Venezuela profunda: un viaje al corazón fósil del país, cuando los reptiles dominaban sus tierras y mares
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Resumen
Lejos de la imagen de un país eternamente tropical y petrolero, Venezuela guarda bajo sus pies un registro fósil de gran valor científico. En sus rocas yacen los restos de criaturas que dominaron la Tierra mucho antes de que los primeros humanos pisaran el continente americano. Este artículo emprende un viaje paleontológico a través del tiempo geológico venezolano, explorando los hallazgos de reptiles extintos que han colocado al país en el mapa de la ciencia mundial. Desde los primeros dinosaurios del Jurásico, que desafiaron las teorías más arraigadas sobre la distribución de estos animales, hasta los gigantescos reptiles marinos que surcaron los océanos del Cretácico y los cocodrilos de tamaño descomunal que acechaban en los pantanos del Mioceno, el registro de estos reptiles es también el testimonio de un territorio en constante transformación. El artículo culmina con una mirada al futuro de la paleontología en el país, un campo de estudio que, como los propios fósiles que estudia, tiene un potencial inexplorado y fascinante.
1. Introducción
Hay quienes creen que la historia de Venezuela comienza con la llegada de los españoles o, a lo sumo, con las primeras civilizaciones indígenas. Pero el pasado profundo, el que está escrito en capas de caliza y arenisca, es mucho más antiguo y, si se permite la licencia, mucho más salvaje. Bajo el asfalto de las carreteras y los pastos de las sabanas, reposan los restos de un mundo perdido: el mundo de los reptiles gigantes que una vez llamaron a este rincón de Sudamérica su hogar.
Hasta hace relativamente poco, el mapa mundial de los dinosaurios tenía un gran vacío en el norte de Sudamérica. Las teorías imperantes hasta hace pocos años sugerían que el centro del supercontinente Pangea, donde se ubicaba la Venezuela primigenia, era un desierto infernal que, según se creía, resultaba demasiado árido para albergar a vertebrados terrestres de gran tamaño (Barrett et al., 2014). Sin embargo, la ciencia, como toda disciplina empírica, se fundamenta en la evidencia, y las evidencias llegaron para modificar esas concepciones. En la última década, un puñado de investigadores, muchos de ellos venezolanos, han realizado descubrimientos que aportan nuevas perspectivas al conocimiento científico y que invitan a mirar el paisaje andino con otros ojos.
En las siguientes páginas, se realizará un recorrido que comenzará hace más de 200 millones de años. Se examinará cómo los primeros dinosaurios del país se abrieron paso en un paisaje de llanuras aluviales y bosques húmedos, modelado por la actividad tectónica que acompañaba al lento desgarramiento del supercontinente Pangea. Se navegará por los mares del Cretácico, donde reptiles marinos de proporciones asombrosas acechaban a sus presas. Y, finalmente, se explorarán los pantanos de la era del Mioceno, donde cocodrilos gigantes hacían temblar la tierra con sus pasos. Este recorrido muestra cómo la ciencia permite reconstruir los ecosistemas del pasado y comprender mejor la historia geológica del territorio.
2. Los pioneros del Jurásico, descubriendo a los primeros dinosaurios venezolanos
Durante décadas, la paleontología de vertebrados en Venezuela fue un territorio prácticamente virgen. Los pocos hallazgos se limitaban a fósiles de dientes aislados y huesos fragmentarios que apenas susurraban historias de un pasado remoto. Pero en el estado Táchira, en la región de La Grita, los susurros se convirtieron en un grito que resonó en las revistas científicas internacionales. Aquí, en las rocas de la Formación La Quinta, un equipo de investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), junto a colegas de Brasil, Alemania, Reino Unido y Suiza, realizó un descubrimiento que cambiaría para siempre la comprensión del pasado jurásico del país (Langer et al., 2014).
Su hallazgo no fue uno, sino dos nuevos géneros y especies de dinosaurios, los primeros formalmente descritos en Venezuela. Al primero, un herbívoro de constitución grácil y apenas un metro de longitud, lo bautizaron como Laquintasaura venezuelae, en honor a la formación geológica que guardaba sus huesos (Barrett et al., 2014). Se trataba de un ornitisquio, un dinosaurio con "cadera de ave", pariente lejano de los famosos Triceratops y Stegosaurus. Sus restos, abundantes y bien conservados, sugerían que estos animales vivían en grupos, una idea que, como un buen misterio, todavía requiere de más estudios para ser confirmada (Barrett et al., 2014).
Al segundo, un depredador de mirada desafiante y menos de 2 m de tamaño, le llamaron Tachiraptor admirabilis, haciendo alusión al estado Táchira, a su naturaleza carnívora y como un homenaje a la Campaña Admirable de Simón Bolívar, iniciada en Los Andes, durante la Guerra de Independencia (Langer et al., 2014).
Tachiraptor admirabilis, que vivió hace unos 201 millones de años, era un terópodo, el mismo grupo que incluye a los temibles Tyrannosaurus y a las modernas aves. Con una tibia derecha y parte de la pelvis como principales vestigios, los paleontólogos han podido deducir que se trataba de un animal bípedo y de constitución ligera, un ágil cazador que probablemente compartía el hábitat, una llanura aluvial o un bosque húmedo de tierras bajas, con la herbívora Laquintasaura (Langer et al., 2014). A semejanza de un pequeño lord inglés en su propiedad, el Tachiraptor debió de sentirse el rey de su pequeño dominio, acechando entre los helechos gigantes de un mundo que entonces no conocía la belleza y colores de las flores.
Tachiraptor admirabilis. Ilustración generada con asistencia de Microsoft Copilot. Concepto y dirección: Fabián Robledo.La importancia de estos descubrimientos, publicados en revistas de alto impacto en 2014, trasciende los nombres exóticos (Barrett et al., 2014; Langer et al., 2014). Antes de ellos, el norte de América del Sur era un punto ciego en el mapa evolutivo de los dinosaurios. Su hallazgo refutó de manera contundente las viejas teorías que sostenían que el centro de Pangea era un desierto hostil para la vida de estos animales (Barrett et al., 2014). Más aún, demostraron que la región ecuatorial de Pangea, lejos de ser un páramo, albergaba un "cinturón húmedo estacional" que resultó ser un escenario clave para la evolución y diversificación temprana de los dinosaurios (Langer et al., 2014). Como un eslabón perdido en una cadena, Laquintasaura y Tachiraptor demostraron que los dinosaurios no solo sobrevivían, sino que prosperaban en una región que los científicos creían yerma. Fue, en palabras llanas, un golpe sobre la mesa de la paleontología global. Como el investigador Omar Sumoza del IVIC lo ha señalado, "Venezuela durante Pangea estaba en el centro de ese supercontinente... estos descubrimientos permitieron abolir esa creencia" sobre su aridez (Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, 2026).
3. El mar del Cretácico, la era de los reptiles marinos
Si los dinosaurios del Táchira hablan de una tierra primigenia, un hallazgo más reciente sumerge al lector en un océano perdido. En octubre de 2025, un equipo de científicos venezolanos, nuevamente liderado por el IVIC y con el apoyo de la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Fundacite) Táchira, la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM) y el Ministerio de Ciencia y Tecnología, anunció un descubrimiento que ha causado gran revuelo (Prensa Presidencial Venezuela, 2025; Xinhua Español, 2025).
En el municipio Lobatera, también en el estado Táchira, encontraron los restos fósiles de un ictiosaurio (aún no identificado a nivel de género y especie), un reptil marino extinto que dominó los océanos durante gran parte de la Era Mesozoica (Prensa Presidencial Venezuela, 2025). Se prevé realizar estudios adicionales para determinar si los restos corresponden a un taxón (grupo de organismos emparentados) ya conocido o a una nueva especie (Xinhua Español, 2025). El espécimen data del período Cretácico, hace aproximadamente 100 millones de años (Xinhua Español, 2025). Se estima que en su etapa adulta, esta criatura podría haber alcanzado los 25 m de longitud (Prensa Presidencial Venezuela, 2025).
"Este es el primer ejemplar de ictiosaurio encontrado en territorio venezolano", afirmaron los científicos en la presentación del hallazgo (Xinhua Español, 2025, párr. 4). El descubrimiento es un hito que no solo amplía el registro fósil del país, sino que arroja luz sobre la distribución de la megafauna marina en el Mesozoico suramericano. Rodolfo Sánchez, especialista en Geociencias, explicó que la expedición abarcó localidades de La Grita y Lobatera, donde fue encontrado el cráneo del ictiosaurio, confirmando que "el occidente venezolano formó parte de los primeros territorios del norte de Suramérica habitados por grandes reptiles marinos" (Prensa Presidencial Venezuela, 2025, párr. 7). La presencia de un ejemplar juvenil sugiere que estas aguas poco profundas del Cretácico pudieron haber funcionado como un área de cría o como un hábitat rico en nutrientes para estos grandes depredadores. El mar del Cretácico en el Táchira era una vía de comunicación entre el océano Pacífico y el Atlántico, lo que explica la presencia de ictiosaurios y su dispersión por el margen occidental de Gondwana.
Este descubrimiento pinta una imagen vívida y casi poética de un Táchira que no era la tierra montañosa que se conoce hoy, sino el lecho de un mar poco profundo, anterior a la formación de la Cordillera de los Andes (Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, 2026). Los estudios litológicos y geoquímicos realizados por el IVIC sugieren que la región era una planicie fluvial con frecuentes inundaciones, una condición que favoreció la preservación de los restos de estas criaturas marinas (Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, 2026). De repente, el paisaje andino se transforma en un escenario donde se mezclan los rugidos de los dinosaurios terrestres con el chapoteo de los colosales ictiosaurios en un mar prehistórico. Es una imagen digna de la imaginación de un novelista, pero confirmada por la evidencia científica.
4. El Cenozoico, el reino de los cocodrilos gigantes
El registro de los reptiles extintos en Venezuela no termina con el fin de la era de los dinosaurios. Si el Mesozoico fue el tiempo de los dinosaurios y los reptiles marinos, el Cenozoico trajo consigo su propia cohorte de gigantes, esta vez en los pantanos y ríos de una tierra que comenzaba a adquirir su forma actual. La región de Urumaco, en el estado Falcón, se ha convertido en una ventana privilegiada a esta era, específicamente al período Mioceno, hace unos 10 millones de años. La Formación Urumaco, que pertenece a la Cuenca de Falcón (una cuenca formada por la actividad tectónica de los Andes), era entonces una vasta llanura costera surcada por ríos y manglares, un ecosistema exuberante y peligroso.
Los depósitos de la Formación Urumaco han devuelto a la luz una fauna de reptiles de proporciones que desafían la imaginación. Se han encontrado restos de cocodrilos gigantes, como el Purussaurus mirandai, una especie descrita en 2006 cuyo nombre honra al prócer de la independencia Francisco de Miranda (Aguilera et al., 2006). Este coloso, que podía alcanzar los 9 m de longitud y pesar hasta tres toneladas, es uno de los cocodrilos más grandes conocidos, superado solo por Purussaurus brasiliensis y Deinosuchus (Aguilera et al., 2006). Su cráneo masivo y sus dientes robustos sugieren que se alimentaba de presas de gran tamaño, como tortugas y mamíferos acuáticos. Junto a él, se han encontrado restos de otros cocodrilos gigantes como Mourasuchus, un caimán de hocico ancho y aplanado que probablemente se alimentaba filtrando pequeños animales del agua, lo que indica una partición de nichos ecológicos entre las distintas especies de cocodrilos que coexistían en el Mioceno de Urumaco.
Purussaurus mirandai. Ilustración generada con asistencia de Microsoft Copilot. Concepto y dirección: Fabián Robledo.Junto a los cocodrilos gigantes, se han descubierto tortugas de un tamaño igualmente impresionante, auténticas islas vivientes de caparazón que se desplazaban lentamente por los cuerpos de agua. La más famosa de estas es la tortuga gigante Stupendemys geographicus, descubierta en la década de los años sesenta por una expedición venezolana-norteamericana financiada por la National Geographic (Wood, 1976). Su caparazón, con 3,3 m de longitud por 2,1 m de ancho, alcanzaba un tamaño similar al de un moderno automóvil compacto, lo que la convierte en la tortuga de agua dulce más grande conocida hasta ahora (Wood, 1976).
Stupendemys geographicus. lustración generada con asistencia de Microsoft Copilot. Concepto y dirección: Fabián Robledo.Junto a los cocodrilos y tortugas gigantes, los depósitos de Urumaco y la Formación Socorro han revelado la presencia de serpientes extintas. Entre ellas se encuentra Colombophis sp., un género de serpientes "primitivas" del Mioceno que habitaba los ecosistemas tropicales húmedos de la región y que, según los estudios, probablemente se movía y alimentaba en ambientes semiacuáticos (Head et al., 2006; Encyclopedia of Life, s.f.). La presencia de estas serpientes, junto a los grandes reptiles, dibuja un escenario de exuberancia y diversidad biológica que hoy resulta difícil de imaginar.
Colombophis sp. llustración generada con asistencia de Microsoft Copilot. Concepto y dirección: Fabián Robledo.Este conjunto de reptiles gigantes no tiene un equivalente moderno. La Formación Urumaco representa un ecosistema de humedales tropicales sin parangón, comparable en su singularidad a otros grandes depósitos del Mioceno en el norte de Sudamérica (como la Formación Pebas en Perú), y constituye un laboratorio natural excepcional para estudiar los límites de la adaptación y la evolución en un mundo de megafauna. Estos reptiles, junto a los parientes terrestres de los perezosos gigantes y los armadillos del tamaño de un automóvil, conformaban un ecosistema que no tenía nada que envidiar a las llanuras del Serengeti actual. Este período representa la "edad de oro" de los reptiles venezolanos en el Cenozoico, un testimonio de la exuberancia de la vida antes de la llegada de las glaciaciones que cambiarían el rostro del planeta.
La extinción de estos gigantes se atribuye a los cambios climáticos y al enfriamiento global que ocurrieron hacia finales del Mioceno, que transformaron los ecosistemas tropicales y redujeron los hábitats de humedales. La investigación en esta zona sigue siendo fundamental, y cada nueva temporada de campo promete sorpresas que iluminan aún más este fascinante capítulo del pasado geológico nacional.
5. El futuro está en el pasado, potencialidades de la paleontología venezolana
Los hallazgos en el Táchira y el potencial de regiones como Falcón son solo la punta del iceberg de lo que el subsuelo venezolano podría ofrecer. El país está salpicado de yacimientos paleontológicos de gran valor científico que apenas han comenzado a ser explorados. Este potencial ha sido reconocido por diversas instituciones científicas, que subrayan la importancia de continuar con las investigaciones en el territorio nacional (Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, 2026).
El estado actual de las investigaciones es prometedor, aunque no exento de desafíos. El IVIC, a través de su Laboratorio de Paleontología, se ha consolidado como el principal motor de estos estudios, trabajando en la preparación de especímenes y en el catálogo del material resguardado en sus colecciones (Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, 2026). La colaboración con universidades y centros de investigación internacionales ha sido clave para el éxito de los descubrimientos, demostrando que la ciencia es un esfuerzo global. Sin embargo, la inversión en infraestructura y en la formación de nuevas generaciones de paleontólogos venezolanos es una asignatura pendiente que debe ser priorizada para que el país pueda explotar todo su potencial.
La continuidad de estos estudios no solo es importante para engrosar los archivos de la ciencia, sino también para comprender la historia geológica y climática de Venezuela. Al estudiar los ecosistemas del pasado, es posible obtener claves sobre cómo el planeta ha respondido a grandes cambios ambientales, información que resulta de vital importancia en la actual. Los fósiles no son solo rocas de minerales que emulan huesos petrificados; son registros de antiguos climas, de extinciones masivas y de la resiliencia de la vida. En cada capa de roca hay una lección esperando ser leída.
6. La academia del pasado, centros de estudio y formación en paleontología en Venezuela
Para consolidar el potencial paleontológico del país, resulta fundamental contar con instituciones dedicadas a la investigación y la formación de nuevos científicos. Aunque la carrera de paleontología como pregrado no ha existido tradicionalmente en Venezuela, la creciente importancia de los descubrimientos ha impulsado su desarrollo académico. Recientemente, se ha anunciado la próxima incorporación de la carrera de Paleontología a la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán, con el objetivo de elevar la investigación en el estudio de las especies que habitaron el territorio nacional (Universidad Nacional de las Ciencias, 2025).
El principal centro de investigación en la materia es el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) , a través de su Centro de Ecología y el Laboratorio de Paleontología. Este laboratorio, único en su tipo en el país, se dedica al estudio de los vertebrados fósiles del Cenozoico del extremo norte de América del Sur, analizando patrones biogeográficos y bioestratigráficos en estratos del Mioceno, Plioceno y Pleistoceno (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, s.f.). Es el espacio donde se han gestado los descubrimientos más importantes de las últimas décadas, y funciona como el núcleo de la actividad paleontológica nacional. Además, cuenta con una colección paleontológica que resguarda y preserva el patrimonio fósil del país (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, s.f.).
Para aquellos interesados en iniciarse en esta disciplina, el camino tradicional ha sido cursar un pregrado en Biología, Geología o Antropología en universidades venezolanas, para luego especializarse a través de estudios de posgrado en el país o en el extranjero. Las instituciones que ofrecen estas carreras incluyen:
- Biología: Universidad del Zulia (LUZ), Universidad de Oriente (UDO), Universidad de los Andes (ULA), Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), Universidad Simón Bolívar (USB) y Universidad de Carabobo (PaleoVenezuela, 2013).
- Geología: Universidad de Oriente (UDO) y Universidad Central de Venezuela (UCV) (PaleoVenezuela, 2013).
- Antropología: Universidad Central de Venezuela (UCV) y Universidad del Zulia (LUZ) (PaleoVenezuela, 2013).
El IVIC, a través de su laboratorio, también impulsa la formación y captación de talento humano en áreas como excavación, análisis y conservación de fósiles, aunque el desarrollo de una "academia de paleontología" plenamente consolidada en el país sigue siendo un objetivo a largo plazo (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, s.f.). De igual manera, existen yacimientos de gran importancia que han sido estudiados por investigadores de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM) en el estado Falcón. La reciente iniciativa de crear la carrera en la Universidad Nacional de las Ciencias apunta a llenar este vacío y a ofrecer una formación más directa y especializada en la disciplina (Universidad Nacional de las Ciencias, 2025).
Conclusiones
Se ha viajado desde un Táchira jurásico, donde los primeros dinosaurios del norte de Sudamérica desafiaban las leyes de la biogeografía, hasta un océano cretácico surcado por ictiosaurios que podrían rivalizar en tamaño con cualquier ballena moderna. Se han vislumbrado pantanos del Mioceno dominados por cocodrilos gigantes, cuyo rugido, si lo tuvieran, haría estremecer el suelo de Falcón. En cada uno de estos escenarios, la ciencia, con la paciencia de un orfebre, ha ido desenterrando las joyas de un patrimonio que es de Venezuela, pero que trasciende sus fronteras.
La paleontología en el país, como un explorador victoriano en tierras desconocidas, se encuentra en un momento de descubrimiento y de definición. Los hallazgos de los últimos años han puesto a Venezuela en el mapa mundial de la paleontología, pero el camino por recorrer es todavía largo y lleno de promesas. Cada expedición, cada capa de sedimento removida, tiene el potencial de reescribir una parte de la historia de la Tierra.
Al cerrar este artículo, se invita al lector a levantar la vista de estas páginas y mirar el paisaje que le rodea, ya sea la majestuosa cordillera de los Andes o las planicies costeras de Falcón. Bajo esa aparente calma, yace el registro de un mundo perdido, un mundo de gigantes que espera pacientemente a que se les siga descubriendo. Y recuérdese: los yacimientos paleontológicos son patrimonio de la humanidad que merecen ser protegidos y conservados para las futuras generaciones.
Nota del autor
El autor de este artículo es ingeniero electricista y profesor de la Universidad de Carabobo. Su afición por la paleontología venezolana lo ha impulsado a reunir la información aquí presentada con el deseo de compartirla con un público amplio. sin que ello implique menoscabo del contenido ni de las fuentes que lo sustentan, estando seguro de que literatura especializada podrá servir para corregir cualquier error u omisión, señalado por los especialistas.
Referencias
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Barrett, P. M., Butler, R. J., Mundil, R., Scheyer, T. M., Irmis, R. B., & Sánchez-Villagra, M. R. (2014). A palaeoequatorial ornithischian and new constraints on early dinosaur diversification. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 281(1791), 20141147. https://doi.org/10.1098/rspb.2014.1147
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Head, J. J., Sánchez-Villagra, M. R., & Aguilera, O. A. (2006). Fossil snakes from the Neogene of Venezuela (Falcón State). Journal of Systematic Palaeontology, 4(3), 233-240. https://doi.org/10.1017/S1477201906001866
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. (s.f.). Laboratorio de Paleontología. https://ivic.gob.ve
Langer, M. C., Rincón, A. D., Ramezani, J., Solórzano, A., & Rauhut, O. W. M. (2014). New dinosaur (Theropoda, stem-Averostra) from the earliest Jurassic of the La Quinta formation, Venezuelan Andes. Royal Society Open Science, 1(2), 140184. https://doi.org/10.1098/rsos.140184
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PaleoVenezuela. (2013, febrero 8). Preguntas y respuestas sobre la paleontología en Venezuela. [Blog]. http://paleovenezuela.blogspot.com
Prensa Presidencial Venezuela. (2025, octubre 13). Hallan en Venezuela primer fósil de Ictiosaurio de 100 millones de años. [Nota de prensa]. https://www.presidencia.gob.ve
Universidad Nacional de las Ciencias. (2025, octubre 14). Presidente Maduro orienta incorporar carrera de Paleontología en la Universidad Nacional de las Ciencias. [Nota de prensa]. https://unc.edu.ve
Wood, R. C. (1976). Stupendemys geographicus, the world's largest turtle. Breviora, 436, 1-31. https://www.biodiversitylibrary.org/part/273042
Xinhua Español. (2025, octubre 15). Científicos venezolanos descubren fósiles de ictiosaurio en el estado de Táchira. [Noticia]. https://spanish.xinhuanet.com
Julio, 2026.




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