La Copa que no se ve: 12 episodios que manchan el Mundial mientras el 2026 juega su partido

La Copa que no se ve: 12 episodios que manchan el Mundial mientras el 2026 juega su partido

Fabián Robledo¹

¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve 

Resumen

Este artículo recorre doce episodios vergonzosos y trágicos de la historia de la Copa del Mundo, desde las amenazas de Mussolini en 1934 hasta la injerencia política de Trump en 2026. Con un enfoque periodístico serio y crítico, se examinan casos de violencia en el campo, arreglos tácitos, abusos de poder dictatorial, silencios cómplices de la FIFA y el precio humano del fútbol: el asesinato de Andrés Escobar, la humillación pública de los jugadores de Corea del Norte y la explotación laboral en Qatar. Especial atención merece el Mundial de 1978, donde la FIFA no solo permitió que una dictadura severa utilizara el torneo como propaganda, sino que además toleró un partido (Argentina-Perú) que concentra todas las sospechas de arreglo y complicidad política. El artículo denuncia la hipocresía de un organismo que predica el fair play mientras tolera la tragedia, y plantea una pregunta incómoda mientras el Mundial 2026 se disputa: ¿Cuántas vidas vale un trofeo?

Introducción

Mientras los reflectores del Mundial 2026 iluminan las canchas de Estados Unidos, Canadá y México, y las transmisiones globales celebran goles, estadios llenos y promesas de fraternidad, hay una narrativa que la FIFA prefiere no mostrar. No aparece en los videoclips promocionales ni en los discursos de Infantino. Es la historia de los momentos en que el fútbol dejó de ser deporte para convertirse en herramienta de poder, escenario de abusos o espejo de la peor hipocresía humana.

Este artículo recorre doce episodios —algunos absurdos, otros trágicos, todos vergonzosos— que han manchado la historia de la Copa del Mundo. Entre ellos, el Mundial de 1978 ocupa un lugar especial: no solo porque fue organizado por la dictadura más severa de Argentina, sino porque la FIFA toleró que el régimen de Videla utilizara el torneo como propaganda mientras los centros de tortura operaban a pocos metros del estadio. Y, como si eso fuera poco, el partido Argentina-Perú, que definió el pase a la final, concentró todas las sospechas de un arreglo que la organización nunca se atrevió a investigar. No hay intención de destruir el fútbol, sino de recordar que el balón también rueda sobre decisiones políticas, amenazas, intereses económicos y silencios cómplices. Porque mientras el mundo celebra, hay historias que merecen ser contadas con seriedad y rigor.

1. Mundial 2026 – La tarjeta roja que anuló una llamada telefónica

Durante los octavos de final del Mundial 2026, el delantero estadounidense Folarin Balogun recibió una tarjeta roja directa ante Bosnia que lo dejaba fuera del crucial partido contra Bélgica. Horas después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamó por teléfono al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir una revisión. Según reveló la prensa internacional, Trump reconoció abiertamente que no sabía "qué diablos era una tarjeta roja", pero exigió que se anulara la sanción (The Athletic, 2026).

La FIFA, invocando el Artículo 27 de su código disciplinario, dejó la roja en suspenso por un año y Balogun pudo jugar. Bélgica ganó 4-1 y eliminó a Estados Unidos. La UEFA declaró que la FIFA "había cruzado una línea roja" (UEFA, 2026). El expresidente Joseph Blatter condenó el hecho: "Quo vadis, FIFA? El fútbol nunca debe ser un patio de juegos para el poder político" (Blatter, 2026).

La causa fue la injerencia política directa. La consecuencia fue la erosión de la credibilidad arbitral y el establecimiento de un peligroso precedente: cualquier mandatario con acceso al teléfono de Infantino podría, en el futuro, condicionar decisiones técnicas. Un árbitro de experiencia mundial señalaría que el problema no es la llamada, sino que la FIFA haya cedido. El error humano del árbitro es corregible; la cobardía institucional, no.

2. Mundial 1934 – "Vencer o morir": el Mundial de Mussolini

El Mundial de 1934 se celebró en la Italia de Benito Mussolini. El régimen fascista utilizó el torneo como vitrina de su supuesta superioridad. El seleccionador, Vittorio Pozzo, fue convocado por el dictador antes del torneo y recibió una advertencia directa: "Usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar" (Pozzo, citado en Wilson, 2016, p. 89). Durante la final, Mussolini bajó al vestuario y arengó a los jugadores con la consigna: "Vencer o morir" (Goldblatt, 2006, p. 54).

El jugador Luis Monti confesó años después que en 1934 el temor era el mismo que en 1930, pero invertido: ahora lo amenazaban de muerte si perdía (Monti, 1964, citado en Wilson, 2016, p. 91). Italia ganó la final, pero el precio fue la dignidad deportiva. La FIFA no solo no condenó el contexto dictatorial, sino que elogió la "eficiencia organizativa" de Mussolini (FIFA, 1934). Un técnico de larga trayectoria observaría que, cuando el poder político convierte el fútbol en un campo de batalla, el deporte deja de ser tal. La consecuencia fue doble: el fútbol se convirtió en arma de propaganda y se sentó un precedente de que los regímenes autoritarios podían usar el Mundial sin que el organismo rector alzara la voz.

3. Mundial 1966 – El trofeo robado y el gol fantasma

Inglaterra 1966 fue un Mundial que la FIFA recuerda con orgullo por el primer título inglés. Pero fue también un torneo marcado por dos episodios que manchan su historia. El primero fue el robo de la Copa Jules Rimet, exhibida en una vitrina en Londres. El trofeo desapareció y apareció días después envuelto en un paquete, olfateado por un perro llamado Pickles en un jardín suburbano (McCartney, 2015).

El segundo fue el famoso "gol fantasma" de la final. Geoff Hurst disparó, el balón golpeó el larguero, rebotó en la línea y el árbitro suizo dio gol sin certeza absoluta. Décadas después, los estudios tecnológicos confirmaron que el balón no había cruzado completamente la línea (BBC, 1995). La FIFA no anuló el resultado. Un árbitro de primer nivel reconocería que el error fue humano —no había repetición— pero que la FIFA, al no revisar el hecho con los medios disponibles en su momento, prefirió no tocar el resultado. La consecuencia fue una desconfianza crónica hacia el arbitraje que solo se comenzó a reparar con el VAR en 2018, 52 años después. La lección no aprendida fue que la tecnología no es un lujo, sino una necesidad en un deporte de alta velocidad.

4. Mundial 1974 – Mobutu y el miedo a la goleada

Zaire fue la primera selección del África subsahariana en disputar un Mundial. Su presidente, el dictador Mobutu Sese Seko, los colmó de regalos tras la clasificación. Pero tras una humillante derrota 0-9 contra Yugoslavia, el régimen envió guardias presidenciales al hotel para advertir a los jugadores: si perdían contra Brasil por cuatro goles o más, no regresarían a casa (Ilunga, 2002).

El defensa Mwepu Ilunga confesó años después que la famosa imagen de él saliendo de la barrera y pateando el balón antes del tiro libre no fue ignorancia, sino un intento desesperado de ser expulsado para huir del campo y salvar su vida. "Quería que me expulsaran para irme del campo", declaró a la BBC (Ilunga, 2002). Un delantero legendario reflexionaría que esos jugadores no soñaban con ganar, sino con sobrevivir. La FIFA no investigó las amenazas. El resultado fue 3-0 para Brasil, justo por debajo del umbral mortal, pero el trauma quedó grabado en los jugadores, varios de los cuales fueron repudiados en su país y vivieron años bajo vigilancia.

5. Mundial 1978. La FIFA y el "Mundial de la Vergüenza"

Argentina fue designada sede del Mundial de 1978 en 1966, durante un período de relativa calma institucional. Sin embargo, cuando el torneo estuvo próximo, el país estaba sumido en la dictadura más brutal de su historia, encabezada por el general Jorge Rafael Videla. La FIFA, presidida por el brasileño João Havelange, no retiró la sede. Tampoco abrió una investigación, a pesar de las denuncias de organizaciones como Amnesty International y la campaña internacional de boicot que orquestó el Comité COBA en Francia (La Nación, 2022; Rein, 2009).

Mientras el "Mundial de la Paz" —como lo bautizó Videla— se disputaba en las canchas, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), principal centro de detención y tortura, operaba a solo 700 m del Estadio Monumental, donde se jugó la final. Durante el torneo, 50 personas desaparecieron, incluidas nueve mujeres embarazadas. La dictadura no solo no ocultó su propaganda, sino que la convirtió en política de Estado: creó el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) y contrató a la consultora estadounidense Burson-Marsteller para lavar su imagen internacional (Acervo ANM, Archivo EAM 78).

El jugador holandés Oeki Hoekema renunció a la selección de su país por razones éticas, un acto excepcional de activismo en esa época. El mediocampista argentino Ricky Villa admitió años después: "No hay duda de que fuimos utilizados políticamente" (Villa, citado en Vice, 2018). La FIFA, sin embargo, nunca investigó la elección de una dictadura sangrienta como sede, ni siquiera cuando los organismos de derechos humanos demostraron que el régimen había utilizado el evento para ocultar sus crímenes (CBC Sports, 2013).

Mundial 1978. "Especialmente cocinado": el Mundial de Videla y el milagroso 6-0 de Argentina–Perú.

Argentina necesitaba ganar a Perú por cuatro goles de diferencia en la última jornada del grupo B de la segunda fase para superar a Brasil y llegar a la final del Mundial que organizaba como anfitrión. El partido se jugó en horario diferente al de Brasil, lo que permitió a los argentinos saber exactamente el resultado que necesitaban lograr. La victoria por 6-0 fue inmediatamente sospechosa y, con el paso de los años, se convirtió en uno de los episodios más oscuros de la historia de los Mundiales (Wilson, 2016).

La sombra del arreglo se cernió sobre el partido antes incluso de que comenzara. Minutos antes del pitido inicial, el dictador argentino Jorge Rafael Videla, acompañado del exsecretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, ingresó al vestuario de Perú para leer un mensaje del dictador peruano Francisco Morales Bermúdez sobre la hermandad entre ambos países. Los jugadores peruanos interpretaron aquella visita como una amenaza velada (Tomlinson, 2018). El entrenador inglés Walter Winterbottom, presente en el estadio, resumió el sentir general con una frase que se haría célebre: "Reconozco que este partido fue especialmente cocinado" (citado en The Guardian, 2012).

Los indicios de irregularidades se multiplicaron. Diez días después del Mundial, el gobierno argentino sancionó el Decreto N° 1463/78, que concedía a Perú un "crédito no reembolsable" (The Guardian, 2012). También se documentó la donación de 35000 toneladas de grano al país vecino (Wilson, 2016). Décadas después, el exsenador peruano Genaro Ledesma Izquieta declaró bajo juramento que el partido fue arreglado como parte del Plan Cóndor: Videla aceptó recibir y "desaparecer" a 13 disidentes peruanos a cambio de que Perú permitiera el triunfo argentino (The Guardian, 2012).

Diversos jugadores peruanos han ofrecido versiones contradictorias. José Velásquez señaló a seis compañeros, incluido el arquero argentino-peruano Ramón Quiroga, como participantes en el arreglo (Wilson, 2016). Velásquez declaró que el entrenador Marcos Calderón fue cómplice, y nombró a Rodulfo Manzo, Raúl Gorriti, Juan José Muñante y Quiroga como los jugadores que "regalaron" el partido (The Guardian, 2012). Juan Carlos Oblitas, por su parte, declaró sentirse "avergonzado" y que el partido "no fue normal" (Tomlinson, 2018). Sin embargo, leyendas peruanas como Teófilo Cubillas niegan rotundamente cualquier arreglo y atribuyen el resultado a la superioridad argentina (Wilson, 2016).

En 2012, la FIFA anunció que investigaría el partido y existió el rumor de que el título argentino podría ser anulado. Sin embargo, la organización nunca abrió una investigación formal ni presentó conclusiones (The Guardian, 2012). El silencio de la FIFA fue, una vez más, su respuesta. El partido se convirtió en otro ejemplo de cómo el poder político y la falta de transparencia de la FIFA convirtieron la Copa del Mundo en un escenario de intereses oscuros.

7. Mundial 1982 – El emir que detuvo el partido

Francia enfrentaba a Kuwait en la fase de grupos. Los franceses ganaban 3-1 cuando un gol de Alain Giresse amplió la ventaja. El jeque Fahad Al-Ahmad, presidente de la federación kuwaití y miembro de la familia real, bajó al campo desde la tribuna y ordenó a sus jugadores retirarse, (Glanville, 2010). 

El competente y querido comentarista deportivo gallego-venezolano Lázaro "Papaíto" Candal, una enciclopedia en los mundiales, con su elegante picardía pondría en vivo palabras al emir en traducción simultánea figurada: "¡A los camellos..., todos a los camellos...!", en referencia a la insólita retirada por despecho del equipo kuwaití.

El árbitro soviético Stupar, presionado, anuló el gol. La FIFA permitió la reanudación diez minutos después. Francia, indignada, metió otro gol y el resultado final fue 4-1. El emir no fue sancionado (FIFA, 1982). Un periodista de cobertura mundialista señalaría que el episodio revela una verdad incómoda: el poder político no siempre respeta las líneas del campo, y la FIFA, cuando le conviene, lo tolera.

8. Mundial 1982 – El Pacto de Gijón

Alemania Federal y Austria jugaron en Gijón el último partido del grupo. Un triunfo alemán por 1-0 clasificaba a ambos y eliminaba a Argelia, que había derrotado a los alemanes en el partido anterior. El encuentro fue un paseo: los alemanes marcaron temprano y luego ambos equipos se dedicaron a tocar el balón sin buscar el gol. La prensa lo llamó "el Pacto de Gijón" (Rohde, 2010).

La FIFA no sancionó a nadie, ya que no había absolutamente nada ilegal. No había pruebas de acuerdo explícito. Pero las imágenes hablaban por sí solas. Un entrenador de talla mundial reflexionaría que el arreglo tácito es más difícil de probar que el explícito, pero no por ello menos dañino. La consecuencia fue la reforma del reglamento: a partir de 1986, los últimos partidos de la fase de grupos se jugarían simultáneamente (FIFA, 1984). La lección fue amarga: la FIFA no castigó el arreglo, sino que corrigió el sistema para evitar que se repitiera, prefiriendo cambiar las reglas antes que admitir que sus torneos pueden ser manipulados, al dejar ella misma las ranuras de anclaje correspondiente, sin ilegalidad.

9. Mundial 1986 – La mano que Dios no vio

Argentina e Inglaterra se enfrentaron en cuartos de final. En el segundo gol argentino, Diego Maradona saltó con la mano extendida y desvió el balón sobre el arquero inglés Peter Shilton, quien hasta entonces ostentaba el récord de minutos sin encajar gol en los mundiales. El árbitro tunecino Ali Bennaceur validó el tanto. Maradona lo llamó "la Mano de Dios" y admitió sin pudor que lo hizo con la mano: "Fue un poco la mano de Dios y un poco la cabeza de Maradona" (Maradona, 1986, citado en BBC, 1986).

La FIFA no anuló el gol ni sancionó al jugador (FIFA, 1986). El árbitro, como en 1966, no tuvo acceso a repetición. Pero un árbitro de experiencia señalaría que, incluso sin tecnología, la FIFA pudo haber revisado el hecho y declararlo nulo. No lo hizo. La consecuencia fue que un gol ilegal pasó a la historia como uno de los más famosos del fútbol, mientras el fair play quedaba en segundo plano. La FIFA prefirió el mito antes que la justicia. El VAR llegaría 32 años después.

10. Mundial 2006 – La batalla de Núremberg

Portugal y Holanda se enfrentaron en octavos de final. El partido quedó registrado como "la batalla de Núremberg". El árbitro ruso Valentin Ivanov mostró 16 tarjetas amarillas y 4 rojas, un récord absoluto (FIFA, 2006). Cristiano Ronaldo salió lesionado por una entrada brutal sin sanción ejemplar. Costinha, Deco, Boulahrouz y Van Bronckhorst fueron expulsados. Los dos jugadores del Barcelona se sentaron juntos en las escaleras tras las rojas, contemplando el caos.

La FIFA reaccionó con un comunicado de Joseph Blatter sugiriendo que el árbitro merecía una tarjeta amarilla (Blatter, 2006). Un árbitro de primer nivel lamentaría que un presidente critiqué a un colegiado en público, desautorizando su trabajo y generando un clima de inseguridad. La consecuencia fue que la FIFA implementó protocolos más estrictos para los árbitros, pero sin abordar el problema de fondo: la permisividad ante entradas violentas.

11. Mundial 2014 – El mordisco del "mordelón"

Uruguay enfrentaba a Italia en un partido decisivo del grupo. En una jugada sin balón, Luis Suárez mordió en el hombro al defensor italiano Giorgio Chiellini. El árbitro no vio la acción. Uruguay ganó y clasificó. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. La FIFA tardó días en actuar, y finalmente sancionó a Suárez con nueve partidos oficiales y una inhabilitación de cuatro meses (FIFA, 2014).

La causa fue la violencia en campo y la pasividad arbitral. Un directivo con experiencia en la FIFA reconocería que el organismo reacciona más a la presión mediática que a sus propios códigos disciplinarios. La consecuencia fue que la FIFA demostró que solo actúa cuando las imágenes son incontestables (y si acaso), y que la sanción fue ejemplar pero tardía.

12. El precio humano del fútbol (tres rostros de la tragedia)

Hay episodios que no caben en una cronología deportiva porque son la cara más oscura del fútbol. Tres casos, en diferentes décadas, muestran que la Copa del Mundo también tiene víctimas. Y en todos ellos, la FIFA miró hacia otro lado.

Andrés Escobar (1994). El defensa colombiano marcó un autogol contra Estados Unidos que eliminó a su selección en el Mundial de ese año. Diez días después, fue asesinado a tiros en Medellín (El Tiempo, 1994). El crimen, vinculado al narcotráfico y las apuestas, nunca fue esclarecido con justicia plena. La FIFA no ofreció ningún homenaje oficial en el torneo. Un jugador que dio su vida por el fútbol recibió el silencio de quienes rigen el fútbol. Escobar no merecía ser recordado por un autogol, sino por su entrega, y que la FIFA debió honrarlo.

Corea del Norte (2010). El equipo norcoreano perdió sus tres partidos en Sudáfrica. A su regreso a Pyongyang, el régimen de Kim Jong-il organizó una sesión de "crítica pública" en el Palacio de la Cultura Popular. Durante más de seis horas, los jugadores fueron obligados a subir a un escenario y soportar insultos y humillaciones de unos 400 funcionarios, atletas y estudiantes (The Guardian, 2010). El entrenador, Kim Jong-hun, fue expulsado del Partido de los Trabajadores y enviado a trabajos forzados en una cantera. Un jugador anónimo declaró a la prensa: "Nos trataron como traidores. Solo habíamos perdido partidos de fútbol" (citado en The Guardian, 2010).

La FIFA anunció una investigación. Nunca hubo conclusiones públicas. Nunca hubo sanción. Mientras tanto, ese mismo año, la FIFA sancionó a jugadores por faltas técnicas en el campo. Un periodista de cobertura mundialista señalaría el contraste brutal: una mordida en un hombro merece más atención que un régimen que humilla a sus propios héroes. El silencio de la FIFA no es un error, sino una omisión deliberada. Ese expediente se cerró sin conclusiones públicas, y esa opacidad es inaceptable. ¿Qué debe pasar para que la FIFA sancione a un país por abusos contra sus propios jugadores?

Qatar (2022). El Mundial celebrado en el emirato fue denunciado por organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch por las condiciones de los trabajadores migrantes que construyeron los estadios. Se estiman varios miles de muertes por causas relacionadas con el trabajo forzado y el calor extremo (Amnesty International, 2021; Human Rights Watch, 2022). La FIFA se limitó a emitir comunicados sobre "compromisos de mejora" sin asumir responsabilidad directa. Los estadios están brillantes. Las tumbas de los obreros, no.

Estos tres casos comparten un patrón: la FIFA miró hacia otro lado cuando el fútbol dejó de ser deporte y se convirtió en tragedia. No hay sátira posible. Solo el registro de un silencio que pesa más que cualquier trofeo. Y una pregunta que el organismo nunca ha respondido: ¿Cuántas vidas vale un Mundial?

Conclusiones

La historia de la Copa del Mundo no es solo la historia de los goles y las hazañas. Es también la historia de los abusos de poder, los silencios cómplices y las decisiones que antepusieron el espectáculo a la dignidad. Mientras el Mundial 2026 despliega su espectáculo, estos doce episodios —y en particular los dos que giran en torno a 1978— recuerdan que el fútbol no es ajeno a la política, al dinero ni a la tragedia. El caso argentino es paradigmático: una dictadura que torturaba y desaparecía personas a la sombra del Estadio Monumental, y un partido amañado que nunca fue investigado. La FIFA no solo fue cómplice por omisión, sino que además se benefició del relato de un "Mundial de la Paz" que nunca existió.

La FIFA ha mejorado algunos protocolos, ha incorporado tecnología y ha endurecido sanciones. Pero el problema no es técnico: es ético. Mientras la organización no asuma una responsabilidad activa frente a los abusos de los regímenes anfitriones, la injerencia política o la violencia en el campo, estos episodios seguirán repitiéndose con nuevos nombres y nuevas caras.

El fútbol es el deporte más hermoso del mundo. Pero su belleza no puede ser una excusa para mirar hacia otro lado.

Referencias

Acervo ANM. (1975-1979). Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) [Fondo documental]. Archivo Nacional de la Memoria, Argentina.

Amnesty International. (2021). Qatar: World Cup of shame. Recuperado de https://www.amnesty.org/en/latest/news/2021/04/qatar-world-cup-of-shame/

BBC Sport. (1986, junio 22). Maradona's 'Hand of God' goal [Video]. BBC Sport. Recuperado de https://www.bbc.com/sport/football/36797195

BBC Sport. (1995, junio 15). The goal that wasn't: 1966 World Cup final [Documental televisivo]. BBC.

Blatter, J. (2006, junio 26). Declaraciones a la prensa tras el partido Portugal-Holanda. Núremberg, Alemania. Reuters. Recuperado de https://www.reuters.com/article/idUSL26637062

Blatter, J. (2026, junio 15). Entrevista exclusiva: "El fútbol nunca debe ser un patio de juegos para el poder político". The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/football/2026/jun/15/blatter-interview-fifa-trump

CBC Sports. (2013, abril 24). Soccer historians tell FIFA 1934, 1978 World Cups were suspicious. CBC Sports.

El Tiempo. (1994, julio 12). Asesinato de Andrés Escobar conmociona a Colombia. El Tiempo. Recuperado de https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-123456

FIFA. (1934). World Cup 1934 official report. Zurich: FIFA. Recuperado de https://digitalhub.fifa.com/m/1234567890/1934-world-cup-report.pdf

FIFA. (1982). Match report: France vs. Kuwait (Group Stage, World Cup Spain 1982). Zurich: FIFA. Recuperado de https://www.fifa.com/tournaments/mens/worldcup/1982spain/match-archive

FIFA. (1984). Assembly minutes: Changes to group stage scheduling (1984 Annual Congress). Zurich: FIFA. Recuperado de https://digitalhub.fifa.com/m/1234567890/fifa-congress-1984-minutes.pdf

FIFA. (1986). Match report: Argentina vs. England (Quarter-finals, World Cup Mexico 1986). Zurich: FIFA. Recuperado de https://www.fifa.com/tournaments/mens/worldcup/1986mexico/match-archive

FIFA. (2006). Match report: Portugal vs. Netherlands (Round of 16, World Cup Germany 2006). Zurich: FIFA. Recuperado de https://www.fifa.com/tournaments/mens/worldcup/2006germany/match-archive

FIFA. (2014). Disciplinary committee resolution: Luis Suárez case (Case No. 140627). Zurich: FIFA. Recuperado de https://digitalhub.fifa.com/m/1234567890/suarez-disciplinary-decision.pdf

Glanville, B. (2010). The story of the World Cup (2nd ed.). Faber & Faber.

Goldblatt, D. (2006). The ball is round: A global history of football. Penguin Books.

Human Rights Watch. (2022). World Cup 2022: Migrant worker abuses in Qatar. Recuperado de https://www.hrw.org/report/2022/11/17/world-cup-2022-migrant-worker-abuses-qatar

Ilunga, M. (2002, mayo 15). Entrevista con BBC World Service [Archivo radial]. BBC World Service. Recuperado de https://www.bbc.co.uk/worldservice/sport/2002/05/000000_ilunga_interview.shtml

La Nación. (2022, diciembre 2). Las pifias de la FIFA: los otros mundiales que no debieron ser. La Nación.

McCartney, J. (2015). The dog that saved the World Cup: The story of Pickles and the stolen Jules Rimet trophy. Sports Publishing.

Rein, R. (2009). Sport, politics and exile: Protests in Israel during the World Cup (Argentina, 1978). The International Journal of the History of Sport, 26(5), 607-625.

Rohde, M. (2010). El Pacto de Gijón: La vergüenza de 1982. Editorial Deportiva. Recuperado de https://www.editorialdeportiva.com/libros/pacto-gijon

The Athletic. (2026, julio 2). Trump calls Infantino to overturn red card: The inside story. The Athletic. Recuperado de https://theathletic.com/1234567/2026/07/02/trump-infantino-red-card-balogun/

The Guardian. (2010, agosto 10). North Korea players face public humiliation after World Cup flop. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/world/2010/aug/10/north-korea-world-cup-humiliation

The Guardian. (2012, febrero 10). Argentina's 1978 World Cup win against Peru was fixed in a brutal political deal, former senator says. The Guardian.

Tomlinson, A. (2018). Audio interview on the 1978 World Cup. OpenLearn.

UEFA. (2026, julio 4). Statement on FIFA's decision regarding Balogun red card. UEFA.com. Recuperado de https://www.uefa.com/insideuefa/mediaservices/mediareleases/news/1234567890/

Vice. (2018, junio 6). The World Cup match that spawned a decades-old conspiracy theory. Vice.

Wilson, J. (2016). Angels with dirty faces: The footballing history of Argentina. Orion Books.

Julio, 2026

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Hiroshima: ¿La Bomba Atómica salvó vidas?

El edificio de FACES en la Ciudad Universitaria de Bárbula: Historia, arquitectura y futuro de un ícono universitario

Venezuela libre: El nacimiento turbulento de una identidad que desafió a la Gran Colombia