El fenómeno ENOS como prueba de estrés: Impactos hidroenergéticos y narrativas de responsabilidad en la crisis eléctrica venezolana
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Nota preliminar
Este ensayo tiene fines académicos y de análisis técnico. Las opiniones vertidas se basan en información pública y verificable, y no constituyen acusaciones contra personas naturales o jurídicas determinadas. El análisis aquí presentado no pretende evaluar intenciones individuales ni imputar responsabilidades penales o administrativas, sino describir patrones discursivos observables en el debate público. El autor no asume responsabilidad por interpretaciones subjetivas que terceros pudieran hacer de su contenido.
Resumen
Este ensayo examina la dualidad del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en su fase extrema de 2026, centrándose en Venezuela. Se describe la base científica del Súperniño y sus impactos medibles en el sistema hidroeléctrico nacional. El análisis se extiende a una dimensión política, documentando cómo el fenómeno climático ha sido empleado recurrentemente como chivo expiatorio para justificar fallos administrativos y la falta de inversión en infraestructura. A través de un enfoque de revisión documental y análisis de discurso, se contrastan datos climáticos con narrativas oficiales de crisis previas (2009-10, 2015-16). Se concluye que el Súperniño es un agravante real, pero no el origen de la crisis, y se proponen criterios para diferenciar el impacto climático de la responsabilidad administrativa, con el fin de fortalecer la gobernanza de la infraestructura crítica.
Palabras clave: El Niño, infraestructura eléctrica, Venezuela, discurso político, gestión pública.
1. Introducción
A lo largo del siglo XX y XXI, el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se ha consolidado como uno de los principales moduladores de la variabilidad climática global, con efectos particularmente pronunciados en la región intertropical de América del Sur (Glantz, 2001). Su fase cálida extrema, denominada coloquialmente "Súperniño", se caracteriza por un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial oriental que altera drásticamente los regímenes de precipitación en vastas zonas del continente (McPhaden et al., 2006). Para Venezuela, un país con una dependencia crítica de la generación hidroeléctrica (en periodos recientes, más del 80% de la generación efectiva ha provenido del embalse de Guri y otras centrales del Bajo Caroní), la llegada de un evento ENOS de gran magnitud representa una prueba de estrés para su sistema eléctrico (Cámara Venezolana de la Electricidad, 2023).
Sin embargo, la historia reciente muestra que la ocurrencia de estos fenómenos naturales ha sido acompañada, en el discurso de algunas administraciones públicas, por una narrativa de justificación que traslada la responsabilidad de crisis estructurales a factores exógenos (Boin et al., 2016). Este ensayo se propone analizar esta doble dimensión: la realidad física del impacto del Súperniño sobre la infraestructura hidroenergética venezolana y el uso político de dicho fenómeno como chivo expiatorio para desviar la atención sobre la insuficiencia administrativa y la falta de inversión. El análisis se enmarca en un enfoque de revisión documental y análisis de discurso, y se complementa con una breve comparación con otros casos latinoamericanos (Birkmann, 2013; UNDRR, 2022).
2. El fenómeno ENOS y su fase extrema: caracterización científica
Para comprender la magnitud del fenómeno, conviene recordar la jerarquía conceptual: el ENOS es el sistema climático global, El Niño es su fase cálida, y el "Súperniño" es la denominación no oficial para los episodios de intensidad extrema.
El ENOS es un fenómeno natural cíclico caracterizado por fluctuaciones en la temperatura superficial del mar y la presión atmosférica en el Pacífico tropical (Trenberth, 2020). Su fase cálida, El Niño, se asocia con un debilitamiento de los vientos alisios y un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial oriental. Para su clasificación, la comunidad científica utiliza el índice ONI (Oceanic Niño Index), que mide la anomalía de la temperatura superficial del mar en una región específica del Pacífico ecuatorial central, conocida como Niño 3.4 (ubicada aproximadamente entre las latitudes 5°N-5°S y las longitudes 120°W-170°W). Esta región es la más representativa para monitorear la evolución del fenómeno a escala global.
Los efectos del Súperniño en América del Sur incluyen patrones de precipitación contrastantes: sequías severas en el norte de Brasil y la cuenca amazónica, y lluvias torrenciales en la costa occidental de Ecuador y Perú (Garreaud, 2018). Para Venezuela, el impacto típico es una disminución significativa de las lluvias en la región central y norte del país, mientras que en el sur, donde se ubican los principales embalses hidroeléctricos —incluido el Guri, en el estado Bolívar—, la sequía también reduce los caudales de los ríos que alimentan el sistema (INAMEH, 2026). Este patrón de reducción de precipitaciones genera un descenso progresivo del caudal del río Caroní y de los afluentes que nutren el embalse, comprometiendo su capacidad de generación. Adicionalmente, la sequía prolongada incrementa el riesgo de incendios forestales en zonas como la Amazonía venezolana y el norte del estado Bolívar, con consecuencias para la biodiversidad y la calidad del aire en áreas urbanas (Marengo et al., 2016; World Bank, 2021).
3. Impactos hidroenergéticos del Súperniño en Latinoamérica
La dependencia de la generación hidroeléctrica en varios países latinoamericanos convierte a la región en una de las más vulnerables a episodios de sequía prolongada asociados al ENOS (World Bank, 2021). En Brasil, el evento de 2014-2015 provocó una caída de los niveles de los embalses del sistema Sudeste-Centro Oeste, que abastece a São Paulo y Río de Janeiro, a niveles críticos, forzando al gobierno a implementar medidas de racionamiento y aumentar la generación térmica de respaldo (Marengo et al., 2016). En Colombia, El Niño de 2015-2016 exacerbó las tensiones en el sistema interconectado, generando apagones programados en varias ciudades y un aumento de las tarifas eléctricas (Unidad de Planeación Minero Energética, 2016).
En el caso de Venezuela, la vulnerabilidad es aún más pronunciada debido a la concentración de más del 80% de la generación efectiva en las centrales hidroeléctricas del Bajo Caroní, siendo la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar (embalse de Guri) la de mayor capacidad, con aproximadamente 10235 MW instalados (Cámara Venezolana de la Electricidad, 2024). La disminución del caudal del río Caroní durante episodios ENOS reduce la energía potencial disponible y puede limitar la generación, si bien la relación entre el nivel del embalse y la potencia generada no es estrictamente lineal, pues intervienen factores como el caudal turbinado, la altura hidráulica y la disponibilidad de unidades. Durante el Súperniño de 1997-1998, el nivel del Guri descendió hasta alcanzar cotas que obligaron a restricciones en el suministro eléctrico (Corpoelec, 1999). En 2009-2010, una nueva fase de El Niño coincidió con una caída histórica del embalse, lo que llevó al gobierno nacional a decretar una "emergencia eléctrica" y a implementar racionamientos rotativos (El Universal, 2010).†
La magnitud del déficit actual puede ilustrarse con un dato concreto: el 8 de mayo de 2026, la demanda máxima alcanzó 15579 MW, mientras que el sistema solo pudo poner a disposición 11993 MW, lo que representa un déficit de 3586 MW en un solo día (Inside Venezuela, 2026). Este déficit, aunque agravado por la sequía, no puede atribuirse exclusivamente a ella, como se analiza en la sección siguiente.
Más allá del sector eléctrico y agrícola, la sequía asociada al ENOS tiene efectos significativos sobre los ecosistemas acuáticos y terrestres. La reducción del caudal de los ríos afecta la disponibilidad de hábitats para especies ícticas y puede alterar los ciclos reproductivos de la fauna asociada a humedales. Adicionalmente, la disminución de la productividad primaria en el océano Pacífico, asociada a cambios en la disponibilidad de nutrientes, puede impactar las pesquerías y la seguridad alimentaria en las regiones costeras (Marengo et al., 2016; World Bank, 2021). Este conjunto de afectaciones configura un escenario de vulnerabilidad multidimensional que trasciende lo estrictamente energético y económico (Cepal, 2016; Paredes et al., 2022).
† Algunos datos técnicos de coyuntura (déficit de generación, disponibilidad térmica, nivel del embalse) provienen de fuentes periodísticas especializadas, ante la ausencia de balances oficiales desagregados en tiempo real. Estas cifras han sido contrastadas con fuentes institucionales y académicas siempre que ha sido posible.
4. Casos documentados de uso político del fenómeno como chivo expiatorio
4.1. Venezuela: sequía y sistema eléctrico
La crisis eléctrica venezolana no es un fenómeno reciente. Diversos estudios han documentado que, desde la nacionalización del sector en 2007, los problemas de generación, transmisión y distribución se han agravado por la falta de inversión en mantenimiento, la escasez de repuestos y la obsolescencia de la infraestructura (Cámara Venezolana de la Electricidad, 2024). Sin embargo, en cada ocasión en que un evento ENOS ha reducido los niveles del embalse de Guri, el discurso oficial ha enfatizado el factor climático como causa principal de los apagones y racionamientos, según declaraciones públicas recogidas en medios de comunicación, lo cual constituye un registro documental de la narrativa oficial, sin que ello implique un juicio sobre su veracidad o intencionalidad.
Un análisis comparativo de los niveles del Guri muestra que, en agosto de 2026, el embalse se encontraba a 269 metros sobre el nivel del mar, una cota 27 metros superior al nivel crítico de 2016 (cuando se registraron los apagones más severos), lo que sugiere que el déficit eléctrico en 2026 no puede atribuirse exclusivamente a la sequía (BOC, 2026; CORPOELEC, 2026). De hecho, CORPOELEC anunció en julio de 2026 el inicio de la "temporada de alivio preventivo" con la apertura controlada de los aliviaderos de Guri, Caruachi y Macagua debido al aumento del caudal por las lluvias, lo que contrasta con las explicaciones ofrecidas meses atrás por voceros oficiales, quienes atribuyeron los problemas eléctricos a la intensa sequía (CORPOELEC, 2026; Upata Digital, 2026). Este cambio de escenario ha generado cuestionamientos sobre las causas efectivas de la crisis y sobre la falta de mejoras en un sistema que continúa presentando fallas, pese a que las condiciones hidrológicas son distintas a las argumentadas anteriormente por las autoridades (Upata Digital, 2026).
Esta discrepancia entre el nivel del embalse y la gravedad de los cortes señala que otros factores, como la indisponibilidad de plantas térmicas o la falta de mantenimiento de líneas de transmisión, están contribuyendo significativamente a la crisis (Rodríguez, 2026). En ese sentido, se ha documentado que el parque termoeléctrico nacional cuenta con una capacidad instalada de 21000 MW, pero apenas aporta 2700 MW a la red, es decir, solo el 10% de su capacidad, debido a la falta de mantenimiento y desinversión (Costa del Sol FM, 2026). Según declaraciones del ingeniero Alberto Fuentes, exgerente nacional de operaciones de Corpoelec, recogidas por Costa del Sol FM, las plantas termoeléctricas a vapor, que representan 5100 MW instalados, están todas fuera de servicio, y algunas han sido desmanteladas (Costa del Sol FM, 2026, citado en Dossier Venezuela, 2026).
Además, en declaraciones públicas de 2009, 2015 y 2026, funcionarios gubernamentales han señalado a El Niño como el responsable de la crisis, sin que en dichas declaraciones se haga referencia al historial de fallas en años sin evento ENOS (por ejemplo, 2022-2023), cuando también se registraron apagones generalizados (Villalobos, 2023). Este patrón discursivo, documentado por analistas de medios, sigue la lógica del scapegoating (chivo expiatorio) documentada por Boin et al. (2016), donde un fenómeno natural de alta visibilidad tiende a ser utilizado como una narrativa que contribuye a exculpar a las administraciones de su responsabilidad en la gestión de infraestructura crítica (Santos, 2021).
4.2. Brasil: racionamiento y falta de mantenimiento
En Brasil, la crisis de 2014-2015 fue atribuida inicialmente a la "peor sequía en 80 años" (Marengo et al., 2016). Sin embargo, investigaciones posteriores del Tribunal de Cuentas de la Unión revelaron que, además de la sequía, existían fallas documentadas en el mantenimiento de las líneas de transmisión y en la planificación de reservas de energía térmica (TCU, 2016). El gobierno federal utilizó la sequía como justificación para implementar tarifas de electricidad más altas, sin que ello se tradujera en inversiones significativas en el sistema eléctrico (Müller, 2017).
4.3. Colombia y Perú: gestión del agua y discursos oficiales
En Colombia, El Niño de 2015-2016 llevó a racionamientos en Bogotá y otras ciudades. La empresa de acueducto atribuyó la escasez a la sequía, aunque análisis posteriores mostraron que la falta de inversión en plantas de tratamiento y la pérdida de agua en redes obsoletas eran responsables de hasta el 40% del déficit (Defensoría del Pueblo de Colombia, 2016). En Perú, el Súperniño de 1997-1998 provocó inundaciones catastróficas; años después, investigaciones revelaron que el estado de los canales de drenaje y el sistema de alerta temprana eran deficientes, lo que agravó el desastre más allá de lo atribuible al clima (Lavell, 2000; Alcántara & Saito, 2017).
5. Criterios para diferenciar impacto climático de fallo administrativo
A partir de los casos documentados, es posible establecer criterios operativos para distinguir los efectos atribuibles al Súperniño de aquellos derivados de la gestión administrativa. En el ámbito de la generación, se considera atribuible al clima aquella caída de generación hidroeléctrica que correlaciona directamente con el descenso del embalse por debajo de la cota operativa mínima (aproximadamente 240 msnm para el Guri), mientras que la falta de disponibilidad de plantas térmicas con combustible almacenado o las paradas no programadas por falta de repuestos corresponden a factores administrativos.
En transmisión y distribución, la sequía no tiene incidencia directa sobre la mayoría de los componentes. Por ello, fenómenos como la falta de mantenimiento de líneas y transformadores, o la obsolescencia de la infraestructura, son atribuibles a la gestión. El robo de cobre, aunque es un delito cometido por terceros, refleja una debilidad en los sistemas de seguridad y vigilancia, cuya prevención también recae en las autoridades. Por su parte, eventos como los incendios forestales —cuyo riesgo se incrementa durante la sequía— pueden afectar las líneas de transmisión, introduciendo un factor climático indirecto que debe ser considerado en el análisis de causas.
Estos criterios permiten realizar un análisis técnico de cualquier comunicado oficial que atribuya fallas al clima, contrastando cada afirmación con datos verificables de los embalses, el caudal de los ríos y el estado de las plantas térmicas y líneas de transmisión (World Bank, 2021).
6. Discusión: implicaciones para la gobernanza de infraestructura
El análisis de los casos presentados revela un patrón recurrente en varios países latinoamericanos: la atribución de crisis de infraestructura a fenómenos naturales extremos sin que medie una autoevaluación crítica de los sistemas de gestión. La literatura sobre desastres y gobernanza ha señalado que el scapegoating climático es una estrategia discursiva común en contextos de alta vulnerabilidad institucional (Boin et al., 2016; Birkmann, 2013). Cuando se adopta esta narrativa de manera sistemática, se genera un círculo vicioso: la ciudadanía percibe el problema como inevitable, se debilita la exigencia de rendición de cuentas y se postergan las inversiones necesarias para mitigar los riesgos (UNDRR, 2022).
En el caso de Venezuela, esta dinámica es particularmente preocupante porque el sistema eléctrico se encuentra en un estado de deterioro progresivo desde hace al menos dos décadas. La dependencia dominante de la hidroelectricidad, sin una diversificación adecuada de la matriz energética ni planes de contingencia robustos efectivamente implementados Y que redunden en la mejora de la calidad de servicio, convierte al país en un caso extremo de vulnerabilidad ante eventos ENOS (Cámara Venezolana de la Electricidad, 2024). La repetición de la narrativa del "chivo expiatorio" puede tener el efecto de eximir de responsabilidad a los administradores y desvía la atención de la necesidad de una planificación estratégica y una inversión sostenida en infraestructura.
Un aspecto que merece atención es el rol de los medios de comunicación en la difusión de esta narrativa. Los medios oficiales y afines al gobierno tienden a reproducir el discurso del chivo expiatorio sin contrastarlo con datos técnicos, mientras que los medios independientes suelen cuestionar la atribución climática y señalar las fallas de gestión (Villalobos, 2023; Santos, 2021). Esta polarización mediática contribuye a que la ciudadanía reciba versiones contradictorias de la realidad, lo que dificulta la formación de una opinión informada y la exigencia de rendición de cuentas.
La dimensión ecológica de la crisis añade una capa adicional de complejidad. La pérdida de servicios ecosistémicos —como la regulación hídrica, la provisión de alimentos y la captura de carbono— no solo agrava los impactos inmediatos del Súperniño, sino que también reduce la capacidad de recuperación de las comunidades y ecosistemas afectados (UNDRR, 2022). Este aspecto, aunque menos visible en el debate público, subraya la necesidad de una gobernanza integral que integre criterios ecológicos en la planificación de infraestructura y la gestión de riesgos.
No obstante, es importante señalar que la existencia de este patrón discursivo no debe llevar a negar la realidad del fenómeno climático. El Súperniño es un evento natural documentado con efectos medibles, y su impacto en el embalse de Guri es técnicamente verificable. El punto crítico es que ese impacto no explica, por sí solo, la magnitud ni la persistencia de la crisis. Una gobernanza responsable debería reconocer la realidad del fenómeno climático y, al mismo tiempo, implementar medidas estructurales para reducir la vulnerabilidad del sistema, como la diversificación de fuentes de energía, la inversión en mantenimiento y la creación de reservas estratégicas (World Bank, 2021).
7. Conclusiones y recomendaciones
Este ensayo ha examinado la dualidad del fenómeno ENOS en su fase extrema, el Súperniño, y su utilización como narrativa de justificación en contextos de crisis de infraestructura en Venezuela. Se ha documentado que el impacto del Súperniño sobre el sistema hidroeléctrico es real y medible, manifestándose en una disminución de la generación de energía debido a la reducción del caudal de los embalses. Sin embargo, el análisis de casos previos (2009-10, 2015-16) y del contexto actual (2026) muestra que la atribución de la crisis exclusivamente al clima omite factores estructurales persistentes: falta de inversión en mantenimiento, obsolescencia de la infraestructura, indisponibilidad de plantas térmicas y debilidades en la planificación del sistema.
La recurrencia de la narrativa del "chivo expiatorio" tiene implicaciones profundas para la gobernanza de la infraestructura crítica, ya que desvía la atención de las responsabilidades administrativas y dificulta la implementación de soluciones sostenibles. No se trata de un problema exclusivo de Venezuela; casos en Brasil, Colombia y Perú muestran patrones similares, aunque con matices y alcances diferentes. La comparación internacional permite afirmar que la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos no es inherente a la región, sino que está mediada por la calidad de la gestión pública y la inversión en infraestructura.
La incorporación de una perspectiva ecológica enriquece el análisis al revelar que los impactos del Súperniño no se limitan al ámbito energético, sino que afectan ecosistemas, servicios ambientales y la seguridad alimentaria, lo que refuerza la necesidad de una gobernanza integral y multidisciplinaria.
Como recomendación, se propone: (a) la creación de sistemas de monitoreo independientes que desagreguen, en cada informe de crisis, el porcentaje de déficit atribuible a factores climáticos vs. factores operativos; (b) la diversificación de la matriz energética hacia fuentes renovables y térmicas de respaldo; (c) la exigencia de planes de mantenimiento preventivo con indicadores públicos y verificables; (d) el fortalecimiento de los mecanismos de rendición de cuentas, para que las narrativas oficiales puedan ser contrastadas sistemáticamente con datos objetivos; y (e) la integración de criterios ecológicos en la planificación de infraestructura y la gestión de riesgos, reconociendo la interdependencia entre los sistemas naturales y los servicios públicos.
Referencias
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