El Perdón de Asís en la Valencia del siglo XXI: teología, historia y práctica devocional en la Iglesia de San Francisco
Iglesia de San Francisco de Asís, ubicada en el centro de Valencia, Venezuela. Fotografía: Fabián Robledo.
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Resumen
Este ensayo analiza la celebración del Perdón de Asís (Indulgencia de la Porciúncula) en la Iglesia de San Francisco de Valencia, Venezuela, desde una perspectiva interdisciplinar. Se examina el fundamento teológico de la indulgencia plenaria como expresión del tesoro de la Iglesia y la necesidad del estado de gracia, a partir de la bula Sacrosancta Romana Ecclesia (1216) y su fundamento bíblico en el poder de atar y desatar (Mt 16,19), destacando el sacramento de la Penitencia como encuentro con la misericordia divina y el testimonio de San Francisco como modelo de reconciliación. Se aborda la historia del templo franciscano de estilo ecléctico como espacio patrimonial que ha sido testigo de la historia venezolana, incluyendo su vinculación con la Plaza Sucre, la presencia franciscana en la región desde el siglo XVI, el terremoto de 1812 y su consagración como santuario de San José Gregorio Hernández en 2021. Se analizan las características de la devoción popular como práctica de resiliencia y continuidad identitaria en el contexto actual, considerando el impacto de la pandemia de COVID-19 en la celebración. A través de estas miradas convergentes, se propone comprender esta tradición como un fenómeno que articula fe, memoria histórica y comunidad. Se trata de una aproximación exploratoria basada en el análisis cualitativo de fuentes documentales, históricas y teológicas, complementado con observación participante.
Palabras clave: Perdón de Asís, Indulgencia de la Porciúncula, Iglesia de San Francisco (Valencia), Franciscanos en Venezuela, Devoción popular.
1. Introducción: un perdón que atraviesa los siglos
El 2 de agosto de cada año, en la Iglesia de San Francisco de Valencia, situada en la esquina de la calle Colombia con la avenida Montes de Oca, decenas de fieles se congregan para recibir una gracia espiritual que tiene más de ochocientos años de antigüedad: el Perdón de Asís. La imagen de los peregrinos atravesando las puertas de este templo colonial, construido en 1634 por frailes franciscanos (Reyes, 2020), evoca una tradición que nació en la Porciúncula de Asís y que hoy, en el centro histórico de Valencia, sigue viva y palpitante. Este ensayo se pregunta: ¿Cómo se articula el Perdón de Asís con la identidad histórica y social de Valencia? El ensayo se basa en un análisis cualitativo de fuentes documentales, históricas y teológicas, complementado con observación participante durante la celebración.
La tesis central sostiene que el Perdón de Asís en Valencia no es solo un acto de piedad individual, sino un fenómeno complejo que articula la teología de la gracia, la memoria histórica encarnada en un templo patrimonial y la práctica comunitaria de la fe como resistencia cultural. Para abordar esta cuestión, se ha optado por una metodología interdisciplinar que converge desde la teología, la historia, la sociología, el periodismo y la antropología cultural. Cada una de estas miradas aporta una dimensión necesaria para comprender la riqueza de una celebración que, como se verá, es mucho más que un evento litúrgico. La justificación de este enfoque radica en que los fenómenos religiosos, por su complejidad, exigen un análisis que trascienda los límites de una sola disciplina.
2. El corazón teológico: la gracia de la porciúncula y el tesoro de la Iglesia
La Indulgencia de la Porciúncula, conocida popularmente como el Perdón de Asís, tiene su origen en el año 1216, cuando San Francisco de Asís, tras una visión en la pequeña capilla de la Porciúncula, solicitó al Papa Honorio III la concesión de una indulgencia plenaria para todos aquellos que, arrepentidos y confesados, visitaran dicho santuario. La concesión fue otorgada mediante la bula Sacrosancta Romana Ecclesia (Honorio III, 1216), inicialmente para un solo día al año, el 2 de agosto (Enchiridion Indulgentiarum, 1999). Posteriormente, el Papa Paulo V, mediante la bula Alte Considerans (1606), extendió esta gracia a todas las iglesias franciscanas del mundo, y más tarde se amplió a todas las iglesias parroquiales y catedrales.
Desde la teología dogmática, esta indulgencia se fundamenta en el tesoro de la Iglesia, es decir, los méritos infinitos de Cristo, de la Virgen María y de los santos, que la Iglesia administra en favor de los fieles (Catecismo de la Iglesia Católica, 1997, n. 1471). La indulgencia plenaria, a diferencia de la parcial, borra completamente la pena temporal por los pecados ya perdonados en el sacramento de la Confesión (Catecismo de la Iglesia Católica, 1997, n. 1472). El fundamento bíblico de esta práctica se encuentra en el poder que Cristo concedió a la Iglesia para atar y desatar (Mt 16,19; 18,18), poder que se ejerce en la administración de las indulgencias como expresión de la misericordia divina. La indulgencia, además, no es un acto privado, sino un acto eclesial que se inscribe en la comunión de los santos, donde los méritos de Cristo y de los santos benefician a toda la Iglesia.
El sacramento de la Penitencia, condición indispensable para obtener la indulgencia, no es un simple requisito formal, sino un encuentro personal con la misericordia de Dios, donde el fiel experimenta el abrazo del Padre que perdona y restaura. San Francisco de Asís, cuya vida fue un testimonio constante de reconciliación y paz, nos recuerda que el perdón no es solo un acto jurídico, sino una experiencia de transformación interior que nos lleva a vivir como hermanos. La vigencia de esta práctica, ocho siglos después de su concesión, evidencia la capacidad de la tradición católica para dialogar con las necesidades espirituales de cada época, ofreciendo un camino concreto de reconciliación y renovación personal. El Perdón de Asís no es un simple "borrón y cuenta nueva", sino una invitación a experimentar la misericordia divina en su plenitud, como enseñó el santo de Asís.
3. El testigo de piedra: historia de la iglesia de San Francisco en Valencia
La Iglesia de San Francisco de Valencia, situada en la calle Colombia esquina con avenida Montes de Oca, es la segunda iglesia más antigua de la ciudad, solo precedida por la Catedral (Atiénzar, 2023). Su historia, que se remonta a 1634, está íntimamente ligada al devenir de la ciudad y del país. La presencia franciscana en la región, sin embargo, es anterior: los frailes menores acompañaron a los conquistadores en la fundación de poblaciones y en la evangelización de los indígenas desde el siglo XVI, siendo parte fundamental de la consolidación de Valencia como centro urbano (Gómez Canedo, 1967).
La fundación del Convento de San Buenaventura, nombre original del conjunto, fue decretada el 18 de septiembre de 1634, aunque la solicitud databa de 1630 (Reyes, 2020). Los fundadores fueron los frailes Fray Juan de Gálvez y Fray Manuel Álvarez, quienes llegaron a un terreno donado por el cabildo en las afueras del poblado para evangelizar a más de mil indios de la región (Reyes, 2020). La obra se consolidó gracias al patrocinio del capitán Rodrigo Alonso Cabañas, un rico hacendado que financió la construcción y que en su testamento declaró haber hecho "a mi costa y de mis vienes el Convento Seráfico San Francisco en esta ciudad" (Reyes, 2020, párr. 4).
El edificio tuvo una evolución arquitectónica en tres etapas, con un estilo ecléctico que combina elementos barrocos y neoclásicos. La primera (1634-1649) consistió en una modesta ermita y casa. La segunda (1650-1748), con el mecenazgo de Cabañas, permitió la construcción de un convento y su capilla de "cal y canto" con gruesos muros de tapial (Atiénzar, 2023). La tercera etapa, a partir de 1749, fue una reedificación motivada por los daños sufridos, probablemente por el sismo de 1737, que otorgó al templo la fisonomía de mayor solidez que aún se aprecia (Atiénzar, 2023). El terremoto de 1812 causó graves daños en la estructura del templo, que requirieron reparaciones posteriores (Atiénzar, 2023). En su interior, el templo conserva diversas imágenes devocionales de la tradición franciscana, así como un retablo mayor que data del siglo XVIII, que constituye un valioso patrimonio artístico religioso (Atiénzar, 2023).
El Convento de San Buenaventura fue un centro neurálgico de la vida colonial. Fue punto de encuentro, lugar donde se leían los "Bandos" del Cabildo y donde se ubicaba una pila pública de agua en la plaza que hoy lleva el nombre de Sucre (Reyes, 2020). Esta plaza, hoy conocida como Plaza Sucre, ha estado históricamente vinculada al convento y a la vida comunitaria de Valencia, siendo testigo de eventos cívicos y religiosos a lo largo de los siglos. Además, el convento fue el primer centro de educación formal de la ciudad, donde se impartían materias como gramática, filosofía y teología (Atiénzar, 2023). Su importancia fue tal que en 1770, 1786 y 1794 se celebraron en él los Capítulos Provinciales de la Orden Franciscana (Gómez Canedo, 1967).
Con la Guerra de Independencia y el decreto del Congreso de Cúcuta en 1821, los conventos con menos de ocho frailes fueron suprimidos. El Convento de San Buenaventura cerró y el 5 de agosto de 1821 pasó a manos del Estado (Reyes, 2020). La Iglesia continuó con el culto, pero separada definitivamente de la edificación conventual. Esta última fue destinada a fines educativos, primero como Colegio Nacional de Carabobo (1833) y luego como parte de la Universidad de Carabobo, donde hoy funciona el Centro de Interpretación Histórica, Patrimonial y Cultural de esa casa de estudios (Atiénzar, 2023). En el Archivo Histórico de la Universidad de Carabobo se conservan importantes documentos sobre el convento y su evolución, que constituyen una fuente primaria para futuras investigaciones.
La Iglesia, por su parte, vivió su propio proceso histórico. A mediados del siglo XIX, con el capellán Fray Simeón de Villafranca, se emprendió una importante reconstrucción para superar el estado ruinoso del templo (Atiénzar, 2023). Sin embargo, su relevancia histórica se vio coronada en 1858, cuando el templo se convirtió en la sede de la Convención Nacional convocada tras la Revolución de Marzo. Allí, en el recinto sagrado, se debatió una nueva Constitución y se escuchó la célebre intervención del ilustre abogado Fermín Toro, cuya oratoria conmovió a los presentes que se agolpaban en puertas y ventanas (El Nacional, 2024). La iglesia de San Francisco fue, por seis meses, el epicentro del debate político nacional (El Nacional, 2024).
La Iglesia de San Francisco fue declarada Monumento Histórico Nacional el 2 de agosto de 1960 (Atiénzar, 2023). En el siglo XXI, el templo adquirió una nueva relevancia al ser consagrado como santuario del Beato José Gregorio Hernández en 2021, año en que se iniciaron trabajos de restauración para acondicionar el espacio para la reliquia del beato (hoy santo) y la creciente feligresía (Atiénzar, 2023). La iglesia se convirtió así en un lugar donde la devoción franciscana se entrelaza con la veneración al "médico de los pobres". La restauración de 2021, que incluyó la recuperación de elementos arquitectónicos y decorativos, ha permitido poner en valor el patrimonio artístico del templo.
4. El peregrino en la ciudad: sociología de una devoción y prácticas de resiliencia
Desde la perspectiva sociológica, la celebración del Perdón de Asís en Valencia se presenta como una práctica de devoción popular que adquiere características particulares en el contexto social venezolano actual. La afluencia de fieles a la Iglesia de San Francisco el 1 y 2 de agosto, aunque no cuantificada en estudios formales, se estima que supera las 500 personas cada año, congregando a personas de diferentes edades y procedencias, según observación del autor. Estudios previos sobre religiosidad popular en Venezuela, como los realizados por el Centro de Estudios de la Religión (CER-UCAB), han documentado la importancia de las devociones marianas y franciscanas como espacios de cohesión social y transmisión de valores comunitarios en contextos urbanos (Centro de Estudios de la Religión, 2018).
La crisis social y económica que atraviesa Venezuela imprime a esta celebración un matiz de resiliencia comunitaria. En un contexto de incertidumbre y precariedad, la búsqueda de la gracia divina a través de la indulgencia se convierte en un acto de esperanza y de renovación personal. Los fieles acuden no solo por la promesa de la remisión de la pena temporal, sino también para encontrar paz interior, sanación familiar, agradecimiento por favores recibidos o para cumplir promesas. El Perdón de Asís se presenta como una práctica de resistencia cultural y continuidad identitaria, un ancla que fija a los individuos y a la comunidad en medio de la tormenta. Desde el concepto de capital social religioso, el templo se configura como un espacio donde se generan redes de confianza, solidaridad y apoyo mutuo entre los fieles, que se mantienen más allá de la celebración anual.
La pandemia de COVID-19, que afectó al mundo entero entre 2020 y 2022, tuvo un impacto significativo en la celebración del Perdón de Asís. Durante los años 2020 y 2021, las restricciones sanitarias limitaron la asistencia y obligaron a modificar los rituales, suspendiendo la celebración presencial o limitándola a pequeños grupos. Sin embargo, la comunidad encontró formas alternativas de vivir la tradición, a través de celebraciones virtuales y de la oración en casa, demostrando una vez más la capacidad de resiliencia de la fe popular. En 2022, con el levantamiento de las restricciones, la celebración recuperó su vitalidad, convocando a una comunidad que anhelaba reencontrarse con su fe y con su historia.
Además, la Iglesia de San Francisco, como santuario del Beato José Gregorio Hernández, ha visto reforzada su centralidad en el espacio urbano. La devoción al beato se superpone y se sincretiza con la tradición franciscana, creando un polo de atracción espiritual que va más allá del calendario litúrgico. El templo se convierte en un espacio de encuentro y de reivindicación del centro histórico, un lugar donde la fe se manifiesta como un acto de ocupación simbólica y de cohesión social.
5. Crónica de una celebración: la voz de la experiencia humana
El Perdón de Asís en la Iglesia de San Francisco se vive con una intensidad que trasciende el mero ritual. Durante los días 1 y 2 de agosto, el templo, que suele estar sumido en la penumbra y el recogimiento, se llena de luz y de fieles. El aroma a incienso se mezcla con el olor a cera y a la humedad de la piedra antigua. Las campanas de la torre, rematada en una cúpula esférica con una cruz, llaman a la oración desde el corazón del centro histórico (Atiénzar, 2023). En los archivos de la parroquia y de la Arquidiócesis de Valencia se conservan registros fotográficos de celebraciones anteriores, que documentan la evolución de la tradición a lo largo del tiempo.
El párroco actual y los sacerdotes capuchinos que atienden el templo ofician confesiones durante todo el día. Las largas filas de penitentes, algunos con el rostro cansado y otros con la mirada esperanzada, son testigos de la necesidad humana de reconciliación. La celebración de la Eucaristía es el momento culminante. La comunidad se reúne para comulgar, para recibir el Cuerpo de Cristo, y luego, frente al Santísimo expuesto, rezan el Padrenuestro y el Credo, cumpliendo con las condiciones para obtener la gracia. La oración por las intenciones del Papa, con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, cierra el acto litúrgico.
En los años previos a la pandemia, existía también la tradición de una novena preparatoria, durante la cual los fieles se preparaban espiritualmente para la celebración del 2 de agosto, mediante la oración, la reflexión y la caridad. Esta práctica, aunque interrumpida durante la pandemia, ha ido recuperándose gradualmente.
Pero más allá del rito, están las historias personales. Un anciano que, como cada año, pide por la salud de su nieto. Una madre que agradece a San Francisco por la recuperación de su hijo. Una joven que busca orientación para su vida. "Vengo aquí desde que era una niña con mi abuela", dice entre lágrimas una señora de mediana edad, "y aunque todo esté difícil, no puedo faltar. Aquí encuentro la paz que no encuentro en ningún otro lugar" (testimonio reconstruido a partir de observación participante). Testimonios como este son la savia que mantiene viva la tradición, demostrando que el Perdón de Asís, más allá de la teología y la historia, es una experiencia profundamente humana. La celebración ha recuperado su vitalidad, convocando a una comunidad que busca reencontrarse con su fe y con su historia.
Estos testimonios, cargados de humanidad, conducen a una reflexión final sobre el significado profundo de esta celebración.
6. Reflexión: el perdón que edifica
Esta celebración, que nació en la Umbría italiana y echó raíces en la Valencia colonial, sigue siendo hoy un puente entre la teología universal de la Iglesia y la memoria viva de un pueblo. La Iglesia de San Francisco, en Valencia, es el lugar donde la gracia divina se encuentra con la historia, la comunidad y la esperanza. La tradición del Perdón de Asís recuerda que, incluso en medio de las dificultades, la misericordia es posible y el perdón edifica.
Conclusiones
El Perdón de Asís constituye una práctica teológicamente fundamentada que trasciende la mera devoción individual para convertirse en un acto eclesial que renueva la experiencia de la misericordia divina en el tiempo presente. Su vigencia, ocho siglos después de su concesión, evidencia la capacidad de la tradición católica para dialogar con las necesidades espirituales de cada época, fundamentada en el poder concedido por Cristo a su Iglesia (Mt 16,19). El sacramento de la Penitencia, como encuentro con la misericordia, y el testimonio de San Francisco como modelo de reconciliación, son pilares de esta tradición.
La Iglesia de San Francisco de Valencia no es un escenario neutral de esta celebración, sino un actor histórico que imprime a la práctica un significado particular. Su condición de templo colonial de estilo ecléctico, convento, centro educativo, sede de una convención nacional y actual santuario de San José Gregorio Hernández (desde 2021), convierte al Perdón de Asís en un evento que articula múltiples capas de memoria colectiva (Atiénzar, 2023; Reyes, 2020). El terremoto de 1812 y las sucesivas reconstrucciones son testimonio de la resiliencia del templo y de la comunidad que lo habita. Las imágenes devocionales y el retablo mayor del siglo XVIII constituyen un patrimonio artístico que enriquece la experiencia espiritual de los fieles. La vinculación del templo con la Plaza Sucre y la presencia franciscana desde el siglo XVI subrayan la profundidad histórica de esta devoción.
Desde la perspectiva sociológica, la celebración del 1 y 2 de agosto en Valencia se revela como una práctica de resistencia cultural y continuidad identitaria. En un contexto de transformaciones urbanas y sociales, la afluencia de fieles al templo del centro histórico constituye un acto de reivindicación del espacio público como lugar de encuentro comunitario y de transmisión intergeneracional de la fe, generando redes de capital social religioso.
La dimensión periodística y humana de la celebración permite constatar que el Perdón de Asís, más allá de su formalidad ritual, genera experiencias de reconciliación, esperanza y renovación personal entre los fieles.
El abordaje interdisciplinar aquí ensayado demuestra la fecundidad de articular la teología, la historia, la sociología, la antropología y el periodismo para comprender fenómenos religiosos que, por su complejidad, exigen miradas múltiples. Este modelo metodológico puede ser replicado para el estudio de otras devociones y tradiciones católicas en el contexto venezolano.
Con motivo del estudio, se identifican como líneas futuras de investigación: (a) el estudio cuantitativo del impacto del Perdón de Asís en la vida pastoral de la diócesis de Valencia; (b) el análisis comparativo de esta celebración en otras iglesias franciscanas de Venezuela; y (c) la investigación etnográfica de las narrativas y testimonios de los fieles que participan año tras año en esta tradición, así como (d) la exploración de los fondos documentales del Archivo Histórico de la Universidad de Carabobo para profundizar en la historia del convento.
Agradecimientos
El autor expresa su sincero agradecimiento a la Ing. Eliana Peña Torrenegra, docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, por su gentil colaboración en la elaboración de este artículo. Su compromiso con la preservación de la memoria histórica católica de Valencia es un ejemplo de servicio académico y comunitario.
Referencias
Atiénzar, S. de. (2023). Cuadernos patrimoniales de Valencia: Conjunto patrimonial de San Francisco y Boulevard José Gregorio Hernández (Vol. 3). Ediciones Alcaldía de Valencia.
Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). Catecismo de la Iglesia Católica (2ª ed.). Libreria Editrice Vaticana.
Centro de Estudios de la Religión. (2018). Religiosidad popular y devociones urbanas en Venezuela: aproximaciones sociológicas. Universidad Católica Andrés Bello. (Trabajo no publicado, disponible en archivo del CER-UCAB).
El Nacional. (2024, 6 de diciembre). Momentos políticos de la Provincia de Carabobo: Convención de Valencia en 1858. El Nacional. https://www.elnacional.com/columnas/2024/12/momentos-politicos-de-la-provincia-de-carabobo-convencion-de-valencia-en-1858/
Enchiridion Indulgentiarum: Normae et concessiones. (1999). (4ª ed.). Libreria Editrice Vaticana.
Gómez Canedo, L. (1967). Los franciscanos en Venezuela: documentos para la historia (Vol. 1). Academia Nacional de la Historia.
Reyes, J. C. (2020, 13 de marzo). El Convento de San Buenaventura (1634). El Nacional. https://www.elnacional.com/opinion/el-convento-de-san-buenaventura-1634








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