​El grito de fuego sobre Naguanagua: Entre la óptica atmosférica y el arte

Amanecer visto desde Naguanagua, el 7 de septiembre de 2026. Fotografía: Fabián Robledo.

​El grito de fuego sobre Naguanagua: Entre la óptica atmosférica y el arte

Fabián Robledo¹

¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve 

Hay mañanas que comienzan de forma autómata, con la rutina mecánica de salir de casa, el paso apresurado y la mente ya ocupada en los compromisos del día. Pero hoy, apenas crucé el umbral y me puse a caminar, Naguanagua me detuvo en seco. Fue un asalto a los sentidos, un regalo fortuito que me dejó inmóvil: el cielo estaba, en el sentido más literal, ardiendo sobre el horizonte este.

Eran cerca de las 6:10 a.m., durante la transición del crepúsculo matutino, cuando el sol aún se encontraba a pocos grados por debajo del horizonte en un ángulo de incidencia muy bajo, casi rasante (Meeus, 1998). Esta geometría astronómica tan precisa permitió que sus rayos iluminaran la base de las capas superiores mientras la superficie terrestre permanecía en penumbra. Capturé la fotografía no como un acto planificado, sino como una respuesta instintiva ante una manifestación de belleza que me pareció, en ese primer instante, casi irreal. Esa fotografía está en la cabecera del presente artículo.

Mientras intentaba asimilar la intensidad de la escena, fue imposible no recordar la paleta de colores de El Grito de Edvard Munch. El propio artista noruego anotó en su diario haber pintado aquella obra tras presenciar un atardecer donde "el cielo se volvió rojo sangre", un fenómeno que investigaciones de física atmosférica han vinculado a la persistencia de aerosoles estratosféricos tras la erupción del volcán Krakatoa (Olson et al., 2004). Esos mismos naranjas y rojos viscerales estaban hoy pintados sobre el lienzo de mi propia ciudad.

El Grito (1893), de Edvard Munch. Galería Nacional de Noruega. Fuente: Wikimedia Commons (Dominio Público).

Sin embargo, a diferencia del lienzo munchiano, el sujeto —yo mismo, parado en medio de la calle— no experimentó una angustia existencial, sino un estado de asombro psicológico puro, esa extraña suspensión del tiempo donde la mente se queda en silencio ante lo sublime (Keltner & Haidt, 2003).

La experiencia poseía una atmósfera profundamente onírica. La luz no solo se veía; parecía proyectar una calidez casi palpable frente al aire fresco de la mañana. Los colores mostraban una pureza colorimétrica asombrosa: un gradiente que nacía en un ámbar eléctrico cerca del horizonte y mutaba hacia un coral profundo y violáceo en las capas superiores. En la composición de la escena, las siluetas negras de los edificios y las líneas horizontales del tendido eléctrico sirvieron como un ancla terrestre de alto contraste, guiando la mirada y potenciando aún más la inmensidad del cielo (Freeman, 2007).

Desde la perspectiva meteorológica, este escenario fue orquestado por un patrón de altocúmulos, probablemente de la variedad undulatus (el llamado "cielo aborregado", o "empedrado"). Este tejido delataba la presencia de ondas de gravedad desplazándose por una capa estable en la media atmósfera, ubicadas a la altitud perfecta para actuar como una pantalla gigante de proyección (Organización Meteorológica Mundial, 2017).

Allí es donde entra la física, específicamente la dispersión de Rayleigh y, en menor medida, la dispersión Mie provocada por los aerosoles y la humedad (Bohren & Huffman, 1983). Al estar el sol por debajo del horizonte, su luz debió atravesar un trayecto atmosférico mucho más largo. En este denso filtro, las moléculas dispersaron las longitudes de onda cortas (azules y violetas) fuera de nuestra vista, dejando pasar únicamente las longitudes de onda más largas: los rojos y naranjas saturados (Lynch & Livingston, 2001). Los tonos púrpuras del cénit no eran más que la mezcla óptica entre este rojo residual y la luz difusa que aún persistía en la alta atmósfera.

Este encuentro tuvo la virtud —y la nostalgia— de ser profundamente efímero. En esta época del año en nuestra zona, estos patrones nubosos a menudo anticipan la inestabilidad diurna: un indicador de que la humedad matutina, al calentarse el suelo, puede transformarse rápidamente en la nubosidad plomiza y lluviosa de nuestras tardes (Ahrens, 2012). El espectáculo duró solo unos minutos; el sol continuó su ascenso, el ángulo cambió, la dispersión se reorganizó y el cielo de fuego dio paso a la luz habitual del día.

El episodio me reafirmó que la ciencia jamás destruye el misterio de lo poético, sino que le da una dimensión más profunda. Como solía explicar el físico Richard Feynman (1981) al contemplar la belleza de la naturaleza:

"Puedo apreciar la belleza de una flor. Pero al mismo tiempo, puedo ver una belleza más profunda: su orden interno, la forma en que funciona. El conocimiento científico solo añade emoción, misterio y asombro a la belleza que ya está ahí."

Hoy, al salir de casa en Naguanagua, no solo presencié un espectáculo de color inolvidable; fui testigo directo del orden invisible del universo.

Referencias

Ahrens, C. D. (2012). Meteorology today: An introduction to weather, climate, and the environment (10.ª ed.). Cengage Learning.

Bohren, C. F., & Huffman, D. R. (1983). Absorption and scattering of light by small particles. John Wiley & Sons. https://doi.org/10.1002/9783527618156

Feynman, R. P. (1981). The ode on a flower [Video]. BBC. https://www.bbc.co.uk/programmes/p018dc3j

Freeman, M. (2007). The photographer's eye: Composition and design for better digital photos. Focal Press. https://doi.org/10.4324/9780080556017

Keltner, D., & Haidt, J. (2003). Approaching awe, a moral, spiritual, and aesthetic emotion. Cognition and Emotion, 17(2), 297–316. https://doi.org/10.1080/02699930302297

Lynch, D. K., & Livingston, W. (2001). Color and light in nature (2.ª ed.). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511803932

Meeus, J. (1998). Astronomical algorithms (2.ª ed.). Willmann-Bell.

Munch, E. (1893). El Grito [Pintura]. Galería Nacional de Noruega, Oslo. Wikimedia Commons. https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:The_Scream.jpg

Olson, D. W., Doescher, R. L., & Olson, M. S. (2004). When the sky ran red: The inspiration for Edvard Munch's The Scream. Skeptical Inquirer, 28(3), 29–35. https://skyandtelescope.org/astronomy-news/astronomy-in-art/when-the-sky-ran-red/

Organización Meteorológica Mundial. (2017). Altocumulus (Ac). Atlas Internacional de Nubes. https://cloudatlas.wmo.int/en/altocumulus-ac.html

Septiembre 2026

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