El Arco de Bárbula: ¿Símbolo a conservar o vestigio a demoler?: Un análisis desde la historia, la ingeniería, el urbanismo y la memoria institucional

Impresión artística de una hipotética demolición controlada del Arco de Bárbula, para evitar riesgos a la comunidad. Ilustración: Fabián Robledo.

El Arco de Bárbula: ¿Símbolo a conservar o vestigio a demoler?: Un análisis desde la historia, la ingeniería, el urbanismo y la memoria institucional

Fabián Robledo¹

¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve 

Resumen

El Arco de Bárbula, ubicado en la Avenida Universidad del municipio de Naguanagua, fue construido como entrada a la Colonia Psiquiátrica de Bárbula (1951) y posteriormente adoptado como emblema semioficial por la Universidad de Carabobo (UC). Este artículo analiza tres dimensiones conflictivas: su origen vinculado a una institución psiquiátrica que degeneró en abandono; su rol como escenario recurrente de protestas estudiantiles y violencia entre 1970 y más allá del 2000; y su actual obsolescencia vial por altura insuficiente para vehículos de carga. Además, se examina la posible ambigüedad jurídica sobre su propiedad: aunque se le atribuye coloquialmente a la UC como referente propio, presuntamente no existe título de transferencia, y es probable que pertenezca al municipio de Naguanagua. Se proponen escenarios de intervención basados en criterios históricos, urbanísticos y éticos. Se concluye que la inacción no es neutral y que cualquier decisión debe partir de aclarar la titularidad del bien.

Palabras clave: Arco de Bárbula, Universidad de Carabobo, memoria conflictiva, patrimonio disonante, propiedad urbana, protesta estudiantil.

1. Introducción

El Arco de Bárbula constituye uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles del área metropolitana del estado Carabobo de Venezuela. No se trata de un simple dintel. Es una herida cicatrizada que la Universidad de Carabobo decidió vestir como emblema. 

Ubicado cerca de la Avenida Universidad, en el difuso sector de Bárbula del municipio de Naguanagua, este pórtico de piedra y agregados fue construido como acceso principal a la Colonia Psiquiátrica y Sanatorios Antituberculosos, inaugurada en 1951 durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Tras el cese progresivo de funciones del hospital psiquiátrico y la refundación de la Universidad de Carabobo (UC) en 1959, la estructura fue gradualmente resignificada como un emblema no oficial de la casa de estudios, apareciendo en fotografías de graduación, noticias, logos informales y la memoria afectiva de decenas de miles de egresados. 

Sin embargo, este símbolo arrastra múltiples contradicciones: un origen vinculado a una institución psiquiátrica que degeneró en abandono y presunta violación de derechos humanos; décadas de enfrentamientos violentos entre estudiantes y fuerzas policiales que convirtieron su entorno en un campo de batalla recurrente (rico en rocas arrojadizas y acre gas lacrimógeno); y un problema funcional derivado de su escasa altura (estimada entre 4,5 y 5 metros), que provoca impactos periódicos de altos vehículos de carga pesada, debido en parte a la omisión de cualquier señalización que advierta sobre el peligro por la altura limitada del obstáculo (véanse en el Anexo las fotografías tomadas del arco por el autor en tiempos recientes, donde se observa el efecto de un impacto en el dintel).

El presente artículo se propone tres objetivos. Primero, analizar las capas históricas conflictivas del Arco de Bárbula: su origen psiquiátrico, su adopción simbólica por la UC y su papel como escenario de violencia política-estudiantil. Segundo, examinar la posible ambigüedad jurídica sobre su propiedad actual, una cuestión usualmente eludida que condiciona cualquier decisión sobre su futuro. Tercero, evaluar escenarios de actuación (demolición, restauración, reubicación, intervención artística) a la luz de criterios históricos, urbanísticos y éticos. 

Se emplea como marco conceptual la noción de “patrimonio disonante” (Tunbridge & Ashworth, 1996), que reconoce que ciertos bienes heredados generan significados encontrados y memorias contradictorias, así como el concepto de “lugar de la memoria conflictiva” (Nora, 1984; Ricoeur, 2000) para entender cómo un mismo espacio puede ser altar de rebeldía para unos y símbolo de caos para otros.

2. Origen histórico: de la Colonia Psiquiátrica al olvido institucional

El Arco de Bárbula fue edificado como parte del complejo de la Colonia Psiquiátrica de Bárbula, concebida durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez como un modelo de atención humanitaria inspirado en las colonias terapéuticas europeas (García, 2005). La instalación, que incluía pabellones, áreas de terapia ocupacional y zonas agrícolas, fue inaugurada en 1951 y ampliada en 1955, llegando a ser considerada la mejor dotada de Latinoamérica en su tipo (Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, 1956). 

Sin embargo, tras la caída del régimen militar en 1958, el complejo entró en una progresiva decadencia. Diversos informes del Ministerio de Sanidad documentan hacinamiento, falta de personal, violencia contra pacientes y condiciones de vida infrahumanas durante las décadas de 1960 y 1970 (Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, 1968; Rodríguez, 1982). Para algunos historiadores de la psiquiatría en Venezuela, mantener la entrada monumental de esa institución como emblema universitario implica una forma de normalizar el olvido de ese pasado negligente (García, 2005).

La "adopción" sentimental del arco por parte de la Universidad de Carabobo no fue un acto formal. Ocurrió de manera gradual y oportunista. Durante la década de 1970, cuando la UC ocupó mediante comodato la mayoría de los terrenos y edificaciones de la antigua colonia, el arco seguía siendo simplemente un acceso más. No fue sino hasta que se convirtió en el telón de fondo recurrente de enfrentamientos callejeros que la institución comenzó a utilizarlo en su imaginario visual (Rojas, 1995). Esta apropiación simbólica, al parecer carece de respaldo legal y ha sido criticada por invisibilizar el origen sanitario del lugar.

Se emplea aquí un análisis de estudio de caso único (Yin, 2018), con el Arco de Bárbula como objeto, abordado desde un enfoque histórico interpretativo. El caso se considera relevante por su condición de patrimonio disonante no resuelto y por la controversia pública activa sobre su futuro, lo que lo convierte en un “caso crítico” para examinar cómo las instituciones manejan (o eluden) la memoria conflictiva materializada en un bien público.

3. El arco como escenario de violencia estudiantil (1970-2000)

Aproximadamente entre las décadas de 1970 y 2000, el entorno del Arco de Bárbula se consolidó como uno de los puntos más conflictivos de la geografía universitaria venezolana. Las protestas estudiantiles, motivadas por demandas autonomistas, aumentos en los precios del transporte público, rechazo a políticas de intervención gubernamental, solidaridad con movimientos nacionales y manifestaciones ideológicas, solían concentrarse en la entrada principal de la UC. 

De acuerdo con la prensa regional de la época, los enfrentamientos incluían el lanzamiento de piedras y objetos contundentes por parte de los manifestantes, la quema de autobuses del transporte público y de camionetas pertenecientes a proveedores de servicios públicos (El Carabobeño, 1978, 1985, 1989). La respuesta de los cuerpos policiales (Policía del estado Carabobo, Guardia Nacional) consistía en el uso de gases lacrimógenos, perdigones y, en ocasiones, disparos al aire, de advertencia.

Estos disturbios interrumpían gravemente el tránsito de la Avenida Universidad, una vía que conecta no solo el campus sino también el Hospital Universitario Doctor Ángel Larralde, el Hospital Oncológico Doctor Miguel Pérez Carreño y varios barrios populares del municipio de Naguanagua (Municipio de Naguanagua, Dirección de Infraestructura, 2018). Los transeúntes y conductores quedaban atrapados durante horas, obligados a largas caminatas o a buscar desvíos improvisados por calles no pavimentadas. Para los vecinos y viajeros (incluyendo adolescentes, niños, ancianos y damas embarazadas) obligados a caminar entre gases lacrimógenos, fue un símbolo de caos, disturbio y represión. Esta ambivalencia impide que el arco sea un símbolo unívoco de orgullo universitario.

El daño material recurrente afectó a la flota de autobuses urbanos y a vehículos de empresas de servicios como electricidad, telefonía, hídrica y aseo urbano, con un significativo número de unidades saqueadas y quemadas. Como documenta Rojas (1995), la imagen del arco aparecía en las portadas de los periódicos como símbolo del “caos universitario”. Paradójicamente, fue esa exposición mediática negativa la que llevó a la UC a adoptarlo posteriormente como emblema informal de “rebeldía institucional”, resignificando la violencia estudiantil como parte de su identidad autónoma.

4. Problemas de ingeniería y urbanismo: un riesgo evitable

Desde la perspectiva de la ingeniería vial, el Arco de Bárbula presenta una altura libre estimada entre 4,5 y 5 metros, según mediciones recogidas en informes municipales (Municipio de Naguanagua, Dirección de Infraestructura, 2018). Esta dimensión resulta insuficiente para el paso estándar de vehículos de carga pesada (gandolas, camiones de 14 o más ruedas) que requieren alturas de 4,8 a 5,2 metros o más, dependiendo de la carga. Los impactos recurrentes contra el dintel, documentados al menos en 14 ocasiones entre 2010 y 2020 según la prensa local, no solo deterioran la estructura pétrea (causando fisuras y desprendimiento de fragmentos), sino que generan riesgos inmediatos para conductores y peatones por caída de escombros.

Urbanísticamente, la ubicación del arco cerca de una importante intersección vial, convierte cualquier obstrucción emergente en un colapso vial que afecta a todo el Norte municipio de Naguanagua. Durante las horas pico, el cierre de uno de los canales por un impacto en el dintel, por un mantenimiento o por un accidente genera filas de hasta dos kilómetros (Municipio de Naguanagua, Dirección de Infraestructura, 2018). Mantener un obstáculo físico sin resolver sus problemas funcionales constituye, desde esta óptica, una insuficiencia en la gestión del espacio público, agravada por la falta de claridad sobre qué entidad tiene la obligación de intervenir, oportunamente y con prevención.

5 ¿De quién es el Arco de Bárbula? Ambigüedad jurídica y apropiación simbólica

Una de las preguntas más eludidas en el debate público es la relativa a la propiedad actual del arco. La revisión documental realizada en este estudio no ha encontrado un título de propiedad ni una transferencia formal que acredite a la Universidad de Carabobo como dueña. La secuencia histórica es la siguiente: la Colonia Psiquiátrica fue construida por el Estado venezolano a través del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. En 1972 se suscribió un comodato por cincuenta años entre ese ministerio y la UC, cediendo el uso de los terrenos y edificaciones para fines educativos (Universidad de Carabobo, 1972). El comodato es una figura legal que transfiere el uso y disfrute de un bien, pero no la propiedad. El dueño originario sigue siendo, en principio, el Estado nacional.

Es importante señalar que el plazo de cincuenta años del comodato de 1972 habría vencido aproximadamente en 2022. No se ha encontrado documentación pública que indique si dicho acuerdo fue renovado, si se prorrogó tácitamente o si la UC continúa ocupando los terrenos sin un instrumento legal vigente. Esta incertidumbre adicional refuerza la necesidad de una investigación jurídica específica sobre el estado actual del comodato. Por otra parte, el ministerio de salud no ha ejercido actos de dominio sobre el arco en décadas, y la UC lo ha mantenido en ocasiones y utilizado como si fuera suyo, por ejemplo colocando o permitiendo que se coloque el nombre Universidad de Carabobo en su dintel, así como también su escudo, en sustitución de la antigua referencia al hospital psiquiátrico que estaba escrita en el dintel del arco desde su creación. Véanse las fotografías del anexo.

Es importante destacar que en su origen el arco funcionaba como un punto de control y vigilancia para la entidad psiquiátrica. Esa importante funcionalidad preventiva no ha sido reutilizada por la UC en ningún momento, lo cual pareciera razonable dado que se trata de una vía intercomunal pública, cuestión que compromete aún más la problemática de decidir sobre la propiedad del arco, debido a las consideraciones elementales de derecho de paso.

Dado que el arco se encuentra físicamente sobre la avenida de acceso al Hospital Carabobo, una vía pública cuyo mantenimiento y competencia corresponden al municipio de Naguanagua según la Ley Orgánica de Régimen Municipal (1989) y su vigente sucesora, la Ley Orgánica del Poder Público Municipal (2006), cabe la posibilidad de que la estructura haya sido transferida implícitamente al dominio público municipal por su ubicación y función vial. No obstante, no se ha localizado en este estudio ningún documento (ordenanza, decreto, transferencia) que así lo declare. En consecuencia, es probable que la propiedad actual sea del municipio de Naguanagua, pero esta afirmación debe presentarse como una hipótesis no confirmada documentalmente. La Universidad de Carabobo es, en el mejor de los casos, una usufructuaria simbólica que además podría estar operando sin un comodato vigente en el área.

Esta ambigüedad genera consecuencias prácticas. Es posible que la UC hubiera destinado fondos a reparaciones parciales tras cada impacto, sin tener la obligación legal de hacerlo, probablemente por temor a que el deterioro afecte su imagen institucional (Rojas, 1995). El municipio de Naguanagua, por su parte, al parecer no ha reclamado la titularidad ni ha ejecutado obras significativas de mitigación de riesgos. Se configura así una situación hipotética de “propiedad huérfana”: un bien que todos usan simbólicamente pero nadie quiere costear en su totalidad. Desde la teoría del patrimonio disonante (Tunbridge & Ashworth, 1996), esta ambigüedad no es un accidente, sino un síntoma de que el arco genera memorias contradictorias que desalientan la asunción de responsabilidades.

6. Escenarios de actuación

Frente al diagnóstico expuesto, se presentan cuatro escenarios principales, evaluados según criterios de costo, eficacia vial, respeto a la memoria y viabilidad política.

6.1 Demolición total

Eliminar el arco resolvería definitivamente el problema vial y rompería simbólicamente con un pasado de negligencia psiquiátrica y violencia inevitablemente asociada a la UC por la opinión pública. Sin embargo, provocaría una pérdida identitaria significativa para la comunidad universitaria, que lo ha incorporado como un hito reconocible. El costo político sería muy alto.

6.2 Restauración con mitigación vial

Consiste en rebajar el pavimento bajo el arco entre 20 y 30 centímetros, instalar barreras de advertencia con alarmas y señalización avanzada a 500 y 50 m metros de distancia, y colocar una placa explicativa que narre sin eufemismos las tres capas históricas (origen psiquiátrico, protestas, adopción universitaria). Esta opción es la menos costosa y conflictiva socialmente, pero no resuelve la contradicción ética de mantener la entrada a un psiquiátrico fallido como emblema.

6.3 Reubicación del arco

Desmontar piedra por piedra el arco, previo registro fotogramétrico y con LIDAR, y erigirlo en un lugar seguro dentro del campus (por ejemplo, un parque lineal cerca del Rectorado UC, o en el legítimo campus de Bárbula de la UC, ubicado en el sector pero mucho más al Este). En su lugar original se construiría un pórtico funcional de mayor altura. Esta solución conserva el objeto histórico pero tiene un costo muy elevado y algunos autores (Lowenthal, 1998) argumentan que un monumento fuera de su contexto original pierde parte de su significado.

6.4 Intervención artística y arquitectónica

Mantener las columnas originales, como "testigos", eliminar el dintel bajo y reemplazarlo por una estructura elevada de acero y vidrio de 7 a 8 m de altura, que incluya una narrativa visual (mural, proyecciones) sobre la historia conflictiva del lugar. Resuelve el problema vial y genera un hito contemporáneo, pero es técnicamente compleja y puede ser percibida como una mutilación por los sectores más tradicionalistas.

6.5 Propuesta gradual

Ninguno de los escenarios es perfecto. Por ello, se sugiere una implementación por fases: 

  • Fase 1, inmediata. Rebaje de pavimento, barreras de advertencia y placa explicativa.
  • Fase 2, de a 2-3 años. Concurso de arquitectura para reinterpretar el arco añadiéndole una estructura elevada; 
  • Fase 3. De 5-10 años. Construcción de una réplica exacta en un acceso peatonal secundario del campus, preservando el original como vestigio histórico mientras la réplica cumple funciones festivas y simbólicas.

7. Conclusiones

El Arco de Bárbula constituye un patrimonio disonante donde confluyen un origen psiquiátrico negligente, décadas de violencia estudiantil y respuesta proporcional policial (perdigones y bombas lacrimógenas), y una actual obsolescencia vial. La Universidad de Carabobo lo ha adoptado como emblema posiblemente sin poseer título de propiedad, en un proceso de apropiación simbólica oportunista basado en la exposición mediática recurrente en diarios y TV de los enfrentamientos entre policías y estudiantes al transcurrir las décadas.

El Arco de Bárbula, con los restos humeantes de un autobús, camión de servicios públicos o gandola recién saqueada en fondo, y una barrera de cauchos quemados aportando negrohumo tóxico sulfuroso a la atmósfera, solía ser el telón de fondo preferido para la toma principal de video, con el periodista de corbata anunciando la noticia del disturbio de turno en algún canal nacional de TV, transmitida a todo el país en las emisiones estelares de los noticiarios, luego de la telenovela de alto rating.

La propiedad del bien es jurídicamente ambigua: aunque lo más probable es que corresponda al municipio de Naguanagua, no se ha encontrado documento que lo confirme, por lo que esta afirmación debe tomarse como hipótesis a verificar en futuras investigaciones. Adicionalmente, el comodato suscrito en 1972 habría vencido en 2022, y se desconoce si fue renovado, lo que añade una capa más de incertidumbre sobre la tenencia legal de los terrenos.

La inacción no es neutral: mantener el arco sin intervenir sus problemas funcionales perpetúa un riesgo vial evitable y una contradicción ética. Cualquier decisión sobre su futuro debería partir de un acuerdo entre la UC, el municipio de Naguanagua y el Estado nacional, que aclare primero la titularidad del bien y el estado actual del comodato. Las líneas de investigación futuras pudieran incluir la consulta al catastro del municipio de Naguanagua, la solicitud de informes al Concejo Municipal, la revisión de expedientes del Ministerio de Salud sobre la extinta Colonia Psiquiátrica y la verificación ante la UC del estatus jurídico del comodato de 1972.

Mientras tanto, las medidas de mitigación vial de riesgos y la colocación de una placa explicativa son acciones de bajo costo que no requieren definir la propiedad y que permitirían empezar a tramitar públicamente la memoria conflictiva del lugar.

El Arco de Bárbula es un objeto incómodo que la UC no eligió pero que ha habitado durante décadas. Pretender que es solo un emblema bonito es mentira. Asumir que su pasado no importa es ingenuidad. Pero demolerlo sería una amputación identitaria brutal. La única salida honesta es intervenir el arco y su contexto para hacer explícitas las capas de su historia, resolver sus problemas físicos y, quizás, construir un nuevo símbolo paralelo que releve al antiguo en las funciones festivas. 

Así, el arco original podría envejecer con dignidad, como un monumento a la complejidad de ser venezolano: un país que construye psiquiátricos, luego universidades, siempre en "crisis crónica", luego barricadas, y que no sabe muy bien qué hacer con sus escombros. Lo que no se puede es seguir reparando sus piedras cada vez que una gandola golpee su dintel, como si no se supiera que ese accidente es una metáfora sutil: el presente chocando una y otra vez contra un pasado escabroso y en ocasiones violento.

8. Limitaciones del estudio

El autor no ha tenido acceso a los registros catastrales del municipio de Naguanagua ni a los archivos históricos del Ministerio de Salud sobre transferencias de bienes. Tampoco se realizaron entrevistas a funcionarios municipales o universitarios más allá de consultas informales, ni se pudo confirmar documentalmente si el comodato de 1972 fue renovado o se encuentra vencido. Por tanto, la hipótesis sobre la propiedad municipal, así como la observación sobre el posible vencimiento del comodato, deben ser contrastadas en investigaciones posteriores con trabajo de archivo específico y consultas formales a las entidades involucradas. 

Asimismo, la condición de profesor de la UC del autor, aunque aporta conocimiento situado y valor participante, implica un sesgo potencial que se ha intentado mitigar mediante la verificación documental y la inclusión explícita de críticas a la actuación institucional.

Referencias bibliográficas

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Rodríguez, L. (1982). La atención psiquiátrica en Venezuela: 1950-1980. Cuadernos de Salud Mental, 7(2), 45-67.

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Yin, R. K. (2018). Case study research and applications: Design and methods (6th ed.). Sage.

Agosto, 2026.

Anexo

Imágenes del Arco de Bárbula. Año 2026

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

Fotografía: Fabián Robledo.

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