De Mercator a Equal Earth: El error de la ONU con pretensiones políticas al imponer un mapa como estándar educativo
Ilustración artística: Fabián Robledo.
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Resumen
El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de la ONU aprobó con 164 votos a favor una resolución no vinculante que recomienda el uso de proyecciones cartográficas de área igual, en particular Equal Earth, para fines educativos, institucionales y mediáticos. Este artículo analiza críticamente dicha decisión desde perspectivas histórica, matemática, pedagógica, práctica y diplomática. Se argumenta que, si bien Mercator distorsiona áreas, fue concebido para la navegación y no como herramienta de dominación colonial. Equal Earth, aunque corrige la distorsión de superficie, introduce distorsiones de forma, ángulo y distancia que la hacen inadecuada como mapa estándar universal para la enseñanza. La resolución, presentada como acto de "justicia cognitiva", se inscribe en una tendencia de politización de la educación que incluye otros casos documentados en el ámbito de la ONU. Se concluye que la decisión, aunque simbólicamente relevante, resulta científicamente cuestionable y pedagógicamente problemática al priorizar una propiedad cartográfica sobre la necesaria diversidad de enfoques.
Palabras clave: proyección cartográfica, Equal Earth, Mercator, distorsión cartográfica, politización de la ciencia.
1. Introducción
La cartografía ha sido durante siglos una herramienta fundamental para la comprensión del mundo, pero también un campo donde la técnica y la política han entrado en tensión. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, con 164 votos a favor, 1 en contra (Estados Unidos) y 6 abstenciones (Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania), la resolución A/80/L.104, titulada "Correct the Map": Rebalancing global cartographic representation and promoting equitable representation of the world's regions, particularly Africa. La iniciativa, impulsada por Togo y respaldada por la Unión Africana, fue presentada como un acto de "justicia cognitiva" y "reparación simbólica" frente a las distorsiones del mapa de Mercator, que durante más de cuatro siglos ha sido la representación más difundida del planeta.
La resolución, de carácter no vinculante, promueve el uso de proyecciones de área igual, particularmente Equal Earth, en manuales escolares, medios de comunicación, plataformas digitales e instituciones internacionales como la UNESCO. No prohíbe el uso de Mercator ni lo declara obsoleto en todos los contextos, especialmente en navegación. Sin embargo, al recomendar un estándar predominante para la educación, la resolución ha suscitado un intenso debate entre cartógrafos, educadores, navegantes y analistas políticos. (véase el Anexo para un reportaje noticioso de France 24 sobre la aprobación de esta resolución).
¿Es Equal Earth realmente un mapa más preciso? ¿O simplemente reemplaza un tipo de distorsión por otro? ¿Qué implicaciones tiene para la enseñanza de la geografía? ¿Y hasta qué punto la narrativa de "reparación histórica" se sostiene desde el punto de vista científico? El presente artículo aborda estas preguntas mediante un análisis crítico y multidisciplinar, examinando también otros casos documentados de politización de la educación en el ámbito de la ONU para contextualizar la resolución dentro de una tendencia más amplia.
2. Antecedentes históricos: el mapa de Mercator y su propósito original
La proyección de Mercator fue desarrollada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator. Su objetivo era resolver un problema práctico de la navegación marítima: permitir que los pilotos trazaran rutas en línea recta que correspondieran a rumbos de brújula constantes, conocidos como líneas loxodrómicas. Para lograrlo, Mercator ideó una proyección cilíndrica conforme, es decir, que preserva los ángulos locales y, por tanto, los círculos infinitesimales se representan como círculos en el mapa, aunque su tamaño varíe con la latitud. Esta propiedad, conocida como conformalidad, es la que hace a Mercator invaluable para la navegación. La fórmula matemática implica que la escala marginal varíe con la secante de la latitud, lo que distorsiona el área de las regiones cercanas a los polos de forma creciente.
Es crucial señalar que Mercator no concibió su proyección con una intención geopolítica o colonial. La distorsión de áreas es una consecuencia matemática inevitable de la necesidad de preservar ángulos, no un acto deliberado de "empequeñecimiento" de los trópicos. El mapa, titulado Nova et aucta orbis terrae descriptio ad usum navigantium emendate accommodata, estaba destinado a los marineros. Si bien reflejaba el mundo conocido en la Europa del siglo XVI, con mayor precisión en el Mediterráneo y el norte de África, esto era consecuencia de la información disponible, no de un sesgo deliberado. Como ha argumentado el historiador Matthew Edney (2019), atribuir intencionalidad colonial a la distorsión de Mercator es un anacronismo que confunde el uso posterior del mapa con su diseño original. El error, por tanto, no reside en la intención de su creador, sino en el uso educativo acrítico que se hizo de su herramienta durante siglos.
El ejemplo más citado para ilustrar la distorsión de Mercator es Groenlandia, que aparece aproximadamente del mismo tamaño que África en el mapa, pese a que el continente africano es unas catorce veces mayor. Esta discrepancia ha sido señalada por críticos como Wood (1992), quien argumenta que los mapas no son representaciones neutrales, sino construcciones culturales que reflejan las relaciones de poder de su época. Aunque esta crítica tiene validez en el plano simbólico, resulta problemática cuando se extrapola a la intención original de la proyección. La distinción entre la intención de Mercator y los efectos posteriores de su mapa es fundamental para un análisis equilibrado.
3. La proyección Equal Earth: fundamentos matemáticos y pretensiones
Equal Earth fue creada por los cartógrafos Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny, y publicada formalmente en 2019 en el International Journal of Geographical Information Science (Šavrič et al., 2019). Su objetivo era diseñar una proyección pseudocilíndrica que preservara el área de los continentes —corrigiendo así la principal deficiencia de Mercator— pero que al mismo tiempo mantuviera una forma "visualmente aceptable" y una "distorsión de ángulos razonable". La proyección se basa en ecuaciones polinómicas que permiten un compromiso entre la precisión de área y la distorsión de forma.
A diferencia de otras proyecciones de área igual, como la de Peters (1973), Equal Earth evita el estiramiento extremo de los continentes en el ecuador y ofrece una apariencia "más equilibrada". Por este motivo, ha sido bien recibida por algunos cartógrafos como una alternativa visualmente más "justa" (Šavrič et al., 2019). La documentación técnica de sistemas como PROJ y Esri confirma que Equal Earth es una proyección mundial pseudocilíndrica equivalente, diseñada específicamente para preservar áreas manteniendo una apariencia visual equilibrada.
Sin embargo, la propia naturaleza de las proyecciones cartográficas implica que ningún mapa plano puede preservar simultáneamente todas las propiedades métricas: área, forma, distancia y ángulo (Robinson et al., 1995). Equal Earth elige preservar el área a expensas de distorsionar formas, distancias y ángulos, especialmente en las regiones polares y en los bordes del mapa. Mediante la indicatriz de Tissot —la herramienta matemática estándar para cuantificar la distorsión geométrica local— se evidencia que Equal Earth conserva el área de las elipses de deformación, pero altera drásticamente su excentricidad en las periferias. Esta distorsión, aunque menos evidente que la de Mercator, es igualmente significativa desde el punto de vista geométrico y pedagógico.
4. Ventajas y desventajas de ambas proyecciones
Un análisis comparativo de las principales ventajas y desventajas de cada proyección, según los criterios técnicos establecidos por la comunidad cartográfica (Snyder, 1993; Robinson et al., 1995), revela que ambas tienen fortalezas y debilidades en diferentes dimensiones. La proyección de Mercator preserva ángulos locales, lo que la hace conforme y, por tanto, ideal para la navegación marítima, ya que una línea recta en el mapa corresponde a un rumbo de brújula constante (línea loxodrómica). En la aviación, su uso es más limitado: aunque se emplea en algunas cartas, la navegación aérea de larga distancia utiliza proyecciones como Lambert Conformal Conic o la estereográfica, que se adaptan mejor a rutas de gran círculo. Mercator mantiene las formas locales de los continentes con relativa fidelidad, lo que facilita el reconocimiento visual, y su uso generalizado durante siglos ha creado una familiaridad cultural que facilita su comprensión intuitiva. Sin embargo, distorsiona el área de forma creciente hacia los polos —Groenlandia aparece del tamaño de África, cuando en realidad África es aproximadamente catorce veces mayor— y no es adecuada para comparar tamaños de territorios o para la enseñanza de geografía física que requiera precisión de áreas.
La proyección Equal Earth, por su parte, preserva el área de los continentes con precisión, lo que permite comparar tamaños reales, y ofrece una apariencia visual más equilibrada que otras proyecciones de área igual, como la de Peters. Es adecuada para mapas temáticos donde la superficie es la variable relevante, como demografía o recursos naturales. Sin embargo, a diferencia de Mercator, distorsiona formas, especialmente en las regiones polares y en los bordes del mapa, lo que puede inducir errores en la percepción de la morfología real de los continentes (véanse las Figuras 1 y 2 para una comparación visual entre el mapa de Mercator y el mapa Equal Earth). Tampoco preserva ángulos, por lo que no es útil para la navegación marítima o aérea, y las distancias entre puntos no se pueden medir con precisión en este mapa, ya que la proyección distorsiona las escalas en diferentes direcciones.
Figura 2. Mapa mundial con proyección Equal Earth, v1.0. Nota. De "Equal Earth physical map" (Versión 1.0), por T. Patterson, 2019, Equal-Earth.com (https://equal-earth.com/physical/). En el dominio público.
Es importante mencionar que la proyección de Mercator no es una reliquia histórica obsoleta. El sistema de coordenadas Universal Transverse Mercator (UTM), utilizado ampliamente en cartografía militar, catastral y de planificación territorial, emplea la proyección Mercator Transversa —una rotación del cilindro de proyección— aplicada por husos de 6 grados de longitud con parámetros que limitan la distorsión de escala dentro de cada zona, manteniendo la conformalidad para la medición precisa de ángulos y distancias en escalas regionales (Snyder, 1993).
Asimismo, proyecciones como la de Robinson o la Winkel-Tripel —esta última adoptada por National Geographic desde 1998— ofrecen un compromiso visualmente equilibrado entre la distorsión de área y forma, sin pretender ser perfectas en ninguna propiedad (Robinson et al., 1995). La existencia de estas alternativas muestra que Equal Earth no es la única ni necesariamente la mejor opción para la representación general del mundo, y que la elección de una proyección debe basarse en el propósito específico del mapa.
5. Idoneidad pedagógica: ¿Qué mapa debe enseñarse en las escuelas?
El debate sobre el mapa más adecuado para la educación geográfica no es nuevo. Desde la década de 1970, la proyección de Peters —otra proyección de área igual— ha sido promovida por activistas como una alternativa "más justa" a Mercator, aunque ha recibido críticas por su extrema distorsión de formas (Monmonier, 2004). Equal Earth surge como una versión mejorada, pero no resuelve el problema fundamental: ningún mapa plano puede ser completamente preciso.
Investigaciones empíricas sobre percepción cartográfica han demostrado que los estudiantes, especialmente en etapas tempranas del desarrollo cognitivo, tienen dificultades para comprender la distorsión cartográfica cuando no se les explica explícitamente (Liben, 2008; Battersby, 2009). Un estudio de Battersby (2009) encontró que los participantes tenían conocimiento limitado de las proyecciones y dificultades para transferir ese conocimiento a tareas prácticas. Otro trabajo de Battersby y Kessler (2012) mostró que los principiantes tienden a utilizar la forma de las masas terrestres como señal para interpretar la distorsión, lo que sugiere que un mapa que distorsiona formas (como Equal Earth) podría generar confusión si no va acompañado de una explicación adecuada. Esto subraya que el cambio de un mapa a otro, sin una formación docente específica y sin materiales didácticos que expliquen las diferencias, puede generar más confusión que claridad.
El pedagogo y geógrafo David Lambert (2020) ha argumentado que la enseñanza de la geografía debe incluir una comprensión crítica de las proyecciones, en lugar de buscar un único mapa "correcto". Es decir, los estudiantes deben aprender que Mercator es útil para la navegación, Equal Earth para comparar áreas, y otras proyecciones como Robinson o Winkel-Tripel para una representación visualmente equilibrada. Reducir la complejidad de la cartografía a una elección binaria entre "mapa colonial" y "mapa justo" empobrece la formación geográfica y fomenta un pensamiento simplista. Desde esta perspectiva, la resolución de la ONU representa un retroceso pedagógico, al recomendar un estándar predominante sin reconocer explícitamente que cada proyección tiene un propósito específico.
5.1. Efectos en la educación primaria y secundaria
La resolución de la ONU tiene como objetivo explícito que Equal Earth sea adoptado "en manuales escolares, medios de comunicación, plataformas digitales e instituciones internacionales como la UNESCO". Esta proyección del cambio a las aulas plantea interrogantes pedagógicos que la resolución no aborda adecuadamente.
En la educación primaria, los estudiantes se encuentran en una fase de desarrollo cognitivo donde la percepción visual y la memorización de formas son herramientas fundamentales para el aprendizaje geográfico. El mapa de Mercator, con su distorsión de áreas, al menos preserva las formas locales con relativa fidelidad, lo que facilita el reconocimiento visual. Equal Earth, al priorizar la precisión de áreas, distorsiona las formas de los continentes, especialmente en los bordes del mapa y en las regiones polares. Un estudiante de primaria que aprenda con Equal Earth podría desarrollar una percepción errónea de la morfología real de los continentes, confundiendo, por ejemplo, la forma real de Groenlandia o de la Antártida con sus representaciones distorsionadas en el nuevo mapa. Este riesgo es consistente con los hallazgos de Battersby y Kessler (2012) sobre la tendencia de los principiantes a interpretar la forma como señal de distorsión.
En la educación secundaria, donde se introduce el pensamiento abstracto y crítico, el problema es de distinta naturaleza. La resolución presenta el cambio de mapa como un acto de "justicia cognitiva", lo que podría llevar a los docentes a presentar la cartografía como un campo donde las decisiones ideológicas priman sobre los criterios técnicos. En lugar de enseñar a los estudiantes que cada proyección tiene un propósito específico y que ninguna es "correcta" en términos absolutos, la resolución fomenta una visión binaria: Mercator es "colonial" y Equal Earth es "justo". Esta simplificación contradice los principios de una educación cartográfica crítica, que debe formar estudiantes capaces de comprender las limitaciones de cualquier mapa y de seleccionar la proyección adecuada según el propósito.
Además, la resolución no contempla la formación docente necesaria para implementar este cambio. Los profesores de geografía, acostumbrados al mapa de Mercator, deberían recibir formación específica sobre las distorsiones de Equal Earth y sobre cómo enseñar a los estudiantes a leer este nuevo mapa sin caer en nuevos errores conceptuales. La ausencia de este componente en la resolución sugiere que el cambio se concibe más como un gesto simbólico que como una reforma pedagógica meditada.
Un aspecto no abordado por la resolución es la evaluación del aprendizaje. ¿Cómo podrá un profesor determinar si un estudiante ha comprendido correctamente la morfología de un continente si el mapa que utiliza distorsiona sus formas? ¿Qué criterios se aplicarían en pruebas estandarizadas de geografía? Como ha señalado la literatura especializada en alfabetización cartográfica, el objetivo no es elegir un mapa "correcto", sino comprender las limitaciones de cada mapa y seleccionar la proyección adecuada para cada propósito (Battersby & Kessler, 2012; Liben, 2008).
Togo, impulsor de la iniciativa, ha anunciado que actualizará sus propios materiales educativos para adoptar Equal Earth, pero no ha detallado cómo abordará la formación de sus docentes ni cómo evaluará el impacto del cambio en el aprendizaje de los estudiantes. Esta laguna es significativa, ya que la transición de un modelo cartográfico a otro no es neutra desde el punto de vista cognitivo, y los estudiantes podrían desarrollar concepciones erróneas si el cambio no va acompañado de una explicación clara de por qué se produce y de qué limitaciones tiene el nuevo mapa.
6. Limitaciones prácticas: navegación marítima, aérea y topografía
La proyección Equal Earth no es utilizable para la navegación marítima ni aérea, ya que las líneas rectas en el mapa no representan rumbos de brújula constantes. En la navegación oceánica, la proyección de Mercator sigue siendo insustituible, y las cartas náuticas actuales —tanto en papel como en sistemas electrónicos (ECDIS)— continúan utilizando esta proyección o sus derivadas conforme a las normativas de la Organización Marítima Internacional (IMO) (Bowditch, 2002). En la aviación comercial, las cartas aeronáuticas para vuelos de larga distancia emplean proyecciones que preservan ángulos, como la Lambert Conformal Conic o la estereográfica, adaptadas a rutas de gran círculo (Federal Aviation Administration, 2016). La resolución de la ONU no prohíbe el uso de Mercator en estos ámbitos, pero al recomendar Equal Earth como mapa educativo estándar, genera una confusión innecesaria sobre la diversidad de usos cartográficos.
Un ejemplo ilustrativo permite comprender el problema práctico. Supóngase un capitán de barco que, utilizando un mapa Equal Earth, traza una línea recta desde Lisboa (Portugal) hasta Nueva York (Estados Unidos). En un mapa de Mercator, esa línea recta corresponde a un rumbo de brújula constante de aproximadamente 290 grados (noroeste), que el navegante puede seguir manteniendo el mismo ángulo con respecto al norte verdadero. En un mapa Equal Earth, sin embargo, esa misma línea recta no representa un rumbo constante. Si el capitán intentara seguir esa línea en su brújula, se desviaría progresivamente de la ruta real, ya que la proyección distorsiona los ángulos de manera variable a lo largo del trayecto. Para mantener el rumbo, el navegante tendría que recalcular constantemente el ángulo, lo que en la práctica hace inviable la navegación con este mapa. Es importante señalar que la línea loxodrómica en Mercator corresponde a un rumbo constante respecto al norte verdadero, y que en la práctica la navegación moderna utiliza sistemas de posicionamiento que integran correcciones magnéticas y ortodrómicas. Sin embargo, el principio fundamental permanece: Equal Earth no puede sustituir a Mercator en contextos de navegación.
Además, la proyección de Mercator, en su variante Transversa, ha sido utilizada tradicionalmente en topografía, catastro y delimitación de fronteras internacionales, especialmente en regiones de latitudes medias y altas, donde la preservación de ángulos es crucial para evitar disputas territoriales por interpretaciones erróneas de límites. Equal Earth, al distorsionar formas, no sería adecuada para estos fines, y su uso en contextos catastrales o de delimitación podría generar problemas legales y prácticos.
7. El debate ideológico: ¿Reparación histórica o revisión de la historia?
La narrativa presentada por los impulsores de la resolución —Togo y la Unión Africana— enmarca el cambio de mapa como un acto de "justicia cognitiva" y "reparación simbólica". Según esta visión, el mapa de Mercator habría sido una herramienta del colonialismo que empequeñeció a África y al Sur Global, perpetuando una percepción distorsionada de su importancia en el mundo. El ministro de Relaciones Exteriores de Togo, Robert Dussey, afirmó ante la Asamblea que "los mapas no son únicamente herramientas geográficas. Dan forma a nuestro entendimiento del mundo, orientan la educación, alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas. Así pues, nunca son neutrales" (EFE, 2026). La resolución sostiene que las distorsiones cartográficas "han tenido efectos cognitivos, educativos, culturales, geopolíticos y socioeconómicos" y han contribuido a la "simbólica miniaturización" de África en la percepción global.
Esta narrativa, sin embargo, presenta problemas de fundamentación histórica y conceptual. Como ha argumentado el historiador Matthew Edney (2019), atribuir intencionalidad colonial a la distorsión de Mercator es un anacronismo que confunde el uso posterior del mapa con su diseño original. La distorsión de Mercator es una consecuencia matemática, no un acto deliberado de dominación. El "sesgo" no está en el mapa, sino en la decisión cultural de usarlo durante siglos como mapa educativo sin explicar sus limitaciones. No obstante, esta constatación no invalida la crítica al uso prolongado y acrítico de Mercator, que sí puede tener efectos cognitivos y culturales documentados (Wood, 1992; Monmonier, 2004). La cuestión es si reemplazar una distorsión por otra constituye una "reparación" científica o simplemente un cambio de sesgo.
Desde la perspectiva del análisis histórico crítico, la narrativa de la "reparación" presenta varios problemas. En primer lugar, atribuye intencionalidad donde no la hubo, suponiendo que la distorsión fue un acto deliberado, lo que no se sostiene con la evidencia histórica. En segundo lugar, reemplazar una distorsión por otra no constituye una "reparación" científica, sino un cambio de prioridades: Equal Earth distorsiona formas, lo que genera un nuevo conjunto de errores conceptuales. En tercer lugar, permite que consideraciones ideológicas determinen la representación cartográfica, abriendo la puerta a futuras manipulaciones con otros fines. Sin embargo, es justo reconocer que los defensores de la resolución argumentan que el uso prolongado de Mercator en la educación ha tenido efectos culturales reales, independientemente de la intención original de su creador. Este argumento merece ser considerado, aunque no justifica la imposición de un estándar único. Como ha señalado el historiador Timothy Garton Ash (2023), revisar la historia para ajustarla a narrativas contemporáneas puede ser una forma de simplificación que oculta la complejidad histórica, aunque también puede ser una forma legítima de cuestionar usos prolongados y acríticos del pasado.
8. La objeción de Estados Unidos y el contexto diplomático
Estados Unidos fue el único país que votó en contra de la resolución. La delegación estadounidense argumentó que la iniciativa formaba parte de un "proyecto ideológico más radical y amplio" y que la ONU "pierde credibilidad" al debatir "cuestiones de mapas del siglo XIX hablando de reparación y justicia cognitiva". Según esta postura, la Asamblea General debería centrar sus esfuerzos en "problemas genuinos de paz internacional, prosperidad o buenas relaciones" en lugar de abordar esta reforma cartográfica.
La votación reflejó un alineamiento geopolítico complejo. Los países africanos votaron mayoritariamente a favor, en una iniciativa coordinada por la Unión Africana, que enmarcó la resolución como parte de su "Década del Conocimiento Africano" (2025-2035) y de su Proyecto de Descolonización del Conocimiento. Sin embargo, la resolución contó también con el apoyo de los países de la Unión Europea, que respaldaron mayoritariamente la medida. Francia, en particular, anunció que adoptaría Equal Earth en sus materiales educativos, lo que contradice una lectura simplista del debate como una confrontación entre "Sur Global" y "Occidente". China y Rusia se abstuvieron, una postura que algunos analistas han interpretado como una cautela estratégica, aunque las razones exactas de estas abstenciones no han sido declaradas oficialmente. Ucrania, por su parte, se abstuvo explícitamente debido a la representación de territorios ocupados en algunos mapas Equal Earth, según reportes diplomáticos.
La objeción de Estados Unidos tiene fundamentos que merecen consideración. En primer lugar, la Asamblea General dedica tiempo y atención a una resolución no vinculante sobre cartografía, mientras que crisis humanitarias, conflictos armados y otros asuntos requieren acciones urgentes. En segundo lugar, la recomendación de una proyección predominante como estándar educativo contradice el consenso entre cartógrafos y educadores, que abogan por la enseñanza de múltiples proyecciones según el propósito. En tercer lugar, al aprobar resoluciones con contenido ideológico y científicamente cuestionable, la organización corre el riesgo de ser percibida como un foro político más que como una institución técnica y diplomática. Como señala el analista de relaciones internacionales Richard Gowan (2025), la ONU enfrenta una crisis de credibilidad cuando prioriza gestos simbólicos sobre soluciones prácticas.
9. Antecedentes de politización ideológica en el ámbito de la ONU
La resolución sobre Equal Earth no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una tendencia más amplia de intentos de influencia ideológica en el ámbito educativo y científico con alcance transnacional, promovidos desde la propia ONU o sus agencias especializadas. Un caso documentado es el de la UNESCO, cuya actuación en relación con el patrimonio cultural de Jerusalén ha sido objeto de múltiples críticas. En 2016, el Consejo Ejecutivo de la UNESCO adoptó una resolución, propuesta por la delegación palestina, que negaba los vínculos entre el pueblo judío y la ciudad de Jerusalén, a pesar de la evidencia histórica y arqueológica que documenta la presencia judía en la ciudad desde la antigüedad. Esta resolución, calificada por críticos como "negacionismo historiográfico", fue impulsada por países con bajos índices de alfabetización y regímenes autoritarios, lo que llevó a cuestionar la credibilidad de la agencia cultural de la ONU.
Otro caso relevante es el de la propia UNESCO en relación con las teorías raciales y el desarrollo. Como ha documentado el historiador Sebastián Gil-Riaño (2023), la UNESCO, a pesar de su famosa declaración de 1950 que rechazaba el determinismo biológico estricto, mantuvo otras visiones jerárquicas de la diversidad humana. Los científicos sociales de la UNESCO abrazaron la plasticidad y los beneficios de la mezcla racial, pero retuvieron una visión del mundo dividida entre aquellos que vivían en la civilización occidental moderna y aquellos que permanecían "primitivos" y necesitados de ser elevados. Este caso muestra cómo incluso iniciativas aparentemente progresistas pueden estar imbuidas de supuestos ideológicos que perpetúan visiones jerárquicas del mundo.
El filósofo Robert Proctor (2008) ha acuñado el concepto de "ignorancia estratégica" para referirse a la producción cultural de ignorancia como herramienta política. En el contexto de la resolución sobre Equal Earth, podría argumentarse que la iniciativa prioriza selectivamente la evidencia sobre distorsión de área mientras ignora el consenso técnico sobre la diversidad de proyecciones. Sin embargo, sería excesivo calificar esto como "ignorancia estratégica" en el sentido estricto de Proctor, ya que no hay evidencia de que los impulsores de la resolución ocultaran deliberadamente información técnica. Más bien, se trata de una simplificación instrumental de la evidencia para promover una agenda política legítima, pero científicamente incompleta.
La distinción filosófica entre valores constitutivos (que guían la práctica científica, como la precisión y la coherencia) y valores contextuales (que influyen en la elección de temas y aplicaciones) permite reconocer que la ciencia no es completamente neutral sin caer en el relativismo radical (Lacey, 1999). La resolución sobre Equal Earth, al priorizar los valores contextuales (justicia cognitiva) sobre los constitutivos (precisión cartográfica), ejemplifica esta tensión y plantea preguntas sobre los límites de la politización de la ciencia. Como han argumentado Sokal y Bricmont (1998), el hecho de que la ciencia esté influida por factores sociales no implica que todos los conocimientos sean igualmente válidos o que las consideraciones ideológicas deban primar sobre los criterios técnicos.
Estos casos, junto con la resolución sobre Equal Earth, comparten un rasgo común: la subordinación de criterios de precisión y rigor a consideraciones ideológicas, convirtiendo la educación y la ciencia en campos de batalla políticos. Sin embargo, es importante reconocer que la comparación entre casos tan diversos (negacionismo histórico, teorías raciales y elección de una proyección cartográfica) tiene límites metodológicos. Mientras que los casos de UNESCO-Jerusalén y UNESCO-teorías raciales implican distorsiones históricas o científicas de mayor calado, la resolución sobre Equal Earth se refiere a una elección de proyección que, aunque discutible, tiene un fundamento técnico legítimo. Esta diferencia debe tenerse en cuenta al establecer paralelismos.
10. Discusión: Entre la precisión, la pedagogía y la política
El análisis presentado revela que la resolución de la ONU sobre el mapa Equal Earth plantea un conflicto entre tres dimensiones: la precisión técnica, la idoneidad pedagógica y la intención política. Desde la precisión técnica, Equal Earth es una proyección de área igual que, aunque visualmente más equilibrada que otras, distorsiona formas y no puede usarse para navegación o medición de distancias. No es, por tanto, un mapa "más preciso" en términos absolutos, sino más preciso en una sola variable (área) a costa de sacrificar otras tres (forma, distancia y ángulo). La idea de que este mapa sea "el más preciso" es una simplificación errónea que no se sostiene con la evidencia matemática (Snyder, 1993).
La resolución sobre Equal Earth se inscribe en el proyecto más amplio del Sur Global para reformar las instituciones internacionales, que incluye iniciativas como la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU o la renegociación de los acuerdos de Bretton Woods. Sin embargo, al centrarse en un gesto simbólico con escaso impacto práctico, la resolución corre el riesgo de ser percibida como una distracción de problemas más urgentes. La objeción de Estados Unidos, aunque aislada, plantea una cuestión de fondo sobre la credibilidad de la ONU: ¿puede una organización dedicada a la paz y la seguridad internacional justificar la dedicación de tiempo y recursos a un debate sobre mapas cuando el mundo enfrenta crisis humanitarias y conflictos armados? Al mismo tiempo, es justo reconocer que los gestos simbólicos pueden tener importancia política y cultural, y que la demanda de "justicia cognitiva" responde a percepciones reales de desequilibrio en la representación global.
Desde la pedagogía, la resolución es problemática porque reduce la complejidad cartográfica a una elección binaria y no promueve el pensamiento crítico necesario para comprender las limitaciones de cualquier mapa. Como sugiere Lambert (2020), la alfabetización espacial requiere que los estudiantes entiendan qué distorsiona cada proyección y para qué sirve, no que memoricen un único mapa "correcto". La resolución, al recomendar un estándar predominante, va en contra de los principios de una educación geográfica moderna.
Desde la política, la narrativa de la "reparación histórica" presenta problemas de fundamentación, al atribuir intencionalidad colonial a una herramienta matemática y al confundir la distorsión geométrica con un acto de dominación cultural. Sin embargo, esta crítica no invalida la observación de que el uso prolongado y acrítico de Mercator en la educación ha tenido efectos culturales reales. La cuestión no es si Mercator fue diseñado con una intención colonial —lo que no fue—, sino si su uso educativo prolongado sin explicar sus limitaciones ha contribuido a percepciones distorsionadas del mundo.
11. Conclusiones
La resolución de la ONU que recomienda el uso de la proyección Equal Earth para fines educativos es un gesto simbólico que, aunque comprensible en su intención de corregir percepciones distorsionadas del mundo, carece de fundamento científico sólido y resulta pedagógicamente problemática. Equal Earth no es un mapa más preciso que Mercator; simplemente sacrifica otras variables para preservar el área. La cartografía moderna no busca un mapa único, sino múltiples proyecciones para múltiples propósitos. La resolución, al recomendar un estándar predominante, reduce la complejidad de la representación cartográfica a una elección binaria y no promueve la alfabetización crítica que los estudiantes necesitan.
La narrativa ideológica que presenta el cambio como una "reparación" frente al colonialismo cartográfico es históricamente insostenible en lo que respecta a la intención de Mercator, aunque el uso prolongado y acrítico de su mapa sí puede haber tenido efectos culturales que merecen ser discutidos. La distorsión de Mercator es una consecuencia matemática, no un acto deliberado de dominación. Sustituir un mapa por otro no corrige el pasado, sino que oculta la complejidad de la historia de la cartografía y sienta un precedente de politización de la ciencia. La resolución se inscribe en una tendencia de influencia ideológica en la educación y la ciencia desde la propia ONU, como lo demuestran los casos documentados de la UNESCO, aunque la comparación entre casos tan diversos tiene límites metodológicos que deben reconocerse.
La objeción de Estados Unidos, aunque aislada, plantea un dilema válido sobre el papel de la ONU: ¿debe dedicarse a resolver problemas reales de paz y desarrollo, o debe distraerse con debates simbólicos? La respuesta de la comunidad internacional a esta pregunta definirá, en gran medida, la credibilidad futura de la organización. En definitiva, la enseñanza de la geografía no gana con la imposición de un mapa único, sino con la formación de ciudadanos críticos capaces de entender que todo mapa es una representación parcial y que la precisión depende del propósito. La resolución de la ONU, en su forma actual, es un paso atrás en ese objetivo.
Referencias
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Septiembre, 2026.
Anexo
Reportaje de France 24 sobre la resolución de Naciones Unidas que aprueba el mapa Equal Earth (4 de septiembre de 2026)




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