El pasillo principal de las áreas de la UC en el segundo piso del Centro Escorpio de Valencia, adornado con múltiples obras de arte. Fotografía: Fabián Robledo.
Un oasis de identidad visual y encuentro estético: La galería de la Universidad de Carabobo en el Centro Escorpio de Valencia
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Introducción
Hace pocas semanas, con motivo de una reunión de trabajo de tipo curricular, tuve la oportunidad de visitar los espacios de una galería artística pertenecientes a la Universidad de Carabobo. Esta se encuentra decorando las oficinas de la UC situadas en el segundo piso del Centro Escorpio, en la urbanización Prebo, al Norte de la ciudad de Valencia.
Centro Escorpio, ubicado en la urbanización Prebo de Valencia. En ese edificio funcionan un conjunto de dependencias de la UC. Fotografía: Fabián Robledo.Al haber llegado con suficiente antelación a la cita laboral, aproveché esos minutos previos para recorrer el lugar y capturar el registro fotográfico de las piezas, si bien condicionado por un tiempo sumamente limitado, y el cual comparto en ocasión de este artículo.
Póster que adorna el vestíbulo de la Planta Baja del Centro Escorpio, con el indicativo y el logotipo de la UC. Fotografía: Fabián Robledo.
Escultura en metal ubicada en el vestíbulo de entrada a la Planta Baja del Centro Comercial Escorpio. Fotografía: Fabián Robledo.
Al adentrarme en el espacio, advertí con preocupación que la rica muestra artística adolece de una ausencia institucional grave: carece de información museológica elemental y pertinente para el espectador.
Recepción y entrada al segundo piso del centro comercial scorpio, áreas de la UC donde el pasillo funciona como galería de arte. Fotografía: Fabián Robledo.
No existe un solo panel, cédula o tarjeta que describa el título de las obras, el nombre de sus autores ni el año de su ejecución. Esta carencia deja al visitante en una total orfandad respecto al contexto humano, temporal e histórico de la creación artística. Debido a la brevedad del tiempo de mi estancia, me resultó imposible indagar por cuenta propia con el amable y atento personal sobre la identidad de los creadores o el trasfondo de los objetos expuestos.
El pasillo central de las oficinas administrativas. Fotografía: Fabián Robledo.
Ante esto, considero urgente recomendar la implementación de un sistema de rotulación formal. La forma más conveniente para subsanar este vacío sería el diseño de fichas técnicas normalizadas, impresas en material rígido y minimalista, colocadas de manera uniforme al lado derecho de cada pieza, asegurando que la tipografía sea legible y no compita visualmente con el objeto artístico.
Obras de arte expuestas en el pasillo. Fotografía: Fabián Robledo.
Al observar el conjunto, el lector se encontrará en las líneas siguientes con un compendio de obras que transitan entre la abstracción geométrica y la exploración matérica, elementos recurrentes en la tradición visual de la región central del país. Sin embargo, más allá de la potencia individual de cada propuesta, mi amateur mirada no puede obviar las condiciones ambientales de las dependencias.
Obras de arte expuestas en el pasillo. Fotografía: Fabián Robledo.
La preservación a largo plazo de este patrimonio exige un control estricto de la iluminación, evitando la radiación ultravioleta sobre los soportes, así como un monitoreo constante de la humedad relativa y la temperatura para impedir la proliferación de hongos o la deformación de los materiales. Pese a estos posibles problemas técnicos y de documentación, mantengo una postura optimista en cuanto a que la conservación de tan valioso patrimonio pueda mejorarse.
La manifestación escultórica también está presente en la galería. Fotografía: Fabián Robledo.
El hecho de que la Universidad de Carabobo mantenga activo este núcleo cultural en productivas dependencias de gestión académica en una zona tan accesible de Valencia es un logro significativo. Con una inversión mínima en catalogación y un ajuste en los protocolos de conservación preventiva, esta galería puede transformarse en un referente museístico impecable para la comunidad, con el control de acceso correspondiente.
Una geométrica escultura de madera, de tipo no figurativo, adorna el pasillo. Fotografía: Fabián Robledo.
A continuación, se detalla el análisis formal de las piezas que integran la exhibición. A falta de la identificación formal del autor y el título de cada una de ellas, he decidido numerarlas secuencialmente de forma provisional, sin perjuicio de ir sustituyendo este indexado por los datos de autoría y catalogación correspondientes a medida que se encuentren disponibles. Una investigación en Internet no arrojó datos significativos sobre esas obras.
Obras de arte expuestas en el pasillo. Fotografía: Fabián Robledo.
Dicho esto, el lector encontrará a partir de este punto el documento fotográfico que logré levantar durante mi recorrido, acompañado en cada caso de una crítica personal orientada a plasmar las impresiones, lecturas plásticas y sensaciones estéticas que estimularon en mí las obras, y Qué es mi voluntad compartir.
Obra Nº 1
Fotografía: Fabián Robledo.
En este lienzo se observa una sugerente atmósfera lírica que dialoga directamente con el paisajismo abstracto del siglo veinte en Venezuela, evocando de manera sutil la sensibilidad cromática de maestros como Régulo Pérez o los pasajes de bruma de Armando Reverón, reinterpretados bajo una óptica contemporánea. La pieza recurre a una técnica mixta, posiblemente óleo diluido o acrílico combinado con aspersión y difuminado, logrando una textura porosa y granulada que satura el plano con una calidez casi atmosférica. La composición se organiza a partir de una paleta telúrica dominada por ocres, amarillos y verdes profundos, donde una silueta vegetal central, semejante a una palma o un brote tropical, emerge con trazos gestuales y radiales que dinamizan el espacio. En la zona inferior, sutiles veladuras oscuras sugieren agua o terreno firme, confiriendo estabilidad a una obra que oscila entre la figuración orgánica y la disolución abstracta de la naturaleza.
Obra Nº 2
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta pieza se inscribe plenamente dentro de la tradición geométrica y cinética de Venezuela, evocando la rigurosidad analítica de maestros como Carlos Cruz-Diez u Omar Carreño. La obra se estructura a partir de una retícula ortogonal precisa, resuelta mediante una técnica impecable de acrílico sobre madera o lienzo, donde líneas negras de grosor uniforme delimitan cuadrantes perfectos. El fondo está dominado por una vibración cromática sutil en tonos turquesa y verde azulado que modulan suavemente su intensidad a lo largo del plano. El foco dinámico se concentra en el centro, donde ciertos módulos rompen la monotonía mediante delicadas transiciones ópticas; se observan sutiles degradados que van del amarillo al violeta, y un cuadrante central de intenso fulgor asimilado entre el naranja y el rosa. Esta disposición no solo genera un ritmo visual sincopado, sino que activa el fenómeno de la inestabilidad óptica, donde el color parece flotar e irradiar luz propia más allá del soporte físico. A través de esta estricta organización matemática y sensible, la propuesta trasciende la bidimensionalidad, transformando la superficie en un campo de energía perceptivo y cinético.
Obra Nº 3
Fotografía: Fabián Robledo.
En este paisaje se aprecia una notable madurez técnica vinculada a la rica tradición gráfica venezolana, evocando la sensibilidad paisajística y el rigor lineal de maestros del grabado como Manuel Espinoza o Alirio Palacios. La obra delata una técnica de impresión serigráfica o litográfica de alta precisión, estructurada mediante la superposición de capas cromáticas limpias y tramas lineales que construyen volumen y perspectiva. La composición se organiza en planos sucesivos: un primer término denso de vegetación baja y dinámica, seguido por franjas horizontales de sabana o marismas en tonos verdes y azulados que guían la mirada hacia unas colinas distantes bajo un cielo diáfano. Un elemento conceptual clave es el sutil recuadro geométrico impreso en el centro, el cual funciona como una ventana interna o encuadre racional que interrumpe la organicidad del paisaje, forzando una reflexión sobre la mirada del espectador y la representación de la naturaleza. A través de este diálogo entre la mimesis del entorno llanero o costero y la abstracción lineal, la pieza trasciende el mero naturalismo para convertirse en una meditación poética sobre el espacio, la luz y la estructura geométrica del territorio.
Obra Nº 4
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta pieza representa un notable exponente de la herencia del abstraccionismo geométrico y el constructivismo, movimientos fundamentales en la modernidad artística venezolana. La composición se estructura mediante una rigurosa retícula ortogonal donde predominan líneas verticales blancas que fragmentan un fondo neutro y oscuro, generando un ritmo arquitectónico y secuencial. La tensión dinámica de la obra se logra mediante el uso estratégico del color y la forma. Dos grandes cuadrados rojos descentrados rompen la monotonía lineal, creando un juego bidimensional de pesos visuales. En la franja superior, una secuencia de cuadrículas —dos rojas y cuatro gris-azuladas— establece un contrapunto cromático y geométrico que dialoga directamente con los elementos flotantes inferiores. Formalmente, el lenguaje visual evoca la precisión matemática y el rigor conceptual de maestros de la vanguardia nacional como Alejandro Otero (en su etapa de las "Líneas de color sobre fondo blanco") o el cinetismo analítico de Jesús Soto. El tratamiento formal de la superficie sugiere una ejecución limpia, probablemente en acrílico u óleo sobre madera, donde la sobriedad técnica y la pureza de las formas invitan a una contemplación puramente estética, desprovista de figuración, celebrando el orden, el espacio y la vibración cromática.
Obra Nº 5
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta composición gráfica revela un riguroso dominio técnico donde la superposición de planos y la sutileza cromática construyen una atmósfera de honda introspección lírica. Mediante un depurado uso de la serigrafía o la litografía, combinando gradaciones de azul y verde con reservas de luz geométrica, la pieza transita magistralmente entre la abstracción y una figuración velada de corte paisajístico. Una ventana central, que opera como un vacío luminoso, subvierte la perspectiva tradicional al capturar líneas orgánicas y filamentosas que emulan rastrojos o elementos botánicos en suspensión, sugiriendo una constante tensión entre el orden racional del marco y la libertad de la naturaleza. Los sutiles trazos gestuales en la zona superior evocan formaciones geográficas lejanas o bandadas en vuelo, aportando un dinamismo poético que dialoga de forma directa con la tradición del paisajismo abstracto venezolano. La obra se presenta así como un umbral donde el color no es mero ornamento, sino el vehículo primordial para explorar la memoria, el espacio y la vibración de la luz, logrando un equilibrio cromático impecable que invita al espectador a sumergirse en una dimensión suspendida en el tiempo.
Obra Nº 6
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta notable pieza gráfica se inscribe con maestría dentro de la corriente ingenua o naïf, proyectando una visión idílica y exuberante de la geografía tropical. A través de una técnica serigráfica de impecable pulcritud, caracterizada por tintas planas y contornos firmemente delineados, la composición prescinde de la perspectiva tradicional para construir un espacio bidimensional de gran riqueza rítmica. La densa vegetación se organiza en planos sucesivos donde las palmeras estilizadas actúan como ejes verticales, mientras que el follaje en primer plano enmarca una fauna vibrante de aves exóticas en tonos primarios y secundarios. El felino blanco, mimetizado en la fronda, introduce un elemento de misterio y sutil tensión dramática que contrasta con la aparente quietud del paisaje. La obra trasciende la mera ilustración botánica para convertirse en un manifiesto poético sobre la pureza originaria del entorno natural venezolano, utilizando una paleta dominada por verdes profundos y contrastes cromáticos limpios que celebran la luz y la biodiversidad con una sensibilidad geométrica intuitiva, transformando el lienzo en un refugio atemporal de armonía orgánica.
Obra Nº 7
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta imponente pieza escultórica constituye una ingeniosa exploración de la abstracción geométrica y el constructivismo orgánico a través de la talla directa en madera noble. La obra se articula mediante un dinamismo rotacional y cerrado, configurando un marco cuadrangular hueco donde la materia parece torsionarse y plegarse sobre sí misma en un perpetuo movimiento centrípeto. Técnicamente, resalta el contraste impecable entre la tersura pulida de las superficies convexas y las aristas agudas que emergen de los ensambles, proyectando filosas puntas triangulares hacia el espacio exterior e interior que quiebran la rigidez de la forma pura. El tratamiento del material revela un profundo respeto por la fibra y la veta natural, cuya calidez orgánica se fusiona con el rigor matemático del diseño. El vacío central no funciona como una ausencia, sino como un elemento activo y generador de tensión volumétrica que atrapa la luz y reconfigura el entorno. De este modo, la escultura se inserta en los postulados fundamentales de la modernidad artística venezolana, al conciliar la abstracción geométrica de vanguardia con la fuerza telúrica de los materiales locales, logrando un equilibrio monumental entre la agresividad de las puntas y la sensualidad de las curvas.
Obra Nº 8
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta obra gráfica ofrece una mirada contemporánea sobre la arquitectura popular y el paisaje costero venezolano a través de un enfoque formal sintético y depurado. Mediante una cuidada técnica de serigrafía, construida a partir de tintas planas y campos de color sólidamente definidos, la escena captura la fisonomía de un pueblo típico con un rigor geométrico casi constructivista. La perspectiva forzada de las fachadas blancas de estilo colonial, acentuada por las líneas angulares de los aleros y las aceras amarillas, guía dinámicamente la mirada hacia el fondo de la composición, donde las montañas verdes recortan limpiamente un cielo plano y luminoso. Los carteles comerciales y el piso de la calle introducen elementos de la gráfica popular urbana, dotando a la pieza de un carácter testimonial y nostálgico sin caer en el costumbrismo tradicional. Destaca la maestría en la simplificación de las sombras proyectadas sobre las paredes, resueltas con matices sutiles de gris y azul que intensifican la sensación de una luz cenital cegadora. Así, la obra equilibra magistralmente la identidad vernácula con la modernidad estética, transformando un rincón cotidiano en un espacio suspendido de rigurosa pureza formal.
Obra Nº 9
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta obra gráfica se inscribe con maestría dentro de la rica tradición del paisaje lírico venezolano, fusionando una depurada técnica serigráfica con una visión poética de la naturaleza tropical. Mediante el uso de tintas planas y contornos nítidos, la composición construye un entorno nocturno de profunda atmósfera azul, donde el cielo estrellado y el espejo de agua se integran en un continuum espacial. El primer plano lo domina una meticulosa representación botánica de manglares, cuyas raíces aéreas y follaje se resuelven con sutiles variaciones cromáticas, revelando un riguroso dominio del dibujo y la separación de capas propia de la gráfica moderna. El centro narrativo y visual lo constituye el vuelo dinámico de tres corocoras rojas, cuyo pigmento intenso actúa como un estallido vital frente al frío nocturno. Estas aves no son meros ornamentos, sino símbolos de libertad y movimiento que puntúan el espacio sagrado del paisaje llanero o costero. La obra trasciende la simple ilustración para convertirse en un himno a la biodiversidad y la luz del trópico, logrando un equilibrio entre la precisión descriptiva y la evocación emocional, características fundamentales de la modernidad figurativa en Venezuela.
Obra Nº 10
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta contundente pieza tridimensional se erige como un sólido testimonio de las investigaciones geométricas y constructivistas que definieron la vanguardia abstracta venezolana. Estructurada formalmente como un tríptico integrado, la obra emplea el relieve en madera policromada para articular una estricta ortogonalidad mediante planos yuxtapuestos de colores saturados. Los campos principales en violeta, azul celeste y rojo se ven dinamizados por una alternancia rítmica de módulos cuadrangulares blancos que operan como vacíos ópticos, interrumpiendo la masa cromática y generando un juego vibratorio de simetrías y asimetrías calculadas. Las bandas horizontales superiores e inferiores en amarillo, naranja y verde actúan como anclajes estructurales, mientras que las finas líneas negras en relieve delimitan el espacio con rigor arquitectónico. Técnicamente, la aplicación pulcra del pigmento resalta la bidimensionalidad de cada plano, anulando cualquier rastro de la mano del artista en favor de una pureza puramente racional. La obra trasciende la simple decoración para explorar las leyes perceptivas del color y el espacio, transformando la rigidez del plano en un dinámico sistema de tensiones visuales que dialoga directamente con el legado constructivo y óptico del arte moderno.
Obra Nº 11
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta potente pieza sobre papel se inscribe en la tradición del dibujo expresionista y la sátira social dentro del arte moderno venezolano. Ejecutada con tinta china mediante plumilla y pincel, la obra destaca por un trazo vigoroso, gestual y deliberadamente caótico que deforma las figuras para acentuar su carga psicológica. La composición presenta personajes masculinos de aspecto robusto y atuendos formales o militares, cuyas manos entrelazadas y miradas ocultas bajo sombreros sugieren dinámicas de poder, burocracia o conspiración. El uso de densas manchas de tinta negra pura en los zapatos, los fondos y las tramas de estrellas inferiores genera un violento contraste con las zonas de líneas finas y rayados cruzados, aportando volumen y una atmósfera de opresión. Las figuras abocetadas en el fondo, resueltas con un grafismo más etéreo y nervioso, amplían la narrativa hacia un entorno masivo o de juicio público. La técnica del dibujo se convierte aquí en una herramienta de disección social, donde la aparente espontaneidad del trazo oculta un riguroso sentido del ritmo visual, logrando capturar con crudeza la ironía, la pesadez institucional y la tensión política de una época.
Obra Nº 12
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta composición de corte figurativo aborda la escena cotidiana con una profunda carga psicológica y un riguroso manejo técnico, característicos de las corrientes del nuevo realismo en el arte moderno venezolano. Ejecutada mediante una técnica mixta que combina el dibujo a lápiz de color o pastel con finas tramas de rayado cruzado, la pieza construye una atmósfera de penumbra y quietud en un salón de billar. La disposición de los dos personajes masculinos establece una tensa dialéctica visual: uno de perfil, sosteniendo el taco y aplicando tiza, y el otro de espaldas en primer plano, sirviendo como un anclaje volumétrico que invita al espectador a coparticipar en la escena. La paleta de colores, dominada por verdes institucionales y tonos tierras vibrantes en la vestimenta, acentúa el carácter mundano y melancólico del entorno. El ábaco o marcador de bolas en la pared funciona como un elemento geométrico que equilibra la composición. La maestría de la obra radica en su capacidad para congelar un instante banal, transformándolo a través de una luz dirigida y un dibujo pulcro en una meditación silenciosa sobre la masculinidad, el azar y la introspección urbana.
Obra Nº 13
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta obra, una litografía policroma de formato horizontal, constituye un notable testimonio de la abstracción lírica dentro de la gráfica moderna venezolana. Mediante una depurada técnica de superposición de capas y el uso de tintas planas y veladuras, la composición logra una vibración lumínica única que trasciende la mera representación paisajística. El primer plano se rinde a una mancha gestual y exuberante de formas florales y orgánicas, resuelta con pinceladas anchas, discontinuas y contornos difusos que generan un ritmo visual caótico y vital. Esta densidad material se diluye gradualmente en los planos medios, donde sutiles figuras humanas y árboles estilizados sirven de anclaje figurativo hacia la profundidad de las montañas onduladas que recortan un cielo matizado de tonos rosados y grises. El color no se confina a la línea, sino que actúa como el verdadero generador de espacio y atmósfera. La pieza transita magistralmente entre la evocación telúrica de un entorno vernáculo y la abstracción pura, convirtiéndose en un umbral donde la naturaleza es interpretada como pura sensación cromática, luz y movimiento suspendidos en el tiempo, reflejando una sensibilidad poética arraigada en el territorio.
Obra Nº 14
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta cautivadora pieza de formato horizontal se presenta como una vibrante celebración de la luz y el color, enmarcada en la rica tradición del paisajismo lírico y abstracto venezolano. A través de una depurada técnica litográfica o serigráfica de impecable registro, la obra construye una perspectiva aérea que descompone el horizonte en un tapiz geométrico e infinito de campos cultivados. El primer plano y los planos medios estallan en una profusión de pequeños trazos gestuales y yuxtapuestos de color puro que emulan flores silvestres, creando un ritmo óptico de gran dinamismo que transita magistralmente entre la figuración de una pradera y el puntillismo abstracto. La transición cromática avanza desde los tonos cálidos, rojizos y amarillos del frente hacia la serenidad de los verdes intensos en el fondo, culminando en un cielo amplio y atmosférico de azules suaves que diluye la línea del horizonte. La obra trasciende la mera copia de la naturaleza para capturar su esencia vibratoria, convirtiendo la inmensidad del territorio llanero o andino en una meditación poética sobre la fertilidad, la luz tropical y la poética del espacio infinito, consolidando un equilibrio cromático monumental que deleita la mirada.
Obra Nº 15
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta enérgica pintura se adentra plenamente en los códigos del informalismo y el expresionismo abstracto, corrientes de gran trascendencia en la evolución del arte moderno venezolano. Ejecutada mediante una técnica mixta que combina óleo, acrílico y el uso rítmico del pastel graso, la obra destaca por una pincelada matérica, gestual y de marcado carácter caligráfico. La superficie es un campo de batalla visual donde líneas negras y nerviosas cortan diagonalmente el plano, sugiriendo la violencia y la velocidad de un torbellino o una tempestad natural. La paleta de colores confronta tonos fríos, como verdes esmeralda y azules profundos en la zona superior, con densas manchas de tierras, ocres y rojos hacia la base, creando una fuerte tensión tectónica. Texturas raspadas y transparencias intencionales revelan capas subyacentes, otorgando una dimensión arqueológica al lienzo. La composición prescinde de cualquier referente figurativo directo para transformarse en una pura descarga de energía psíquica y física. De este modo, la obra evoca la fuerza indómita de los elementos y la geografía tropical de una manera visceral, convirtiendo el acto de pintar en un testimonio existencial y poético de pura vibración material.
Obra Nº 16
Fotografía: Fabián Robledo.
Esta pieza se presenta como un póster de reproducción litográfica comercial que rinde homenaje a un ícono del postimpresionismo europeo, desmarcándose de la producción vanguardista autóctona. La imagen original, reproducida mediante cuatricromía industrial sobre papel satinado, destaca por un uso expresivo del color y una pincelada empastada, sinuosa y rítmica que delinea las flores con una fuerte influencia de la estampa japonesa. La composición satura el plano pictórico eliminando el horizonte, concentrando la mirada en la tensión entre los lirios azules y un único ejemplar blanco que introduce un punto de quiebre psicológico y lumínico. En la parte inferior, la inclusión de tipografía institucional y comercial con el nombre del pintor y el título de la obra original explicita su naturaleza decorativa y de difusión masiva. Técnicamente, la reproducción gráfica busca emular la vibración lumínica y la textura del óleo original, sirviendo como puente pedagógico que democratiza el acceso a la historia del arte universal dentro de las colecciones locales, evidenciando cómo la modernidad venezolana también incorporó y consumió estos referentes globales en sus espacios de diseño gráfico y reproducción técnica.
Conclusiones
La galería de la Universidad de Carabobo en Centro Escorpio de Prebo constituye un valioso oasis cultural inserto en la dinámica urbana y comercial de Valencia, consolidándose como un recurso artístico que descentraliza el acceso al hecho estético fuera de los campus tradicionales.
El conjunto de piezas exhibidas demuestra una riqueza plástica que merece ser rescatada del anonimato institucional mediante políticas de gestión cultural efectivas. La viabilidad de este espacio depende de la articulación entre la academia y las prácticas museísticas contemporáneas, asegurando que la custodia del patrimonio no se limite a la simple exposición física, sino que trascienda hacia la investigación, la catalogación y el diálogo pedagógico permanente con la sociedad que la rodea.
Junio, 2026.
Gracias Fabian
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