Tierras raras: fundamentos, cadena de valor global y evaluación del potencial venezolano desde una perspectiva multidisciplinaria
Fabián Robledo¹
¹Departamento de Señales y Sistemas. Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones. Facultad de Ingeniería. Universidad de Carabobo. frobledo@uc.edu.ve
Resumen
Las tierras raras son diecisiete elementos químicos esenciales para imanes permanentes, catalizadores y tecnologías de energía limpia. Su cadena de valor está fuertemente concentrada en China, lo que genera preocupaciones de seguridad de suministro a escala global. Este artículo de revisión documental examina el potencial venezolano desde perspectivas geológica, química, de ingeniería de procesos, económica, ecológica y sociológica. La literatura indica que Venezuela posee indicios geológicos en el Escudo de Guayana, pero carece de reservas certificadas y de capacidad industrial. El USGS no incluye a Venezuela en su listado de países con reservas cuantificadas de tierras raras en su edición más reciente, y los datos geológicos permanecen incompletos tras décadas de subinversión en exploración minera. La Ley Orgánica de Minas, publicada en abril de 2026, introduce un nuevo marco regulatorio cuya eficacia aún no ha sido evaluada. Se concluye que Venezuela constituye un objeto de observación de largo plazo más que una fuente alternativa inmediata. La principal limitación metodológica del estudio es su dependencia de fuentes secundarias para el caso venezolano.
Palabras clave: tierras raras; cadena de suministro; Venezuela; minerales críticos; transición energética
1. Introducción
1.1 ¿Qué son las tierras raras?
El término "tierras raras" designa a los quince elementos del grupo de los lantánidos, a los que se añaden el escandio y el itrio por convención histórica y por similitud de comportamiento químico. La denominación es engañosa: muchos de estos elementos presentan abundancias corticales apreciables, comparables a las de metales comunes, pero rara vez se concentran en depósitos económicamente explotables. Esta característica geoquímica condiciona la viabilidad económica de su extracción y plantea desafíos técnicos complejos para su aprovechamiento industrial. La expresión "tierras raras" ha tenido otros usos ajenos a la química, que se comentan en el Anexo.
Se clasifican convencionalmente en ligeras y pesadas. La distinción no es meramente académica: algunos elementos pesados, como el disprosio y el terbio, alcanzan precios muy superiores y su separación es más compleja que la de los ligeros. El neodimio, el praseodimio, el disprosio y el terbio son los más demandados para imanes de alto rendimiento. Según reporta FT Mercati (2026), con base en datos de la Asociación China de la Industria de Tierras Raras, el óxido de disprosio se cotizaba alrededor de 214 dólares por kilogramo y el de terbio superaba los 1000 dólares por kilogramo, muy por encima del óxido de neodimio-praseodimio, que rondaba los 108 dólares por kilogramo. Estas diferencias explican por qué no todos los yacimientos valen lo mismo.
1.2 Aplicaciones en la tecnología moderna
Las tierras raras son insumos críticos en imanes permanentes de neodimio-hierro-boro, empleados en motores de vehículos eléctricos y aerogeneradores; en catalizadores de craqueo petrolero; en fósforos para LED y pantallas; en aleaciones de alta resistencia; y en tecnologías de defensa. Para varias de estas aplicaciones, las alternativas técnicas existen en laboratorio, pero distan de la madurez industrial requerida para sustituir el suministro actual a corto plazo.
1.3 Impacto económico, geopolítico y social
La demanda global ha crecido sostenidamente por la electrificación del transporte, la descarbonización energética y la digitalización, en un contexto de compromisos internacionales como el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La concentración de la oferta en China —que posee el 51,7% de las reservas globales según el USGS, y controla cerca del 91% de la capacidad de refinación de tierras raras magnéticas según la Agencia Internacional de Energía— ha convertido a las tierras raras en un asunto de seguridad económica y geopolítica. Investigaciones recientes subrayan que la transición energética genera, en determinadas fronteras extractivas, lo que la literatura denomina "zonas de sacrificio": espacios donde comunidades marginadas asumen desproporcionadamente los costos sociales y ambientales de la extracción de minerales críticos (Meehan et al., 2025). Para países en desarrollo con indicios geológicos, esto plantea la pregunta central de este artículo: ¿basta tener el recurso para desarrollarse?
2. Metodología y limitaciones
Esta sección describe el procedimiento mediante el cual se identificó, seleccionó y organizó la evidencia que sustenta el análisis. Su propósito es doble: por un lado, permitir que el lector evalúe la trazabilidad de las afirmaciones presentadas; por otro, explicitar las limitaciones inherentes a un tema sobre el cual la información pública es escasa, fragmentaria y, en ocasiones, contradictoria.
El artículo se concibe como una revisión documental narrativa. Este tipo de revisión resulta apropiado cuando el objeto de estudio es incipiente o está disperso entre disciplinas, y cuando el objetivo no es medir un efecto único sino integrar perspectivas diversas para construir un estado de la cuestión.
Las bases de datos consultadas fueron Scopus, Google Scholar y ScienceDirect, complementadas con repositorios institucionales del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y de la Agencia Internacional de Energía. El período cubierto abarca desde 1990 hasta 2026.
Se declaran seis limitaciones principales. La primera es la dependencia de fuentes secundarias: no se realizaron levantamientos de campo ni análisis de laboratorio, y toda afirmación sobre el subsuelo venezolano se apoya en documentación previa. La segunda es la opacidad informativa del sector minero venezolano, que impide verificar de manera independiente muchas de las cifras oficiales. La tercera es la naturaleza cambiante del marco legal: la Ley Orgánica de Minas de 2026 es reciente y su reglamentación aún no se ha publicado en su totalidad, por lo que cualquier análisis normativo debe considerarse provisional. La cuarta es la asimetría lingüística de las fuentes consultadas: predominan las publicaciones en español e inglés, con ausencia de fuentes en portugués y ruso que podrían aportar datos sobre Brasil y China. La quinta es el posible sesgo de selección derivado de la dependencia de fuentes periodísticas en secciones clave, particularmente la económica y la legal. La sexta es la naturaleza gremial de algunas estimaciones económicas citadas, que expresan la posición del sector empresarial y no una evaluación independiente. Estas limitaciones no invalidan el análisis, pero acotan su alcance: el artículo no pretende estimar reservas ni valorar yacimientos, sino evaluar el estado del conocimiento y las condiciones que mediarían entre un potencial geológico y un desarrollo industrial efectivo. El artículo no realiza imputaciones individuales ni señalamientos de responsabilidad penal o administrativa contra persona alguna.
3. Perspectiva geológica: el Escudo de Guayana y Cerro Impacto
Venezuela se sitúa en el extremo occidental del Escudo de Guayana, provincia geológica favorable para mineralizaciones de tierras raras. El USGS publicó en 1997 una evaluación de recursos minerales del Escudo de Guayana venezolano a escala 1:500.000, que constituye uno de los documentos cartográficos más completos disponibles sobre la región, aunque no equivale a una estimación de reservas en el sentido moderno (Schruben et al., 1997). El trabajo reproduce mapas originalmente publicados en 1993 y revisados durante 1993-1995, y no se identificó en las fuentes consultadas una actualización nacional comparable con campañas sistemáticas de exploración profunda.
El interés venezolano por estas mineralizaciones tiene una cronología discontinua. Las primeras anomalías se detectaron a comienzos de los años setenta en la zona de Cerro Impacto, en la frontera entre Bolívar y Amazonas, asociadas a torio, niobio y tantalio (OIEA, 2017; Schruben et al., 1997). Durante los años ochenta y noventa hubo estudios puntuales, pero nunca se articuló un programa nacional de exploración sistemática (Descifrado, 2026). Las décadas siguientes estuvieron marcadas por la prioridad petrolera, la inestabilidad institucional y la ausencia de inversión en cartografía geológica moderna, cuya carencia sigue obstaculizando la evaluación del potencial real del país (Reuters, 2026). El resultado es que, medio siglo después del primer hallazgo, el país sigue sin una estimación certificada de recursos (USGS, 2026).
Venezuela no figura con una cifra de reservas de tierras raras reportada por el USGS en su edición más reciente del Mineral Commodity Summaries (USGS, 2026). Esta ausencia no equivale a una conclusión técnica de la agencia sobre la inexistencia de recursos, sino a la falta de datos certificados. Un factbox de Reuters publicado en septiembre de 2026 indica que el país no parece tener reservas considerables de tierras raras y que la confusión entre términos como reservas y recursos en documentos oficiales venezolanos dificulta determinar el potencial real (Reuters, 2026).
Especialistas venezolanos han señalado, en declaraciones recogidas por medios internacionales, que no existen datos confiables sobre el nivel de contenido de tierras raras en el país, ni sobre los métodos disponibles para medirlas y cuantificarlas (RIA Novosti, 2026).
Una tesis de la Universidad Central de Venezuela, defendida en 2013, identificó anomalías geoquímicas de itrio, zirconio y niobio en la cuenca del Alto Paragua, infiriendo potencialidad prospectiva para fases minerales portadoras de itrio, niobio y elementos de tierras raras (Linares Rodríguez, 2013). La investigación es exploratoria y no constituye una estimación de reservas ni una evaluación económica de depósito.
4. Perspectiva química y metalúrgica
4.1 Asociación mineral y desafíos de separación
La mineralización documentada en prospectos del Escudo de Guayana aparece asociada a torio, niobio y tantalio (Schruben et al., 1997). El torio es radiactivo, lo que obliga a protección radiológica, gestión de residuos y cumplimiento de las Normas Básicas Internacionales de Seguridad del Organismo Internacional de Energía Atómica, en particular las disposiciones de la serie GSR Part 3 sobre protección radiológica y seguridad de las fuentes de radiación (OIEA, 2014). Un estudio publicado en Minerals revisa los métodos existentes para la remoción de radionúclidos en el procesamiento de tierras raras, señalando desafíos como alto consumo de reactivos y selectividad limitada (Mends & Chu, 2025). La presencia de niobio y tantalio como coproductos podría mejorar la economía del proyecto, pero se trata de una hipótesis condicionada al conocimiento de concentración, mineralogía, recuperabilidad, precio y costos de separación. La química del yacimiento condiciona la viabilidad más que el titular periodístico.
4.2 El producto comercial: óxidos, no metales
Es necesario precisar que el producto del procesamiento primario no son los metales elementales, sino concentrados minerales, carbonatos mixtos u óxidos de tierras raras según la ruta tecnológica adoptada. El mercado internacional cotiza los precios en distintas unidades y grados de producto (por kilogramo o por tonelada, según el óxido y el mercado). La conversión a metal constituye un paso posterior, solo justificado cuando el destino final es la fabricación de aleaciones o imanes. Las estimaciones de toneladas de tierras raras en el subsuelo deben interpretarse, por tanto, como contenido equivalente en óxidos dentro de un mineral no procesado, no como metal disponible. La brecha entre un yacimiento con contenido de óxidos y un producto comercial de alta pureza es considerable.
4.3 La reducción de óxido a metal
La separación de los óxidos individuales no es el final de la cadena. Para fabricar imanes, el óxido debe reducirse a metal mediante dos rutas principales. La primera es la electrólisis de sales fundidas; determinadas rutas de electrólisis de fluoruros pueden generar perfluorocarbonos con potencial de calentamiento global (PCG) muy superior al del dióxido de carbono bajo condiciones específicas de operación, según documenta la literatura sobre emisiones en electrólisis de fluoruros fundidos (Cvetković et al., 2025). La segunda es la reducción metalotérmica, que emplea calcio o magnesio como agentes reductores. Ambos procesos son intensivos en energía y requieren manejo de materiales corrosivos. La conversión de óxido a metal añade una capa de complejidad que se suma a la ya difícil etapa de separación.
5. Perspectiva de ingeniería de procesos: limitaciones en la cadena de valor
La cadena que va del mineral al imán comprende minería, concentración, procesamiento químico y separación, obtención de metales y aleaciones, y fabricación de imanes. En Venezuela no existe explotación industrial de tierras raras; la actividad del Arco Minero se centra en oro, diamante y coltán. En el plano global, China controla aproximadamente el 91% de la capacidad de refinación de tierras raras magnéticas y cerca del 94% de la fabricación de imanes permanentes, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, 2025). Brasil, que figura con 21 millones de toneladas de reservas en el Mineral Commodity Summaries 2026, registró una producción de 2000 toneladas en 2025, ilustrando que las reservas no se traducen automáticamente en producción (USGS, 2026).
La comparación regional refuerza esta observación. Argentina y Chile tienen indicios de tierras raras asociados a depósitos de litio y a complejos alcalinos, pero ninguno ha desarrollado capacidad de separación. Perú carece de reservas significativas. Brasil es el único país sudamericano que figura con reservas cuantificadas en el MCS 2026 y, aun así, su producción sigue siendo marginal en el contexto global. La región, en su conjunto, exporta minerales sin procesar y compite por atraer inversión en un mercado donde productores consolidados como China y Australia llevan décadas de ventaja.
Una alternativa parcial a la minería primaria es el reciclaje de imanes al final de su vida útil. Revisiones arbitradas sobre economía circular de tierras raras documentan que el reciclaje puede reducir la demanda de mineral virgen en el mediano plazo, aunque su escalamiento industrial enfrenta obstáculos logísticos y económicos similares a los de la minería primaria (Binnemans et al., 2013). Para un país que aspira a desarrollar capacidades industriales, el reciclaje merece consideración como componente de una estrategia integral, no como sustituto de la minería.
6. Perspectiva económica
Las cifras que circulan en prensa sobre 300000 toneladas y 200000 millones de dólares en tierras raras venezolanas provienen de estimaciones gubernamentales citadas por medios internacionales (Reuters, 2026). Se basan en precios spot de óxidos de alta pureza aplicados a estimaciones de contenido total en roca, sin considerar rendimientos metalúrgicos, pérdidas de separación ni costos de conversión.
Adicionalmente, existe una estimación de aproximadamente 324000 toneladas de torio asociada a asociaciones REE-Nb-Ba-Th en Cerro Impacto (UNECE, 2019; OIEA, 2017), lo que hace particularmente importante distinguir entre toneladas de torio y toneladas de tierras raras en cualquier comunicación pública.
Reuters aclara que esas cifras son estimaciones gubernamentales, no reservas certificadas. Y el propio factbox usa el término "no parece tener reservas considerables", no una negación categórica. Eso refuerza el argumento central: hay indicios, pero no certificación.
La carga fiscal total para proyectos mineros en Venezuela, según estimaciones gremiales difundidas por medios venezolanos, podría superar el 50%, por encima del promedio latinoamericano del 35%-40% (Descifrado, 2026). Se trata de una estimación de parte interesada que requeriría contraste con datos de organismos multilaterales. A esto se suma que el ciclo minero es típicamente más largo que el desarrollo petrolero: pueden pasar décadas desde el descubrimiento hasta la producción (Reuters, 2026).
7. Perspectiva ecológica
La zona de interés se ubica en selva sobre el Escudo de Guayana, con alta biodiversidad y ecosistemas frágiles. La minería de tierras raras en ambientes tropicales plantea riesgos específicos: deforestación, alteración de la hidrología, sedimentación de cursos de agua, drenaje ácido de minas y potencial lixiviación de metales pesados. En el procesamiento de tierras raras, el manejo de torio genera residuos radiactivos cuyos desafíos de gestión, tratamiento y disposición segura están documentados en la literatura técnica, incluso en instalaciones industriales formales (Mends & Chu, 2025). Investigaciones sobre la cadena de valor identifican además riesgos relacionados con uso de agua, uso de suelo, cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad (ISS STOXX, 2025). La magnitud de estos impactos dependería del método de explotación, del tipo de mineralización, de la tecnología de procesamiento y de la capacidad regulatoria efectiva del Estado.
8. Perspectiva sociológica: zonas de sacrificio y derechos indígenas
La literatura reciente conceptualiza determinadas fronteras extractivas de minerales críticos como zonas de sacrificio de la transición energética: espacios donde comunidades marginadas asumen desproporcionadamente los costos sociales y ambientales de la descarbonización global (Meehan et al., 2025). En el caso documentado de Myanmar, aunque la minería de tierras raras genera ingresos significativos de exportación, las comunidades locales que sufren la degradación ambiental reciben poca o ninguna compensación directa, mientras actores armados no estatales y empresas concentran las ganancias (Meehan et al., 2025).
El caso de Per Geijer en Suecia ilustra el conflicto entre objetivos de seguridad económica europea y derechos del pueblo Sami, con un informe del Stockholm Environment Institute señalando que el proyecto conlleva un riesgo significativo de violar los derechos indígenas, según reporta Reuters (2026). En Malasia, Greenpeace señala que el consentimiento frecuentemente no se obtiene y las consultas resultan no significativas y no inclusivas en proyectos que afectan a comunidades Orang Asli (Greenpeace Malaysia, 2025).
La dimensión de género merece mención aparte. La literatura sobre minería y género documenta que las mujeres en zonas extractivas enfrentan impactos diferenciados: mayor carga de trabajo doméstico y de cuidado cuando el agua y los suelos se contaminan, exclusión de los espacios de decisión comunitaria, y riesgos específicos en contextos de boom minero (Jenkins, 2014). Estudios posteriores han ampliado esta agenda en América Latina y África. Estos patrones son relevantes para evaluar cualquier proyecto extractivo en zonas rurales e indígenas.
Venezuela no ha suscrito el Acuerdo de Escazú, tratado regional que vincula derechos humanos y medio ambiente e incorpora protección para defensores ambientales. Organizaciones de derechos humanos documentan que pueblos indígenas venezolanos exigen la demarcación de sus territorios y la consulta previa como mecanismo de protección (Calles, 2024). La ausencia de mecanismos efectivos de consulta previa, sumada a la presencia de actores armados no estatales en zonas mineras, configura un escenario de riesgo social elevado para cualquier proyecto extractivo, según documenta la literatura sobre gobernanza minera en contextos de institucionalidad débil.
9. Marco legal e institucional
La Ley Orgánica de Minas fue sancionada por la Asamblea Nacional el 9 de abril de 2026 y publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria N.º 7.020 del 16 de abril de 2026. Declara los minerales estratégicos —incluidas las tierras raras— como de elevado interés económico y esenciales para la industria energética, la seguridad y defensa, la medicina y salud, la industria agroalimentaria, la construcción, el transporte automotriz y la informática. En su articulado establece la creación del Instituto Nacional de Geología y Minería, responsable de identificar, cuantificar y certificar recursos minerales, y del Banco Nacional del Dato Geo-científico-minero, repositorio centralizado de información geológica. El artículo 98 contempla específicamente minerales críticos y tierras raras, y permite un régimen especial tributario que incluye hasta un 5% de impuesto sobre exportaciones provenientes de procesos primarios o conexos de estos minerales. El gobierno ha señalado que la norma busca aumentar las garantías jurídicas para atraer inversión nacional e internacional (The New York Times, 2026).
La Cámara Minera de Venezuela observa con cautela la creación de nuevos entes reguladores por el riesgo de solapamiento de funciones con el ministerio rector y las empresas estatales, lo que podría generar discrecionalidad de funcionarios y ahuyentar la inversión extranjera (Descifrado, 2026). Se trata de una posición gremial que debe leerse como interpretación sectorial, no como evaluación independiente.
10. Recomendaciones
Las siguientes recomendaciones se plantean como ejercicio analítico, reconociendo que su aplicabilidad depende de condiciones institucionales y de gobernanza que hoy no están presentes.
En el plano macroeconómico, cualquier estrategia de desarrollo de tierras raras debería insertarse en una política minera integral que reconozca la distinción entre recursos y reservas, establezca estándares internacionales de reporte y garantice transparencia en la gestión de ingresos. La experiencia comparada sugiere que los países que han desarrollado cadenas de valor exitosas, como Australia y Canadá, combinaron regímenes fiscales competitivos con instituciones regulatorias fuertes y estabilidad jurídica de largo plazo. Para el caso venezolano, la prioridad no es crear nuevas instituciones, sino poner en funcionamiento efectivo las que la Ley Orgánica de Minas de 2026 ya mandata: el Instituto Nacional de Geología y Minería y el Banco Nacional del Dato Geo-científico-minero. Tres acciones concretas serían prioritarias: primero, asignar presupuesto y designar autoridades para ambas instituciones en un plazo definido; segundo, suscribir convenios de cooperación técnica multilateral, por ejemplo a través de organismos regionales o de Naciones Unidas, para capacitación y transferencia metodológica en cartografía geológica, procesamiento y protección radiológica; y tercero, establecer un fondo de exploración financiado con regalías mineras presentes, no con deuda externa, para evitar el sobreendeudamiento.
En prospección, la prioridad inmediata es actualizar la cartografía geológica del Escudo de Guayana con levantamientos modernos. La evaluación del Servicio Geológico de los Estados Unidos de 1997 (Schruben et al., 1997) constituye un punto de partida, pero requiere validación con campañas de perforación y análisis geoquímicos sistemáticos. Un programa realista debería contemplar tres fases en un horizonte de diez años: cartografía regional en los primeros tres, exploración de detalle en los siguientes cuatro, y certificación de recursos conforme a estándares internacionales reconocidos en los últimos tres.
En implementación, un programa realista requeriría fases secuenciales: primero, exploración y certificación de recursos; segundo, estudios de factibilidad técnica y económica; tercero, desarrollo de infraestructura básica de energía, agua y vías; cuarto, construcción de capacidad de separación y refinación; y finalmente, integración con la fabricación de imanes. El horizonte de exploración puede ser de diez años; el desarrollo de una operación minera y de una cadena de separación y fabricación es un proceso de varias décadas. Los riesgos específicos de implementación se derivan de la evidencia presentada en secciones anteriores: la ausencia de mecanismos efectivos de consulta previa podría incrementar el riesgo de conflicto social; la presencia de actores armados no estatales en zonas mineras podría favorecer la corrupción y el control territorial paralelo; la volatilidad de los precios internacionales podría tornar inviable un proyecto entre la fase de factibilidad y la de construcción; y la captura regulatoria por intereses privados es un riesgo recurrente en contextos donde las instituciones reguladoras aún no están consolidadas.
En explotación, los estándares ambientales y sociales deben ser condición de viabilidad, no un añadido posterior. La experiencia internacional demuestra que los residuos radiactivos asociados al torio pueden convertirse en un obstáculo operativo incluso para empresas formales. La ausencia de mecanismos efectivos de consulta previa y la presencia de actores armados no estatales en zonas mineras configuran riesgos que cualquier evaluación seria debería considerar.
11. Conclusiones
Los indicios geológicos del Escudo de Guayana son sugestivos, pero no constituyen reservas certificadas. El documento cartográfico más completo disponible sobre la región data de 1997 (Schruben et al., 1997) y no se identificó una actualización nacional comparable con campañas sistemáticas de exploración profunda. La asociación de la mineralización con torio, niobio y tantalio condiciona la viabilidad técnica y económica de cualquier proyecto, y la cadena de valor que va del mineral al imán es prácticamente inexistente en el país. El Servicio Geológico de los Estados Unidos no reporta a Venezuela con reservas cuantificadas de tierras raras (USGS, 2026).
Recurso, reserva y producción son categorías distintas que no deben confundirse. Brasil tiene reservas cuantificadas y produce una fracción mínima de su potencial; Venezuela no figura con reservas certificadas ni con producción. La distancia entre ambas situaciones no se cierra con voluntad política, sino con décadas de inversión sostenida. Las cifras que circulan en prensa confunden contenido en roca con metal disponible, y la carga fiscal es percibida por el sector empresarial como disuasiva, aunque se trata de una estimación gremial que requeriría contraste independiente.
China domina el mercado no solo por sus reservas, sino por su integración vertical en refinación y fabricación de imanes. Un país que solo extrae mineral captura una fracción reducida del valor de la cadena; un país que refina y fabrica captura una porción mayor. La comparación regional lo ilustra: Argentina, Chile y Perú tienen indicios o producción incipiente, pero ninguno ha desarrollado capacidad de separación; Brasil tiene reservas, pero su producción es marginal.
Sin gobernanza ambiental, el desarrollo puede convertirse en daño. La transición energética puede producir zonas de sacrificio, y los derechos indígenas, la consulta previa y la dimensión de género no son opcionales. Venezuela no ha suscrito el Acuerdo de Escazú, y la ausencia de mecanismos efectivos de consulta previa, sumada a la presencia de actores armados no estatales en zonas mineras, configura un escenario de riesgo social elevado para cualquier proyecto extractivo.
La lección principal, para Venezuela y para cualquier país con recursos no desarrollados, es que la riqueza mineral no es un destino, sino una posibilidad condicionada. Convertirla en desarrollo exige instituciones, conocimiento, paciencia y una decisión sostenida de no repetir los errores que otros ya cometieron.
Referencias. Bibliográficas
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Calles, Ó. (2024, 17 de octubre). Líderes indígenas alzan la voz. PROVEA. https://provea.org/actualidad/derechos-sociales/pueblos-indigenas/lideres-indigenas-alzan-la-voz/
Cvetković, V. S., Petrović, N. M., Prasakti, L., Feldhaus, D., Stopic, S. R., Friedrich, B., & Jovićević, J. N. (2025). Greenhouse gas emissions from molten fluoride electrolysis composed of raw and magnet recycling derived oxides: A comparative study. Materials, 18(1), 184. https://doi.org/10.3390/ma18010184
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Linares Rodríguez, A. (2013). Generación de mapas geoquímicos para la prospección de depósitos minerales mediante el análisis de los elementos K, Ca, Ti, Cr, Mn, Fe, Cu, Zn, Rb, Y, Zr, Nb y Sr en la fracción fina de los sedimentos de corriente de la cuenca del Alto Paragua, Edo. Bolívar, Venezuela [Tesis de pregrado, Universidad Central de Venezuela].
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Schruben, P. G., Wynn, J. C., Gray, F., Cox, D. P., Stewart, J. H., & Brooks, W. E. (1997). Geology and mineral resource assessment of the Venezuelan Guayana Shield at 1:500,000 scale (USGS Digital Data Series DDS-46). U.S. Geological Survey. https://doi.org/10.3133/ds46
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Anexo
Otros significados de la expresión "tierras raras"
La expresión "tierras raras" no pertenece en exclusiva al vocabulario de la química y la geología. A lo largo del siglo XX, y todavía hoy, ha sido utilizada en contextos muy distintos, desde la música popular hasta la astrofísica. Este anexo recoge tres de esos usos, como recordatorio de que las palabras viajan y adquieren significados inesperados.
A.1. Una banda de rock que tomó prestado un término químico
A finales de los años sesenta, un grupo de Detroit que se hacía llamar The Sunliners cambió su nombre a Rare Earth. La historia del cambio es curiosa: Motown Records, el sello discográfico afroamericano por excelencia, decidió crear una división para artistas blancos y no tenía nombre para ella. Los músicos sugirieron, medio en broma, que la llamaran "Rare Earth". Motown aceptó. La banda quedó así bautizada con el mismo nombre que el sello, y se convirtió en el primer grupo blanco firmado por Motown que alcanzó éxito comercial sostenido.
Rare Earth practicaba una fusión de rock, soul y funk que encajaba bien con el sonido de la Motown de la época. Su mayor éxito fue una versión extendida de "Get Ready", original de The Temptations, que llegó al número 4 de las listas estadounidenses en 1970, superando el desempeño de la versión original. Otros temas destacados fueron "(I Know) I'm Losing You" y "I Just Want to Celebrate", este último utilizado después en campañas publicitarias de Ford Motor Company. La banda se mantuvo activa, con formaciones cambiantes, hasta 2021.
A.2. Una hipótesis astrobiológica y de ciencia planetaria sobre la rareza de la Tierra
En el año 2000, el paleontólogo Peter Ward y el astrónomo Donald Brownlee publicaron un libro titulado Rare Earth: Why Complex Life Is Uncommon in the Universe. El título introdujo en el vocabulario científico la expresión "hipótesis de la Tierra rara" (Rare Earth hypothesis).
La hipótesis sostiene que la vida microbiana simple puede ser común en el universo, pero que la vida compleja —organismos multicelulares, animales, inteligencia— requiere una combinación de circunstancias astrofísicas y geológicas tan improbable que debe ser extremadamente rara. Ward y Brownlee enumeran condiciones como la ubicación del sistema solar en una región tranquila de la galaxia, la presencia de un planeta gigante como Júpiter que atenúa el bombardeo de asteroides, una Luna inusualmente grande que estabiliza el eje de rotación terrestre, placas tectónicas activas que regulan el clima a largo plazo, y un campo magnético que protege la atmósfera.
La hipótesis se presenta como una posible respuesta a la paradoja de Fermi: si la vida inteligente fuera común, ¿Por qué no hemos detectado señales de ella? La respuesta de Ward y Brownlee es que la vida compleja es tan rara que quizá seamos la única civilización tecnológica en la galaxia, o una de muy pocas.
El estado científico de la hipótesis es mixto. Los datos del telescopio Kepler y del James Webb han mostrado que los planetas rocosos en zonas habitables no son tan raros como se pensaba en 2000, lo que debilita la parte más fuerte de la hipótesis. Pero también han mostrado que mantener una atmósfera estable y un clima regulado durante miles de millones de años es más difícil de lo que se suponía, lo que refuerza otras partes del argumento. La hipótesis no está probada ni refutada, y sigue siendo objeto de debate en astrobiología.
A.3. Un uso coloquial
En el lenguaje cotidiano, "raro" designa lo poco frecuente, lo excepcional, lo que no encaja en la norma. La expresión "tierras raras" conserva algo de esa carga cuando se usa fuera del contexto químico: sugiere algo escaso y valioso. La ironía es que los elementos químicos llamados "raros" no son escasos en la corteza terrestre, sino difíciles de concentrar. Y la hipótesis astrobiológica llamada "Tierra rara" sostiene que nuestro planeta es excepcional precisamente por lo contrario: por haber concentrado, en un solo lugar, las condiciones que en el resto del universo parecen dispersas o ausentes.
En los tres casos, "raro" significa poco frecuente, no inexistente. Esa es, quizás, la lección que comparten la banda, la hipótesis y los elementos químicos de los lantánidos y otros pocos más.



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