hasta el 26 de noviembre de 1820, cuando Bolívar y el general español Pablo Morillo firmaron el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, comprometiéndose a hacer la guerra "como lo hacen los pueblos civilizados" (Bolívar & Morillo, 1820). Este tratado demuestra que Bolívar estaba dispuesto a dejar atrás la guerra a muerte en cuanto fue posible, buscando la reconciliación y la paz.

2.6 Destino de los firmantes

Simón Bolívar murió en 1830 sin ser juzgado por sus acciones. Antonio Nicolás Briceño fue capturado y ejecutado por los realistas el 15 de junio de 1813, el mismo día que Bolívar firmaba su decreto (Pacheco Loma, 1965, p. 97).

3. La orden de exterminio contra los Mormones (1838)

3.1 Contexto

El 27 de octubre de 1838, el gobernador de Misuri, Lilburn W. Boggs, emitió la Orden Ejecutiva Nº 44, declarando que "los mormones deben ser tratados como enemigos, y deben ser exterminados o conducidos fuera del Estado" (Boggs, 1838, como se cita en LeSueur, 1987, pp. 143-144). El término "exterminados" en el contexto legal de la época significaba "expulsar de los límites o fronteras" (Baugh, 2025, p. 28). Sin embargo, la orden autorizaba el uso de la fuerza letal si los mormones se resistían.

La orden fue emitida tras varios enfrentamientos armados entre la milicia de Misuri y los mormones, incluyendo la Batalla de Crooked River (25 de octubre de 1838), donde murieron varios milicianos y mormones (LeSueur, 1987, p. 118). El general Samuel D. Lucas, quien tenía a la milicia acampada a las afueras de Far West, recibió la orden el 30 de octubre y marchó hacia la ciudad, exigiendo que los miembros de la religión de los Santos de los Últimos Días entregaran sus propiedades y abandonaran inmediatamente el estado (The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, s.f.).

La orden fue interpretada por la milicia y los colonos como una autorización para usar la fuerza letal, incluso contra civiles que no opusieran resistencia (LeSueur, 1987, p. 145). Esta interpretación es clave para entender por qué la orden resultó en violencia y muertes, y no solo en una expulsión pacífica.

3.2 Motivaciones del firmante

Boggs actuó en el contexto de la expansión territorial de Estados Unidos y la tensión entre los colonos mormones y los habitantes de Misuri. Los mormones, liderados por José Smith, habían fundado Far West, que se convirtió en un centro de poder político y militar (LeSueur, 1987, p. 25). Los colonos locales veían a los mormones como una amenaza por su poligamia, su oposición a la esclavitud y su voto en bloque (LeSueur, 1987, pp. 30-35). El detonante fue el enfrentamiento en el río Crooked el 25 de octubre de 1838, donde una milicia estatal fue derrotada. Boggs actuó basándose en informes exagerados que describían a los mormones como "enemigos declarados" (LeSueur, 1987, p. 120).

3.3 Análisis de derechos humanos

La orden violaba los derechos garantizados por la Constitución de los Estados Unidos. En 1976, el gobernador Christopher S. Bond revocó la orden, argumentando que contravenía los derechos a la vida, libertad, propiedad y libertad religiosa (The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, s.f.).

3.4 Efectos sobre la población civil

La aplicación resultó en el éxodo forzoso de aproximadamente 15000 mormones durante el invierno de 1838-1839 (Hartley, 2017, p. 145). El 30 de octubre de 1838, una turba atacó Haun's Mill, matando a 17 hombres y niños, incluyendo un anciano de 78 años y un niño de 10 años (LeSueur, 1987, p. 170). La masacre ocurrió después de que los mormones se hubieran rendido, y las víctimas incluyeron a niños que fueron ejecutados a sangre fría (LeSueur, 1987, p. 170).

3.5 Consecuencias tácticas y estratégicas

Tácticamente, logró la expulsión de los mormones. Estratégicamente, generó críticas que dañaron la reputación de Misuri (LeSueur, 1987, pp. 225, 229, 237-238).

3.6 Destino del firmante

Boggs sobrevivió a un intento de asesinato en 1842 y murió en California en 1860 (LeSueur, 1987, p. 238). La orden fue revocada en 1976.

4. La Matanza de Katyn (1940)

4.1 Contexto y contenido

El 5 de marzo de 1940, Iósif Stalin firmó, junto con otros miembros del Politburó, una orden para ejecutar a más de 25000 prisioneros de guerra polacos. La orden se originó en una nota oficial de Lavrenti Beria, jefe del NKVD.

El documento, clasificado como "Alto Secreto", proponía "examinar de manera especial, aplicando la pena máxima, el fusilamiento" a los prisioneros, y hacerlo "sin citar a comparecer a los detenidos y sin presentarles acusaciones" (Beria, 1940, citado en El Mundo, 2010). La propuesta cuenta con el visto bueno en lápiz azul de Stalin (La Nación, 2010a). Los documentos fueron desclasificados en 1992 y publicados en 2010, en un gesto de transparencia del gobierno ruso bajo la presidencia de Dmitri Medvédev (La Nación, 2010b; El Mundo, 2010).

La invasión soviética de Polonia el 17 de septiembre de 1939 fue el resultado del Pacto Ribbentrop-Mólotov (23 de agosto de 1939), que dividió Polonia entre Alemania y la Unión Soviética (Rees, 2008, p. 75). Los oficiales polacos fueron separados de los soldados rasos, y solo los oficiales y la élite intelectual fueron ejecutados (Rees, 2008, p. 80).

4.2 Motivaciones de los firmantes

Stalin aprobó la ejecución para eliminar a la élite polaca, considerada un peligro potencial por su capacidad para organizar resistencia anticomunista o unirse a los aliados (Rees, 2008, pp. 79-81). La nota de Beria argumentaba que los oficiales polacos "representan un peligro para el sistema soviético" (El Mundo, 2010). La decisión fue política, no un acto irracional.

4.3 Análisis de derechos humanos

La orden violó la Convención de La Haya de 1907 sobre el trato humano a los prisioneros de guerra. Hoy, estos crímenes serían juzgados bajo el Estatuto de Roma (1998).

4.4 Efectos sobre la población civil

Las víctimas fueron al menos 21768 ciudadanos polacos, incluyendo oficiales, intelectuales y médicos (La Nación, 2010b). Las familias fueron deportadas a Kazajistán; solo 395 prisioneros se salvaron (El Mundo, 2010). La masacre de Katyn es un símbolo central de la memoria histórica polaca y sigue siendo un tema doloroso en las relaciones entre Polonia y Rusia (La Nación, 2010b).

4.5 Consecuencias tácticas y estratégicas

Tácticamente, eliminó a la élite polaca. Estratégicamente, envenenó las relaciones entre Polonia y Rusia durante décadas. La masacre fue utilizada por la propaganda alemana para dividir a los aliados, y la Unión Soviética se negó a cooperar con la investigación hasta la caída del comunismo (Rees, 2008, p. 95).

4.6 Destino de los firmantes

Stalin murió en 1953 en el poder. Beria fue ejecutado en 1953. Otros firmantes sobrevivieron marginados.

5. Las Órdenes 270 y 227 de Stalin (1941-1942)

5.1 Contexto

La Orden 270, del 16 de agosto de 1941, declaraba "traidores a la patria" a los soldados que se rindieran y autorizaba a fusilar a sus familiares (Roberts, 2002, p. 112). La Orden 227 ("Ni un paso atrás"), del 28 de julio de 1942, exigía crear "destacamentos de bloqueo" para disparar a los "cobardes" (Roberts, 2002, p. 115).

5.2 Motivaciones del firmante

Stalin emitió la Orden 270 para disuadir las rendiciones masivas tras la invasión alemana de 1941 (Rees, 2008, p. 125). La Orden 227 buscaba evitar la retirada desordenada en el momento crítico de Stalingrado (Roberts, 2002, p. 110). Reflejan una estrategia de terror para mantener la disciplina en el Ejército Rojo (Rees, 2008, p. 130).

La historiografía rusa contemporánea (Khlevniuk, 2015) ha señalado que estas órdenes también reflejaban la paranoia y la desconfianza de Stalin hacia el Ejército Rojo, que consideraba lleno de "traidores" (Khlevniuk, 2015, p. 245). La Orden 227 fue también una respuesta al caos y la desorganización del Ejército Rojo en las primeras etapas de la guerra, y, a pesar de su brutalidad, logró mantener la cohesión del ejército en un momento crítico (Khlevniuk, 2015, p. 260).

5.3 Análisis de Derechos Humanos

Ambas órdenes violaron los Convenios de La Haya y el principio de responsabilidad penal individual.

5.4 Efectos sobre la población civil

La Orden 270 afectó a las familias de los soldados. La Orden 227 resultó en la ejecución sumaria de más de 1000 soldados en los primeros dos meses (Roberts, 2002, p. 116). Los "destacamentos de bloqueo" también se utilizaron para impedir el avance de las tropas alemanas, y en algunos casos, los soldados soviéticos se beneficiaron de su presencia porque les proporcionaban apoyo logístico (Roberts, 2002, p. 118).

5.5 Consecuencias tácticas y estratégicas

Tácticamente, lograron mantener la disciplina. Estratégicamente, crearon un clima de terror que afectó la moral a largo plazo (Roberts, 2002, p. 118).

5.6 Destino del firmante

Stalin murió en 1953. Molotov y otros firmantes sobrevivieron marginados.

6. El Programa de eutanasia T-4 (1939)

6.1 Contexto

El Programa de Eutanasia T-4 es el único caso conocido en el que Adolf Hitler firmó una orden escrita autorizando un programa de asesinato masivo (German History in Documents and Images, s.f.a). La autorización es una carta firmada por Hitler, fechada en octubre de 1939, dirigida a Bouhler y Brandt (United States Holocaust Memorial Museum, s.f.). El texto autorizaba a los médicos a conceder una "muerte misericordiosa" a personas incurables (German History in Documents and Images, s.f.a).

6.2 Motivaciones del firmante

Hitler autorizó el programa basándose en el darwinismo social y la eugenesia, considerando que las personas con discapacidades eran "vidas indignas de ser vividas" (Kershaw, 2005). La orden también fue una respuesta a la presión de médicos nazis y un experimento para probar técnicas de asesinato masivo (Kershaw, 2005).

6.3 Análisis de Derechos Humanos

El programa constituyó un crimen contra la humanidad, violando los derechos de las personas con discapacidades. Hoy sería juzgado bajo la Convención del Genocidio (1948) y el Estatuto de Roma (1998).

6.4 Efectos sobre la población civil

Se estima que 70000 personas fueron asesinadas mediante inyecciones letales o cámaras de gas. Los familiares fueron engañados sobre las causas de muerte (United States Holocaust Memorial Museum, s.f.).

6.5 Consecuencias tácticas y estratégicas

El programa sirvió como banco de pruebas para el Holocausto (Kershaw, 2005). El personal y los métodos fueron trasladados a los campos de exterminio.

6.6 Destino del firmante

Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945.

7. Nota sobre la exclusión de la "Solución Final"

Es importante señalar por qué la "Solución Final" no se incluye en este estudio. No existe un documento firmado por Hitler que ordene explícitamente el exterminio de los judíos europeos (Kershaw, 2005). Esta ausencia es un hecho histórico reconocido por la historiografía especializada.

La razón principal fue probablemente una estrategia deliberada del régimen nazi para ocultar el crimen. Hitler y la cúpula nazi fueron extremadamente secretos, evitando dejar un rastro de pruebas (Kershaw, 2005). Himmler, en su discurso de Posen en 1943, reconoció que el exterminio era "una página de gloria en nuestra historia que nunca ha sido escrita" (Kershaw, 2005). Hitler transmitió sus directrices de forma oral (Kershaw, 2005).

La ausencia de esta orden no significa que Hitler no fuera responsable del genocidio. Los informes de los Einsatzgruppen eran enviados para su revisión, y Himmler afirmaba actuar bajo su autoridad (Kershaw, 2005). El historiador Ian Kershaw (2005) concluye que "sin Hitler, la creación de un programa... para llevar a cabo el exterminio físico de los judíos de Europa es inimaginable".

8. El caso del Imperio Otomano

El Imperio Otomano y las deportaciones de armenios, asirios y griegos entre 1915 y 1923 representan otro caso relevante que, sin embargo, no cumple con el criterio de una orden documentada por el líder máximo. No existe un decreto firmado por el Sultán que ordene el genocidio. Por ello, este caso es excluido, aunque mencionado como ejemplo de cómo los crímenes masivos pueden ocurrir sin dejar un rastro documental único.

9. Análisis transversal: causas, motivaciones y patrones

Los cinco casos comparten causas comunes: contexto de conflicto, deshumanización del enemigo, sistemas autoritarios y racionalización burocrática de la violencia. Las motivaciones específicas varían: Bolívar actuó por razones tácticas y reactivas; Stalin por razones estratégicas e ideológicas; Hitler por razones profundamente ideológicas.

Es importante distinguir entre guerra total y exterminio sistemático. El Decreto de Bolívar se enmarca en el contexto de una guerra total, donde ambos bandos cometieron atrocidades y donde la población civil fue objeto de violencia. Las órdenes de Stalin y Hitler, en cambio, se enmarcan en políticas de exterminio sistemático, donde el objetivo era eliminar a grupos enteros por razones políticas o raciales. Esta distinción es fundamental para comprender las diferencias entre los casos analizados y evitar equiparaciones simplistas (Quintero, 2019; Straka, 2016).

Entre los patrones comunes se encuentra el uso de lenguaje eufemístico o ambiguo, la cadena de mando que diluye la responsabilidad, y los efectos contraproducentes para los líderes que las emitieron.

10. Conclusiones

La existencia de órdenes documentadas de asesinato o exterminio es excepcional. Los casos analizados son ventanas a la forma en que el poder decide dejar constancia escrita de su decisión de matar. Revelan patrones comunes: deshumanización, lenguaje eufemístico y racionalización burocrática. Los líderes rara vez enfrentan consecuencias legales.

Estos  obligan a una reflexión ética profunda. Max Weber (1919) distinguió entre ética de la convicción y ética de la responsabilidad. Los líderes analizados actuaron según una ética de la convicción radical. Sin embargo, desde una perspectiva ética, la violencia extrema contra civiles no puede ser justificada por ningún fin. La distinción entre explicación y justificación es fundamental.

Los avances en la protección de los derechos humanos —desde la Declaración Universal de 1948 hasta la Corte Penal Internacional de 2002— ofrecen un frágil motivo de esperanza. La Convención del Genocidio (1948) y el Estatuto de Roma (1998) establecen que los crímenes contra la humanidad no prescriben y que los líderes pueden ser juzgados.

Este estudio es preliminar y prospectivo. Nuevos descubrimientos documentales pueden revelar otros casos. La memoria histórica y la documentación rigurosa son herramientas esenciales para la prevención.

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Agradecimientos

El autor agradece a los archivos y bibliotecas que han preservado los documentos primarios, así como a los historiadores y especialistas cuyos trabajos han permitido contextualizar estos eventos. Este estudio es un esfuerzo por comprender los mecanismos del poder y la violencia en la historia, con la esperanza de que el conocimiento de estos episodios contribuya a la prevención de futuros crímenes contra la humanidad.

Julio, 2026.

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